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2017

GAMBERROS TODO EL AÑO PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 20/4/2017

ISMAEL YEBRA

 

No seré yo quien pretenda enmendarle la plana a los profesionales de la seguridad y el mantenimiento del orden público, pero como vivimos en una sociedad en la que todo el mundo opina, por qué no voy a hacerlo yo. Lo que lleva varios años ocurriendo en la Madrugá no es más que lo que sucede casi todos los fines de semana, solo que con el amplificador de la fiesta en la calle, aún más si ésta es religiosa. Los niñatos y gamberros tienen tomada buena parte de la ciudad desde la medianoche al amanecer al menos tres o cuatro días a la semana. Basta pasarse por la cuesta del Rosario, Pérez Galdós, el Arenal, por citar algunas zonas emblemáticas para comprobar que la consumición de bebidas alcohólicas en la calle, la apertura de establecimientos hasta altas horas de la madrugada, algunos hasta el amanecer, no es un hecho aislado. La policía se limita a aparcar su coche en lugar visible y da la impresión de que se van tan pronto como el ciudadano normal se acuesta y deja de verles. Con dejarse ver parece ser que han cumplido.

Lo mismo se puede decir de la llamada guerra de los veladores. Son muchos los establecimientos que sacan a la calle el doble o el triple de los autorizados. ¿Qué problema hay entonces con que retires los que están de más? Muy simple. Que las autoridades llevan meses y meses haciendo la vista gorda, hasta que un buen día se le cruzan los cables y ese día aplican la normativa a rajatabla y se lo llevan todo por delante. Además de forma aleatoria. Usted puede tener la mala suerte de que la caiga encima el peso de la ley, pero al de al lado, que la incumple más que usted y de manera sistemática, nunca le pasa nada. Misterios que tiene la vida.

Los gamberros y los que vulneran las normas están subidos. Y lo están porque saben que gozan de total impunidad, que el juego de saltarse las normas le dan un plus de adrenalina que su existencia llena de vulgaridad no les proporciona y figuran como héroes entre sus amiguetes. Lo mismo ocurre con los establecimientos en los que la ilegalidad es permanente dentro y fuera del local y, curiosamente, nunca se les sanciona. Más misterios que tiene la vida. Los que cumplen los horarios, el espacio destinado a la ocupación de la vía pública y no permiten consumir alcohol fuera del local, deben sentirse gilipollas. Perdón por la palabra, pero es la más apropiada y, además, viene en el diccionario.

 
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