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ENTRE LA ZONA AZUL Y EL MAR ROJO PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 27/1/2017

FRANCISCO CORREAL

Cuando Manuel Penella estrenó en 1917, hace ahora un siglo, la ópera El gato montés en el Teatro Principal de Valencia fue sacado a hombros como un torero. Algo parecido debían haber hecho los sevillanos con el nieto del compositor, el ingeniero de caminos Mariano Palancar Penella (Madrid, 1924) cuando libró a la ciudad de las inundaciones con la Corta de la Cartuja. Nada soberbio ni engreído, al terminar su obra, el ingeniero se emocionó y escribió un poema que suena a sevillana de Rafael del Estad: "Ay río Guadalquivir qué bien pareces / cuando besando Triana nos estremeces".

Fue salir de su casa Mariano Palancar y volver la lluvia a la ciudad. El Curso de Temas Sevillanos que dirige Antonio Bustos le dedicó ayer un merecido homenaje en el Círculo de Labradores al que acudió con su esposa, Luisa Sánchez, tres de sus hijos -Emma, José Luis y Mariano- y algunos de sus diez nietos.

Mariano Palancar Sánchez, ingeniero de caminos como su padre, glosó la impresionante trayectoria profesional de un hombre admirable. "Mi padre tiene ya 92 años y se encuentra en plena forma, salvo que no oye demasiado bien". Primo de las actrices Emma Penella, Terele Pávez y Elisa Montés, Palancar se merecería el Goya de la ingeniería. Sevilla es dada a acuñar tradiciones; el gran mérito de este ingeniero de caminos fue acabar con una de ellas. Según las cuentas de Francisco de Borja Palomo, entre 1297 y 1877 Sevilla padeció 89 grandes riadas. "Quince inundaciones cada siglo, una cada siete años", según las cuentas de su hijo. La década de los sesenta se inicia con la riada del Tamarguillo (noviembre de 1961) y acaba con el nombramiento en 1968 de Palancar como director de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. "Eran taifas, cada uno en su cubil. Y si una cuenca es algo es global", decía en entrevista a este periódico. Venía de dirigir la construcción de la presa del Porma. De norte a sur, el viaje de doña Berenguela y Fernando III. De León a Sevilla, que era ciudad inundable y ciudad inundada y gracias a la Corta de la Cartuja ya es sólo lo primero.

En tiempos del Mioceno, contó su hijo, las aguas del Mediterráneo se comunicaban con las del Atlántico. Como si la canción de Serrat sonara con la guitarra de Paco de Lucía, de Algeciras a Estambul sin metáforas. Romanos, visigodos y árabes se pusieron manos a la obra. El rey Leovigildo abrió un canal "de La Algaba hasta los terrenos más bajos del campo de Tablada". Los árabes conservan y mejoran esa canalización. "Los cristianos, menos cautos que los moros, descuidan el canal de la Vega", explicó este ingeniero. Se durmieron en los laureles de la fe y en 1297, dos décadas después de la Reconquista, se inicia la nómina de terribles inundaciones.

El centenario de El gato montés coincide con las bodas de plata de la Expo 92. No habría tal celebración ni Exposición Universal si la ciudad no recupera cuatrocientas hectáreas de suelo público gracias a este magno empeño de rectificar el curso del río para alejarlo de la ciudad. Con actuaciones como el levantamiento del ferrocarril de Torneo y del tapón de Chapina. Con venturosos efectos secundarios como la rehabilitación del monasterio de la Cartuja que acoge al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, vanguardia capicúa, y a la Universidad de Andalucía. Todo gracias al nieto del compositor, al primo de las actrices.

Siete siglos de inundaciones. La primera con fotografías de 1876. Con visitantes como Alfonso XIII viendo en barca los estragos de la riada de 1912. Riadas de Primo de Rivera, de la República y la guerra, la posguerra y el franquismo, periodo en el que se procede a canalizar al Guadaíra y domesticar al Tamarguillo. Para celebrar sus 92 años de fértil biografía, el guarismo del certamen que ayudó a celebrar con su timón de esclusas y meandros, Mariano Palancar escribió un libro, Diez temas básicos tratados con respeto, una antología de sentencias, algunas suyas, para ponderar todo aquello que siempre fue más importante que el dinero: el trabajo bien hecho, la responsabilidad, el servicio a la sociedad y el respeto a las personas.

La alcaldesa Soledad Becerril lo fichó en 1995 como concejal. Presidió Emasesa, Tussam e implantó la zona azul. Los que creían que había llegado al Ayuntamiento un viejo de 71 años se sorprenderían ayer ante un joven de 92, "docto y sin duda enjundioso" (Antonio Bustos).

 
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