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May

2017

EXPO 92: UN BALANCE AGRIDULCE PDF Imprimir E-mail

DIAIRO DE SEVILLA / 20/4/2017

Hoy se cumplen 25 años de la inauguración de uno de los acontecimientos más importantes de la historia reciente de Sevilla: la Expo 92, creada para conmemorar el V Centenario del Descubrimiento de América, pero cuya última intención era mostrar al mundo el dinamismo de la nueva España democrática precisamente en una de sus regiones históricamente atrasadas. Negar la importancia que para la ciudad tuvo dicho acontecimiento no sólo sería un imperdonable acto de cicatería histórica, sino sobre todo un atentado contra la verdad. Al igual que pasó con la Exposición Iberoamericana de 1929, se puede decir con rotundidad que para Sevilla hay un antes y un después de la Expo 92. La transformación de la ciudad fue profunda: se construyeron infraestructuras de transportes de gran importancia (Santa Justa, ampliación de San Pablo...), se levantaron nuevos e imponentes puentes (Centenario, Alamillo, Barqueta...), se conectó a la ciudad con Madrid por AVE, se abrieron nuevas y modernas avenidas, se restauraron monumentos y se crearon nuevos teatros, se recuperó la isla de la Cartuja, y un largo etcétera. La lluvia de millones de inversión pública fue generosa y, de alguna manera, el Estado pagó la deuda histórica que mantenía con la capital andaluza. Además, los beneficios no sólo fueron materiales. Se puede decir que los sevillanos recibieron un auténtico baño de modernidad propiciado por la convivencia con los miles de extranjeros que vivieron o viajaron durante aquellos meses a la ciudad, así como por el desembarco de todo tipo de espectáculos, gastronomías, costumbres, etcétera, de corte internacional. Sin exagerar, las costumbres y gustos de los sevillanos se hicieron algo más cosmopolitas.

Sin embargo, 25 años después da la sensación de que Sevilla no supo aprovechar del todo aquella gran plataforma que fue la Expo 92. El hecho es que hoy sigue siendo una ciudad cuyo peso demográfico en España no se corresponde con su peso político y económico y son muchas las inercias negativas (paro, falta de emprendimiento, conservadurismo social, etcétera) que permanecen. Las modernas infraestructuras de la Expo son hoy insuficientes y volvemos a tener grandes problemas de movilidad debido a la eternización de la construcción de la SE-40 o la ausencia de una red amplia de metro. El propio balance de lo realizado en la Isla de la Cartuja es contradictorio: por una parte, se han aprovechado en gran medida los pabellones que permanecieron o se han construido otros nuevos donde se han instalado prestigiosas empresas e instituciones científicas y culturales, pero a estas alturas todavía no la hemos conseguido integrar armónicamente en la ciudad. 25 años después, el balance no puede ser más que agridulce.

 
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