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2017

EL AÑO QUE ESPAÑA SORPRENDIÓ AL MUNDO PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 16/4/2017

MANUEL CONTRERAS

Pocas veces en la historia de España dos eventos puntuales han justificado transformaciones urbanas tan importantes como las que sufrieron Sevilla y Barcelona en 1992. El año del quinto centenario del Descubrimiento de América permitió ofrecer al mundo la imagen de una España moderna y desarrollada en los escaparates de la Exposición Universal y los Juegos Olímpicos (habría que sumar la Capitalidad Cultural de Madrid). España se puso de moda. El primer paso en la trayectoria de estos meses mágicos se dio el 20 de abril en la Isla de la Cartuja de Sevilla, cuando el Rey de España inauguró la muestra universal. Un cuarto de siglo después, este es un repaso a las claves de aquel evento.

Infraestructuras
La Expo 92 transformó la fisonomía de Sevilla y dotó a Andalucía de los dos grandes ejes de comunicación que siguen hoy vertebrando la comunidad: la autovía A92 y el AVE. Bajo el paraguas de la muestra universal se invirtió 1,4 billones de pesetas. En Sevilla se destinaron 9.500 millones de pesetas a construir una nueva estación de tren, la de Santa Justa; 12.193 millones a modernizar el aeropuerto de San Pablo, bajo la dirección de Rafael Moneo; se gastaron 3.600 milllones en el dragado del estuario, se levantaron nueve nuevos puentes sobre el Guadalquivir y se construyó la autopista de circunvalación de la ciudad, la SE-30. Con todo, el principal logro fue la apertura de la ciudad al río.

Colaboración política
Una de las claves para el éxito de la Expo 92 fue la colaboración política, no solo entre las diferentes administraciones vinculadas al evento -el Gobierno y la Junta de Andalucía, con control socialista; el Ayuntamiento de Sevilla, gobernado por el Partido Andalucista con el apoyo del PP-, sino también en el contexto nacional. Las protestas contra la muestra universal quedaron reducidas a grupusculos radicales y el Ejecutivo de González no encontró apenas oposición parlamentaria al proyecto.

Apoyo internacional
La Exposición Universal de Sevilla logró contar con un gran respaldo internacional. Participaron 112 países (52 más de las previstas en el Plan Director), 24 organizaciones internacionales y numerosas empresas privadas, superando así a la exposición universal de Osaka (Japón). Muchos países legaron sus pabellones a la ciudad. En la isla de la Cartuja se construyeron 95 pabellones (400.000 metros cuadrados construidos), de los que 63 eran de países, 5 temáticos, 6 de empresas, 5 de organizaciones internacionales y 17 de comunidades autónomas españolas.

El mejor ejemplo de la alta consideración que los países participantes otorgaron a la cita en Sevilla es la relación de visitas: 37 miembros de familias reales, 43 jefes de Estado y 26 jefes de Gobierno pasaron por la Cartuja y saludaron a Curro, la mascota de la Expo. François Mitterand, Mihail Gorbachov -aclamado a gritos de «¡torero, torero! por el público sevillano-, Mario Soares, Fidel Castro, Lech Walesa o el presidente de la recién unida Alemania, Richard von Weizsäcker, estuvieron en la Expo. El domingo 16 de julio la Expo acogió a 17 jefes de estado hispanoamericanos en una cumbre histórica. La mayor decepción vino de Estados Unidos, que optó por una representación de menor rango diplomático, concretamente la esposa del vicepresidente Dan Quayle.

Las distintas casas reales también dieron una respuesta entusiasta a la cita, desplazando a Sevilla a una amplia nómina de monasarcas. Estuvieron en Sevilla Carlos de Inglaterra -a quien pudimos oir hablar con un sufrido español- y su entonces esposa, Diana; la reina Beatriz de Holanda, los reyes de Suecia y sus hijos, Margarita de Dinamarca, los reyes de Noruega, Naruhito, entonces príncipe heredero de Japón y a quien Sevilla ofreció una calurosa acogida (el día que acudió en agosto los termómetros alcanzaron los 45 grados), Carolina de Mónaco...

Gancho turístico
Las primeras semanas de la Expo 92 encendieron todas las alarmas. La imagen de las calles semidesiertas y la escasa actividad en los circuítos de operadores turísticos hacían temer un fracaso monumental. Sin embargo, a medida que Sevila comenzó a aparecer en los medios de comunicación la demanda turística se fue animando hasta lograr cifras históricas. Se registraron 41,8 millones de visitas al recinto, que atrajo a 15,5 millones de visitantes a la ciudad.

La media diaria fue de 237.583 personas. Se vendieron unos 300.000 pases de temporada, que valían 30.000 pesetas los de adulto y 15.000 los infantiles. Sevilla fue el principal destino turístico español de 1992, por encima de Benidorm, Mallorca o Torrevieja, que le siguieron en el ránking.

Las cuentas
El total de la inversión de la Sociedad Estatal Expo 92 en la isla de Cartuja fue de 130.009 millones de pesetas (casi 800 millones de euros), registrando finalmente un déficit acumulado de 222 millones, según datos del Tribunal de Cuentas del Estado. Los países participantes invirtieron en la Exposición Universal 600 millones de euros y 300 millones las empresas participantes. Los números de la Expo fueron objeto de una polémica auditoría por parte del Tribunal de Cuentas, quue no halló ninguna irregularidad, a pesar de que los resposables de la muestra tuvieron que declarar acusados de apropiación indebida y falsedad documental tras una denuncia de Ruiz Mateos. Ciertamente, la organización abusó de prácticas dudosas, como la adjudicación directa -uno de cada cinco contratos se adjudicó «a dedo» y sin concurrencia-, aunque contó con cobertura legal por la imperiosa necesidad de acabar las obras en plazo.

La herencia
Es indudable que la Expo 92, como los Juegos Olímpicos, ofreció al mundo una imagen de la nueva España. En cierta forma terminó de enterrar la imagen negra del franquismo y mostró un país moderno y pujante. En Sevilla, permitió una transformación urbana radical e incorporó a la ciudad 215 hectáreas que hoy acogen un parque tecnológico, el parque temático de Isla Mágica y una zona universitaria. Refrendró a la ciudad en el mapa del turismo internacional, aunque tampoco supuso la rampa de despegue que los políticos anunciaron.

Veinticinco años después se mantiene el diferencial socieconómico entre Andalcía y el resto de España. Baste un ejemplo: en el primer trimestre de 1992, el paro era del 25,40% en Sevilla (147.700 parados) y 26,66% en Andalucía (686.600 parados), mientras que hoy los datos son de 27,03% en Sevilla (251.000 parados) y 28,25% en Andalucía (1.120.300 parados).

 
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