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Mar

04

Abr

2017

LOS NARCOS ACORRALAN A LOS VECINOS QUE SE NIEGAN A ABANDONAR EL BARRIO PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 13/3/2017

SILVIA TUBIO

En una cuartilla, un mensaje anónimo desesperado llegaba a la redacción de ABC hace unos días: «Los traficantes de las 3.000 viviendas están comprando los pisos y se están haciendo con el barrio de Los Pajaritos. Los vecinos, obligados a marcharse. Ellos se hacen con bloques enteros y a callar».

El remitente también había dibujado un pequeño plano de los pisos ubicados entre las calles Gaviota y Tordo y marcaba con una x las viviendas que ya habían sido tomado por los narcos, 25 en total y todas situadas en la zona conocida popularmente como Los Amarillos, unos inmuebles propiedad del Ayuntamiento.

Fuentes de la Policía Nacional consultadas por ABC confirmaban íntegramente el contenido del texto anónimo. No es nuevo el problema de la droga en Los Pajaritos. La noticia está en esos vecinos que se resisten a abandonar el barrio donde llevan décadas viviendo y que piden ayuda, cansados de presenciar el deterioro progresivo de un barrio que el Instituto Nacional de Estadística ha colocado en el primer puesto de la zona más deprimida de España, con la renta per cápita más baja del país: 12.615 euros.

«Se están quedando con bloques enteros»
A pesar de la radiografía negativa, esos vecinos que conviven con la droga y sus consecuencias tienen una luz al final del túnel, la futura rehabilitación integral de su barrio. Una nueva oportunidad para Los Pajaritos de la que no son ajenos los narcotraficantes, que se están haciendo con viviendas llamadas al derribo pero que son también la llave de un piso nuevo.

La marginalidad y los trapicheos en este punto del distrito Cerro-Amate están a la vista de cualquiera. Con sólo pasear, con cuidado, por sus calles se observa a los aguadores que vigilan las esquinas por si llega la Policía. El continuo trasiego de toxicómanos que entran y salen de algunos portales delata la actividad que se esconde detrás de algunas puertas. Y en ese ambiente se ven obligados a convivir aquellos residentes que no han sucumbido a la tentación de la droga.

«Nuestra casa es como nuestra cárcel. No puedes salir de ella a determinadas horas porque tienes miedo de lo que te puedes encontrar en el rellano de la escalera», dice uno de esos vecinos que ruega mantener su anonimato. Está aterrorizado.

Un vecino estira las piernas en el pequeño balcón del piso
Un vecino estira las piernas en el pequeño balcón del piso- Juan José Úbeda
Hay bloques en Los Amarillos donde apenas quedan una o dos familias ajenas al negocio de la droga, donde ponerse de acuerdo para la limpieza de las zonas comunes o mantener ciertas normas de convivencia es tarea imposible. A eso se suma que muchos de esos inquilinos que le dan la espalda a los trapicheos son personas de avanzada edad, que llegaron en la década de los 60 a unas viviendas que hoy presentan graves problemas de habitabilidad. Es un problema social mayúsculo.

La Policía Nacional ha ejecutado varias redadas en los últimos meses en este punto de la ciudad, muy próximo a la cara A de Sevilla, al barrio de Nervión donde la situación socioeconómica es radicalmente distinta. Esas redadas, además de poner por unas horas el corazón de Los Pajaritos patas arriba, han servido para poco. Los puntos de venta de droga se reactivan rápido y los traficantes vuelven a recuperar el sitio sin demasiados problemas.

Preocupación policial
Las investigaciones de la Udyco también revelan además que la zona de Los Amarillos está siendo tomada por clanes de fuera, agravando un problema ya enquistado de narcotráfico. «Es probablemente el punto de la ciudad que más ha empeorado en los últimos tiempos», comentan fuentes policiales, que no ocultan su preocupación por el aumento de la inseguridad y de las consecuencias que acarrea el narcotráfico que se vive, se respira en las calles.

