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Mie

29

Abr

2009

Mi padre fue el mejor alcalde de sevilla y un hombre buenísmo PDF Imprimir E-mail
Cuando nació la primera hija de Nicolás Díaz Molero, alcalde de Sevilla entre 1927 y 1930, reinaba Alfonso XIII mientras que Antonio Maura, del Partido Conservador, estaba al frente del Gobierno. Era el 19 de abril de 1909 y en Sevilla las mujeres se acicalaban para ir a la Feria de Abril del Prado de San Sebastián.
Desde su nacimiento en la calle Cruces de Sevilla han pasado cien años, en los que María del Socorro Díaz López Cepero ha vivido parte del reinado de Alfonso XIII, la Segunda República, la Guerra Civil Española, la dictadura franquista y la llegada de la Democracia en 1975. Ayer, como muchos domingos, acudió a misa en la iglesia de Santa Cruz, donde su párroco, Pedro Ybarra, leyó su partida original de nacimiento, ya amarillenta por los años.
La memoria inmediata de María flaquea, aunque su capacidad para recordar hechos acaecidos hace ochenta años es prodigiosa. Es capaz de recordar que Eduardo Dato fue asesinado en 1921, pero apenas acierta a decir el nombre del actual alcalde de Sevilla o los años que cumplió ayer.
Su padre, Nicolás Díaz Molero, era abogado y tenía un negocio de hierro y acero en la calle Antonia Díaz, junto a la plaza de toros. Cuando María tenía seis años murió su madre, Mercedes López Cepero, al dar a luz a su tercer hermano. «Al morir mi madre, mi padre vivió para sus hijos y nunca volvió a casarse. Los domingos eran para nosotros. Íbamos a misa y después a desayunar al Pasaje de Oriente. Cuando paseábamos por Sevilla nos iba contando historias de la ciudad», comenta.
«Primero vivimos en la calle Cruces y después nos mudamos a la calle Fabiola (en la casa que hoy ocupa el Consulado de Italia). Con el tiempo, mis hermanos y yo, todos solteros, nos trasladamos a la calle Ángeles, en el barrio de Santa Cruz», dice María, quien recuerda que no fue al colegio «porque teníamos una profesora en casa, doña Ramona Cabaña, que nos tenía más derechos que velas».
Cuando su padre fue alcalde, entre 1927 y 1930, está en pleno apogeo la dictadura de Miguel Primo de Rivera, apoyada por Alfonso XIII. «Mi padre fue el mejor alcalde que tuvo Sevilla y un hombre requetebueno, trabajador y bondadoso. Recuerdo que hizo la avenida de la Palmera», subraya María, quien puntualiza que «en mi familia vivíamos al margen de la política».
La inauguración de la Expo de 1929 le coge con 20 espléndidos años. «De la Expo recuerdo las fiestas en el Casino y en el Hotel Alfonso XIII», comenta esta sevillana, quien asegura ser suscriptora de ABC de Sevilla desde que el periódico fuera fundado el mismo año de la inauguración de la Expo del 29.
De la Segunda República y la Guerra Civil Española a María sólo le quedan recuerdos tristes «porque cayeron muchos por ser católicos».
Sobre 1949, cuando María tenía unos 40 años y su padre era el presidente del Tribunal Tutelar de Menores, comenzó a trabajar en ese organismo visitando por toda la provincia familias desestructuradas y niños con problemas. Se jubiló -«en contra de mi voluntad», dice- cuando tenía casi 70 años.
Desde la llegada de la Democracia en 1975, ha votado en todas las elecciones «porque -argumenta- creo que es mi obligación».
 
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