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LA FELICIDAD ESTÁ EN LA CIUDAD PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 27/12/2016

JORGE BENAVIDES SOLÍS

La Ciudad Feliz, título del libro cuyo autor es Charles Montgomery, periodista canadiense, publicado hace tres años, ha tenido repercusión en el país más rico del mundo, donde predomina la ciudad residencial dispersa. Dicho en otras palabras, la felicidad está en la ciudad; pero, dependiendo de quién lo diga, puede ser afirmación, interrogación, duda o incluso utopía. En todo caso, según lo vivido, la felicidad aparece como una promesa a cumplirse después de la muerte, como una aspiración o como la explosión de un instante ubicuo. ¿La ciudad ha hecho posible esa aspiración? ¿En qué tipo y calidad de espacios urbanos es posible?

Para responder, el autor compara dentro de la ciudad asumida como unidad, aquella parte compacta (ocupación del suelo con alta densidad) y su opuesta, la dispersa. Piensa que en Estados Unidos, cuya población en 2050 aumentará 120 millones, "las masas seguirán necesitando suburbios". De forma similar, aunque por diferentes motivos, sucederá en todas las megaciudades (más de 15 millones de habitantes) del mundo: debido al abandono del campo y al alto índice de crecimiento demográfico, los slum (chabolas) seguirán extendiéndose sobre una enorme extensión de suelo en México DF y Calcuta, con frecuencia, alrededor de urbanizaciones compactas de alto nivel de vida (urbanizaciones cerradas) como sucede en Paraisópolis-Sao Paulo y en Karachi.

Resumido así el problema de la expansión física de las ciudades, su solución técnica, estaría en el ámbito del planeamiento a condición de que haga posible un entorno espacial propicio para una convivencia satisfactoria, antes que feliz, gracias a los estímulos necesarios que ahora la neurociencia está poniendo en evidencia. Hoy por hoy, no lo ha hecho. La ciudad contemporánea construida desde la última mitad del siglo pasado es fea e insegura. A nadie se le ocurre ir a pasear por las urbanizaciones de chalés o a los polígonos residenciales de última generación. En cambio, todos gozamos en los centros históricos habitados en Europa. Estimulan la sensación de bienestar y satisfacción. Su belleza emociona, su espacio compartido halaga los sentidos, hace posible el cruce de miradas, el calor humano, la sonrisa en los rostros, la alegría. O sea, todo lo contrario a lo que sucede en la ciudad de bloques aislados o chalés unifamiliares.

En suma, los resultados de varias investigaciones y la constatación directa evidencian que la ciudad dispersa es el entorno menos adecuado para disfrutar de una vida satisfactoria debido al aislamiento, la falta de equipamientos de proximidad, la inexistencia de espacios de convivencia, la coche-dependencia. En 2006, en uno de los diarios locales di a conocer los resultados de mi investigación: los aljarafeños que trabajan en Sevilla permanecen "autosecuestrados" 70 horas al mes o, lo que es igual, 35 días al año.

Hace 24 siglos, Aristóteles escribió que se construye la ciudad precisamente para hacer feliz al ser humano. En la declaración de Independencia de Estados Unidos (1796) se proclamaron tres derechos humanos inalienables: "La vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". En la Constitución del Brasil acaba de incluirse este último.

Richard Layard en La Felicidad: Lecciones de una nueva ciencia (2005) advierte que estará formada por otras ciencias y disciplinas ligadas a la psicología: neurología, sociología, filosofía y economía. Según una encuesta realizada (2008-2009) por Gallup entre 450.000 estadounidenses, a mayores ingresos, mayor era la sensación de felicidad. En 2011 el Centro de Salud y Bienestar de la Universidad de Princeton lo cuantificó: se necesita un ingreso anual mínimo de 60.000 dólares lo cual identifica a la clase media, ahora en acelerado proceso de disminución en todo el mundo, como única con opción a disfrutar de ello. Pero ésta sigue atada al desarrollo de la economía depredadora (opción política) de los recursos naturales no renovables, o sea insostenible, que impone el consumo de viviendas unifamiliares características de la ciudad de las 4D: dispersa, distinta, depredadora y despilfarradora.

Los libros referidos, haciendo honor a la tradición anglosajona, para analizar la realidad acuden a las estadísticas para cuantificarla y cualificarla. En EEUU hacerlo es fácil porque se publican estadísticas sobre todos los contenidos imaginables. A manera de ejemplo: "En los caminos suburbanos hay cuatro veces más muertes de tráfico que en las calles de ciudad, por cada caída del 10% en la densidad de población, la probabilidad de que las personas hablan con sus vecinos una vez por semana aumentó un 10%, las parejas de ciudades centrales son un 9% más probables de fracasar que las parejas de los suburbios, los barrios más densos son mejores para la salud física y mental".

Ahora no es posible construir como los centros históricos, pero el Planeamiento debe enriquecerse con nuevos contenidos. Los neurocientíficos advierten que las señales ambientales desencadenan respuestas inmediatas en el cerebro. "Al moverse en un espacio, el hipocampo (almacén de la memoria del cerebro), envía mensajes a los centros de miedo, placer y recompensa".

La ciudad compacta y bella es el entorno que hace agradable la vida.

 
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