El último episodio se conocía este viernes. Una anciana de 75 años fue brutalmente agredida en su vivienda por un toxicómano a quien había ayudado en anteriores ocasiones. La pareja del detenido, también consumidora habitual, le había indicado a su novio donde la víctima guardaba el dinero. Un día antes la anciana le había comprado un queso y confiada había mostrado dónde guardaba el dinero.

La última sentencia dictada hace unos días condena a penas menores a cuatro traficantes que operaban en la calle Perdiz
Los narcotraficantes utilizan las viviendas sociales de Los Pajaritos como puntos de venta exclusivamente; lo que les obliga a abastecerse diariamente de la droga que viene de fuera, de las Tres Mil Viviendas o de Dos Hermanas. Por eso, cada vez que actúa la Policía Nacional en la calle Perdiz, Mirlo o Gavilán, con operativos que cierran por unas horas el barrio, sólo requisan pequeñas cantidades de sustancia estupefaciente que sólo garantizan penas menores para los traficantes si se llega a juicio.

El último caso se ha sentenciado hace unos días. Cuatro personas caían en una investigación del grupo III de la Udyco de Sevilla desarrollada en 2012. Casi cinco años después de las detenciones, la Justicia los ha condenado a penas que oscilan entre los 18 meses y los dos años. Ninguno pisará la cárcel por este asunto que estuvo al borde del archivo, confirman fuentes judiciales. Se trata de un matrimonio, la hermana de la esposa y un colaborador que vendían desde varias viviendas situadas en la calle Reina de los Cielos, en el Polígono Sur, y una tercera situada en el número 27 de la calle Perdiz. Todos son pisos sociales que controlan las dos mujeres condenadas.

Intervención social
El mercado de la droga de Los Pajaritos se asienta en un parque de viviendas sociales que están llamadas al derribo. En 2014 se tiraron dos manzanas y más de 60 vecinos fueron realojados temporalmente a unos pisos situados en la avenida de Andalucía. El delegado municipal de Cerro-Amate, Juan Manuel Flores, detalla que para 2018 se espera que los nuevos bloques estén ya edificados. «Ya se está trabajando en la demolición de otras dos manzanas y en el realojo de unas 100 familias. Esperamos que esta fase del plan de rehabilitación se inicie sin necesidad de que haya concluido la obra que se ejecuta ahora». El plan contempla el derribo de 524 viviendas y la sustitución por inmuebles nuevos.

«De nada sirve invertir en rehabilitar un barrio para después olvidarlo y dejar que se degrade de nuevo»
Delegado municipal Cerro-Amate, Juan Manuel Flores
Hay vecinos que ya no han aguantado más, han puesto en venta su vivienda aunque carezcan de escrituras y sus casas han acabado en manos de traficantes que las han reconvertido en punto de venta de droga. Unos inmuebles que se transforman en pequeños búnkeres para dificultar el acceso de la Policía cuando hay redada.


El delegado municipal reconoce sin tapujos la realidad que denuncian los vecinos de Los Pajaritos y ese mercadeo ilegal de viviendas públicas. Por eso insiste que el problema de Los Pajaritos «se debe abordar no sólo con la intervención urbanística, sino también social. De nada sirve invertir en rehabilitar un barrio para después olvidarlo y dejar que se degrade de nuevo. Sencillamente Sevilla no puede permitírselo. Se debe trabajar con las familias para instaurar derechos y deberes, mantener unos niveles de convivencia y mostrarles líneas de apoyo». Flores ve en el precedente del Nuevo Amante un buen espejo.

Sobre el mercado ilegal de viviendas, el delegado municipal asegura que se va a estudiar al detalle las familias que ocuparán los nuevos bloques, prestando «especial atención» a los vecinos que llevan décadas en el barrio y filtrando a los que han accedido recientemente a esas viviendas de manera ilegal «y que las utilizan para otros fines». El objetivo: evitar perpetuar la marginalidad.

 
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