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2017

SEVILLA Y CERVANTES EL HOMENAJE QUE LA CIUDAD EN DIECINUEVE AZULEJOS CERVANTINOS PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 23/1/2017

P.GARCIA

Rafael Raya Rasero, de origen cordobés y sevillano de adopción, no dudó un solo instante en «aparcar» el proyecto literario en el que viene trabajando desde hace tres décadas para dotar a Andalucía de una «epopeya», cuando, a principios de 2016, se percató de la escasez de actos institucionales previstos en Sevilla con motivo del IV centenario de la muerte de Cervantes. Comenta que aquello fue para él como un «aguijón» que le impulsó a movilizarse motivado, además, por el hallazgo de un acta sobre el encargo que, a propuesta de José Gestoso, se hizo al pintor Gonzalo Bilbao para que realizara una copia, en lienzo y al óleo, de un retrato del autor del Quijote atribuido a Juan de Jáuregui y que pasó en 1916 al Ayuntamiento hispalense para que fuera expuesto «en días memorables» a la contemplación de los sevillanos. La localización de dicha obra en la sala San Fernando del Consistorio embarcó a Raya Rasero, a la sazón presidente de la asociación Club del Libro Puerta Carmona, en una aventura personal que se ha visto materializada en la publicación titulada «Sevilla en dos centenarios cervantinos 1916-2016». Porque el autor no sólo consiguió que el pleno municipal aprobara en febrero del año pasado una iniciativa, nacida al amparo de su asociación y presentada por el Partido Popular, para que el cuadro se expusiera durante unos días de abril en el Ayuntamiento, sino que, a su vez, el corpus documental que fue recopilando le hizo seguir profundizando en la distinta forma en que la ciudad ha concebido en el tiempo ambas efemérides.

Los 25 azulejos colocados en 1916, de los que seis han desaparecido, costaron 1.450 pesetas y fueron pagados por el Ayuntamiento
La Real Academia Sevillana de Buenas Letras, el Archivo Municipal, el Ateneo y la Biblioteca Colombina han sido las principales fuentes de las que se ha nutrido su investigación, que le ha permitido reunir más de un centenar de documentos de carácter ya histórico, además de distinto material informativo. Así, y sin pretenderlo, Raya Rasero se ha convertido prácticamente en «cronista oficioso» del IV centenario cervantino, en el que «han sido entidades, asociaciones y, en general, la sociedad civil la que ha promovido el mayor número de iniciativas en memoria de Miguel de Cervantes, a diferencia —dice— de 1916, año en el que las instituciones culturales sevillanas tuvieron el protagonismo y, sobre todo, el Ayuntamiento como principal agente patrocinador de la junta provincial creada en 1915 para conmemorar el tricentenario del escritor».

Fueron José Gestoso y Luis Montoto quienes encabezaron dicha junta, de cuyo impulso, además del cuadro presente en el Ayuntamiento, Sevilla aún conserva un singular legado: diecinueve azulejos localizados en distintos puntos de la ciudad. La historia de estas lápidas constituye, sin duda, uno de los capítulos más amplios y documentados del libro, en el que también se desvelan detalles inéditos o poco conocidos sobre estas piezas de cerámica, «el mayor homenaje nunca dado en el mundo a un autor y que son una muestra de agradecimiento hacia su figura», subraya Rafael Raya.

Gestoso, del que este año se cumple el centenario de su muerte, fue quien, en noviembre de 1916, elevó al Ayuntamiento de la época la solicitud para iniciar la instalación de 25 lápidas conmemorativas del tricentenario, con objeto de difundir la relación literaria entre la ciudad y la obra del creador del Quijote. En mayo del mismo año ya se había colocado una primera, hoy desaparecida, en el entorno de la Puerta de Jerez y costeada por la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. El autor destaca «la pompa» que rodeó al acto público de descubrimiento de aquel azulejo, «con asistencia de numerosas personalidades de la ciudad vestidas de gala y también de una banda de música». Gran expectación suscitó igualmente la instalación de la posterior veintena de lápidas conmemorativas, sobre todo entre los propietarios de los inmuebles seleccionados para su ubicación, que respondieron de forma entusiasta al llamamiento que realizó el alcalde pidiéndoles la autorización pertinente.

De la Fábrica de Mensaque
De esos veinticinco azulejos sólo han llegado diecinueve hasta el momento presente —algunos en lugares distintos a los originarios— tras la pérdida de los que se emplazaron en su día en la Aduana, Monsalves, capilla de San Hermenegildo, Alfalfa, Castelar y plaza Calderón de la Barca.

Raya Rasero precisa que la obra cervantina que más se cita en todos estos azulejos es «Rinconete y Cortadillo», toda vez que Luis Montoto, «autor de los textos, se valió para escribirlos de las notas del prólogo publicado por Rodríguez Marín en un estudio sobre esta novela». El autor ha podido constatar, además, que el coste exacto de las veinticinco lápidas fue de mil pesetas de la época, aunque el Ayuntamiento no sólo corrió con este gasto, sino también con el del proyecto de colocación realizado por el arquitecto municipal Juan Talavera, que ascendía a 450 pesetas, 18 por azulejo. En total, 1.450 pesetas, una inversión que Raya considera «afortunada y bastante elevada, teniendo en cuenta que entonces el salario de un obrero era de 2 pesetas». Estos paneles cerámicos fueron realizados en la Fábrica trianera de Mensaque, mediante la técnica de la cuerda seca, figurando en algunos de ellos la firma abreviada del ceramista José Recio del Rivero.

«Sevilla en dos centenarios cervantinos 1916-2016» cuenta con prólogo de Rogelio Reyes Cano e incluye, entre su variado contenido documental, el informe técnico sobre la restauración de los azulejos cervantinos llevada a cabo el año pasado, con el cual se pone punto y final a esta crónica a caballo de dos efemérides.

 
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