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2017

LA CASA DE PILATOS, CINCO SIGLO DE SEVILLA BAJO TECHO PDF Imprimir E-mail

CORREO DE ANDALUCÍA / 12/6/2017

MYRIAM DOMÍNGUEZ

El eco de las palabras de Vicente Lleó resonaba fuerte y profundo en las bóvedas de las antiguas caballerizas de la Casa de Pilatos. La acústica irregular no fue, en ningún momento, impedimento para el autor, así que se levantó e hizo de la dependencia del palacio su aula magna particular para explicar a su audiencia –no a su alumnado en esta ocasión– la historia de la Casa de Pilatos recogida en su libro La Casa de Pilatos: biografía de un palacio sevillano.

El duque de Segorbe, don Ignacio Medina Fernández de Córdoba, responsable del legado de acompañó al profesor en la presentación del pasado jueves y destacó los innumerables debates que tuvieron Lleó y él junto al director general de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, Juan Manuel Albendea, a cuenta de la investigación: «Es precisamente en las épocas de escasez documental en la que dependemos casi en exclusiva de la lectura de restos arqueológicos, tan locuaces, pero más imprecisos que el documento escrito, cuando mis discrepancias con el autor son mayores y si me atrevo a decirlo públicamente es por la amistad que nos une desde tiempo inmemorial». Una amistad a la que Lleó alude en el prólogo, pues la aportación de una perspectiva diferente ha contribuido a una nueva manera de contar la historia de esta casa, los tejemanejes de las dinastías que vivían en ella y la evolución del edificio en puntos clave como el patio o la escalera principal. Tras otra publicación similar en 1988 en la que desglosa la fisonomía del palacio, Lleó insiste en que este nuevo libro no es una actualización del anterior, sino que recoge las novedades de las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años. En la presentación, breve pero dos veces buena, el profesor esbozó a los asistentes un ligero y apasionante retrato de la cronología del edificio.

El Palacio de los Adelantos Mayores de Andalucía empezó a construirse en el siglo XV en el seno de la Casa de Alcalá, fundada por el matrimonio entre Catalina de Ribera con Pedro Enríquez, IV Adelantado de Andalucía. Su fallecimiento a finales de siglo hizo que la tarea de llevar a cabo la configuración primera del palacio familiar recayese por completo en su esposa, quien finalmente legó a su hijo don Fadrique Enríquez y su sobrino nieto Per Afán la ampliación, acondicionamiento y decoración de la casa, unas reformas fundamentales que dan al palacio la esencia tan particular que hoy en día tanto lo caracteriza.

A lo largo de su parlamento, el profesor Lleó desenterró el secreto –bien conocido por muchos– que se escondía detrás del nombre popular con el que los sevillanos conocen al imponente palacio: la Casa de Pilatos. En 1518, don Fadrique Enríquez, I marqués de Tarifa, a la manera de los homo viator del medievo que veían en la ida a Tierra Santa la vía de la salvación, partió en peregrinación desde Sevilla hasta Jerusalén, un viaje que le hizo atravesar toda Italia, cuyo arte renacentista le causó un impacto moderado, mientras que los restos de arte gótico que había ido viendo por el camino le llamaron poderosamente la atención.

La experiencia religiosa marcó tan profundamente la vida espiritual del marqués que a su vuelta a Sevilla en 1520 dejó plasmada la hazaña relativa a la romería en diferentes espacios del palacio. Don Fadrique quiso ir más allá y planteó un viacrucis con las doce estaciones de penitencia correspondiente que evocaban la Vía Dolorosa de Jerusalén. El recorrido, que fue cambiando en los años posteriores, finalmente empezaba en el palacio y terminaba en el templete de la Cruz del Campo, con el mismo número de pasos que comprende la distancia entre el pretorio de Pilatos y el monte Calvario en Tierra Santa.

Fuera de la cuestión religiosa, don Fadrique decidió dar un aire diferente al palacio, que ya contaba con elementos góticos y con una importante herencia arquitectónica mudéjar y comenzó a introducir diferentes estilos en la casa, como la portada de mármol que da paso al interior. A medida que el palacio se iba transformando, la arquitectura urbana de Sevilla se nutría de todos los cambios que se iban sucediendo en él, en un tiempo en el que Sevilla se convertía en una metrópolis abierta al mundo tras el descubrimiento de América en 1492.

Por su parte, Per Afán, I duque de Alcalá, su sobrino y heredero, también hizo algunas reformas en el palacio, pero lo más destacado fue el acopio que hizo de obras de arte, sobre todo tras su periodo como virrey de Nápoles, empezando una colección que cuenta con esculturas, pinturas y tapices y que se iría engrandeciendo con el tiempo. Ya en el Barroco, Fernando Enríquez, III duque de Alcalá, sobrino nieto de Per Afán y también virrey de Nápoles, se hizo con un rico repertorio pictórico. Tras fallecer sin descendencia, una sobrina suya casada con un heredero de la casa de Medinaceli se queda con el legado, que ha pertenecido a esta familia hasta nuestros días.

Podría decirse que en la Casa de Pilatos, Sevilla se ha quedado suspendida en el tiempo para siempre. Más de quinientos años de historia quedan recogidos en los suelos y paredes de esta casa donde se da la conjunción perfecta de los siglos y que es testimonio vivo de la historia de la ciudad.

 
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