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2017

RUIZ, UNA JOYA PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 12/5/2017

ANTONIO BURGOS

Los puretones como servidor de ustedes recordarán el anuncio de Radio Sevilla: "Casa  Ruiz, metales y piedras preciosas". Pues mire usted por dónde, la Joyería Ruiz de Sierpes, cerrada en junio de 2015, en una batalla ganada como El Cid, después de palmarla, es ahora una piedra más preciosa que nunca. Una joya. Una piedra blanca que hay que poner como ejemplo de conservación en el camino de la progresiva y degradante destrucción del patrimonio comercial de Sevilla, donde los establecimientos tradicionales están cayendo uno tras otro....mientras todos cogemos el coche para comprar en las grandes superficies, y en esas tiendas de toda la vida están con los dependientes aburridos en la puerta, quitándose las moscas a bofetás y viendo pasar a la gente con las bolsas de las franquicias que las sustituyen.

Para no ser menos que nadie de las otras tiendas históricas que echaron el cierre, en la Joyería Ruiz van a poner una franquicia o similar. Una tienda de cosmética coreana o coreana de cosmética, no lo sé muy bien, porque no gasto potingues faciales contras las huellas del tiempo: la arruga es bella, decía Adolfo Domínguez y suscribía mi maestro don Manuel Halcón. Los coreanos se van a poner donde mi querido Ricardo Roldán rendía culto a nuestro San Fernando, sin poder tocar nada de la antigua joyería: ni el rótulo. La Comisión del Patrimonio ha hecho una raya en el agua de la destrucción de las tiendas históricas y ha aplicado la ley. El edificio cuenta con nivel de protección D, que incluye fachada, primeras crujías, acceso a la tienda (o sea, vestíbulo, como se usaba), escaparate, rótulo y zona de venta con mobiliario. Los coreanos que llegan dijeron a María Jesús Pereira en su reportaje de ABC: «La reforma del local se está haciendo con sumo cuidado, respetando techos, suelos e incluso mobiliario, en el que se incluye vitrinas, mesas y sillas. No modificaremos nada sustancial del edificio porque está protegido».

Óle, óle, y óle. Más vale tarde que nunca, hijos míos de la Comisión del Patrimonio que no os conoce nadie, ni sabe qué criterio tenéis, ni a título de qué estáis siendo virtuales cómplices legalísimos de la progresiva y progresista destrucción de Sevilla. ¡Pero a buenas horas, mangas verdes! Muy bien lo de Joyería Ruiz: no tocarle ni a una silla, o pasaréis a cuchillo a los coreanos, cual el Infante Don Alonso (luego el Rey Sabio) le dijo a quien osara tocar un solo ladrillo del alminar de la mezquita mayor después que su padre tomara Sevilla a los moros. Que si no llega a ser por Alfonso el Sabio, nos quedamos sin Giralda, como si no llega a ser por Pilatos nos quedamos sin Semana Santa. Muy bien lo de la Joyería Ruiz, señores de esa Comisión del Patrimonio que rima con demonio. ¿Pero por qué no aplicaron ustedes el mismo criterio conservacionista cuando el Tabernero del Régimen destruyó el Bar Laredo, obra singularísimna y firmada del estudio de decoración del pintor Juan Miguel Sánchez, puro racionalismo, del mismo valor que sus destruidas Bella Aurora de la calle Hernando Colón o farmacia de Francos esquina a San Isidoro, ambas también Arte Decó? ¿Y por qué no aplicaron ustedes el mismo criterio conservacionista cuando el Banquero de Susana expulsó al Bazar Victoria de su centenario templo comercial, y tuvieron que llevarse los rótulos y el mobiliario históricos a la calle Francos, en una "mudá" que, vamos, ni la de Los Fantasmas en San Juan de la Palma? ¿Va a seguir la Comisión del Patrimonio aplicando este laudable criterio ante las franquicias que están dejando el centro de Sevilla lo mismito que cualquier otra despersonalizada ciudad europea? ¿O esto es sólo contra los coreanos de por ahí, no contra los taberneros de aquí o los banqueros pulidos y abrillantados que se han convertido en virreyes de la ciudad?

Todo será formalmente igual, pues, en la Joyería Ruiz. Pero ya no estarás tú allí, querido Ricardo Roldán. A ver si consigues que los coreanos pongan una imagen en plata de nuestro San Fernando. Que ha obrado este auténtico milagro: que una destructora Comisión se ponga esta vez a favor del Patrimonio y no contra la esencia de Sevilla.

 
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