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May

2017

LA DESTRUCCIÓN DE CASA VARELA PDF Imprimir E-mail

CORREO DE ANDALUCÍA / 2/2/2017

ÁLVARO ROMERO

 

El derribo de otro de los escasos inmuebles con valor patrimonial que quedaba en Los Palacios y Villafranca, la casa de la familia Valera, en la calle Real, ha zamarreado las conciencias de quienes aún conservan cierta sensibilidad cultural en el pueblo hasta el punto de que su denuncia pública ha llevado al alcalde, Juan Manuel Valle (IU), a afirmar que el actual Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), de 2008, necesita «una modificación» para «ampliar la relación de bienes catalogados e incluso cambiarles a algunos la clasificación para reforzarlas».

La reflexión del alcalde llega tarde para el inmueble en cuyo solar se situara durante buena parte del siglo XVIII el mercado del trueque, en aquella época también llamado Casa del Truco, como recoge el cronista de la villa, Antonio Cruzado, en una de sus publicaciones más populares, Callejero histórico de Los Palacios y Villafranca, de 1996. De la casa en cuestión, que llevaba en manos de la familia casi dos siglos, ya no queda piedra sobre piedra, después de que la picota terminara también con su fachada esta semana. No ha habido impedimento legal alguno para que eso ocurriera puesto que al inmueble no lo amparaba ningún tipo de protección en el PGOU, como han descubierto sorprendidos personalidades de la cultural local como el historiador Fernando Bejines, uno de los integrantes de la Plataforma para la Protección de la Hacienda Mejorada Baja, que reconocía que «aunque el derribo sea legal, no deja de ser una vergüenza, un bochorno».

Otros agentes de la cultura local también le presuponían cierto grado de protección al inmueble, que tiene detrás una peculiar historia vinculada al municipio y que recogía Cruzado en su libro. Al parecer, aquella Casa del Truco fue comprada por Miguel Muñiz de Guevara al propio Rey, a cuya hacienda pertenecía como Bienes de Capellanías. Muñiz y su esposa, Francisca Muñiz de Orellana, no tuvieron descendencia. De modo que, como se estilaba entre ciertas clases ilustradas de la época –como fue el caso de Juan José Baquero, cuya fundación legó un colegio para el pueblo–, idearon en su testamento –de 1797– una fundación para que precisamente en la casa que se derribó esta semana se estableciera un hospital cuyo gobierno se encargaba a la Congregación de San Ambrosio, de Morón de la Frontera. Además, la casa –que daba a dos calles, haciendo una L– sería sede de una Cátedra de Gramática, destinada a los vecinos de la entonces Villafranca de la Marisma, todavía separada de Los Palacios (no se unirían hasta 1836). La casa se situaba casi en el límite de los dos términos y, en ella, el rico matrimonio Muñiz inició las obras de una capilla, consagrada al Arcángel San Miguel y donde se pretendía dar culto «a la imagen de Nuestra Señora de los Remedios», la Virgen más popular del pueblo, que mucho antes de entonces y hasta hoy continúa en la capilla de San Sebastián.

Todo aquel sueño se diluyó con la aparición de una heredera inesperada: la única sobrina del matrimonio, Micaela Muñiz, en quien recayó toda la fortuna que, seis años antes, iba a ser para el pueblo. La casa, sin embargo, conservó los anchísimos muros, las trazas dieciochescas, el tejado a dos aguas, la alta fachada y arcos para hornacinas y altares luego transmutados en huecos de un precioso patio.

«El inmueble no estaba incluido en el catálogo de edificios protegidos, ni en el del PGOU de 2008 ni en el anterior, de 1989, por lo que su desprotección no es fruto de ninguna descatalogación, sino de una omisión difícilmente justificable», se quejaba Bejines, quien ha sido citado por Valle para una reunión «constructiva» esta semana. «El edificio debería haber tenido consideración de, al menos, arquitectura singular, lo que habría evitado su derribo», sostiene.

El alcalde recuerda que «los informes técnicos» previos al último PGOU, el de 2008, «la proponían dentro de los bienes a catalogar y proteger, pero el Gobierno de entonces [PSOE] no la protegió ni urbanística ni culturalmente y desconozco el por qué».

«La enseñanza de este derribo es si el Ayuntamiento actual está dispuesto a evitar situaciones como esta, porque podríamos poner sobre la mesa los siguientes patrimonios en peligro, catalogados y no catalogados», advertía Bejines antes de tener su cita con el alcalde. Aparte de las iglesias, capillas y casas señoriales como la de la Cultura, la del Castillo o la de Doña Fausta, el PGOU protege varias haciendas de olivar a las que la catalogación está sirviendo de poco, como le ocurre a la de la Mejorada Baja, pues otras bien conservadas como Los Frailes de San Alberto o Tamarán lo están por el solo empeño de sus propietarios. El plan de 2008 también protege el inmueble de la Peña Bética Cultural, de principios del siglo XX, o la palmera de la Casa de la Juventud, que junto a la silueta de la iglesia Santa María la Blanca constituye un icono del municipio.

 
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