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Lun

22

Jun

2009

La casa de la ciencia recuperará el uso expositivo del pabellóm de Perú del 29 PDF Imprimir E-mail
En un enclave estratégico, en plena Avenida de María Luisa y próxima a la sede central de la Universidad de Sevilla, el Teatro Lope de Vega y la Biblioteca Municipal Infanta Elena, la Casa de la Ciencia ha abierto sus puertas en el Pabellón de Perú del 29, que ha albergado durante los últimos 25 años la Estación Biológica de Doñana (EBD).
Una vez materializado el traslado de este instituto de investigación a La Cartuja, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha acogido la iniciativa presentada desde ese mismo centro para habilitar en el Pabellón un espacio dedicado íntegramente al fomento y la divulgación de la cultura científica en Sevilla. La Casa de la Ciencia pretende ser así un escaparate permanente de la actualidad científica producida tanto a nivel internacional como desde el ámbito autonómico y nacional. Con tal fin, su director y también titular de la EBD, Fernando Hiraldo, ha destacado a ABC el carácter de este nuevo espacio abierto a la participación de otras instituciones públicas y privadas, como ha sido el caso del Ayuntamiento de Sevilla, que le ha cedido el uso del edificio durante 75 años, estándose a la espera de cerrar un acuerdo con la Consejería de Innovación de la Junta de Andalucía.
Obras por 6 millones
Aunque la Casa de la Ciencia ya ha iniciado su andadura con algunas propuestas, como la exposición «Armonía Fractal de Doñana y las Marismas», Hiraldo confía en que en otoño lo haga de manera oficial e ininterrumpida. Para entonces, estará finalizada la primera fase de los trabajos de adaptación que se practican en el inmueble con objeto de «recuperar su uso original como espacio expositivo y de actividades». Las obras, con un plazo de tres años, tienen un coste estimado de unos seis millones de euros, de los que el CSIC sufragará una parte. La rehabilitación del edificio se compaginará además con el funcionamiento del centro, de manera que sea «como un corazón bombeando actividades», señala Héctor Garrido, coordinador de la Casa de la Ciencia.
El propósito final no es otro que habilitar, donde hasta ahora sólo había despachos y oficinas, salas de usos múltiples, salones de actos, de muestras, para congresos, talleres o laboratorios para experimentos dirigidos a escolares, entre otros usos. La recuperación, en suma, de casi 4.000 metros cuadrados interiores y de unos 3.000 de jardín para la realización de distintas actuaciones.
A diferencia de otras instituciones similares existentes en la región, el sello diferencial de esta Casa de la Ciencia será el de hacer «una divulgación objetiva y rigurosa desde la propia comunidad científica, a través de una programación amena y atractiva dirigida a todos los públicos. Vamos a huir -apostilla Hiraldo- de una divulgación para científicos». Este centro dará cabida, a su vez, a una decena de asociaciones de carácter científico, a las que proporcionará «pequeñas sedes» con el requisito de que organicen actividades para la ciudadanía. Por el momento, una de las candidatas es la Sociedad Micológica Andaluza que, a partir de otoño, pondrá en marcha los denominados «Lunes micológicos».
Exposiciones de astronomía, de fotociencia o un ciclo de conferencias sobre envejecimiento y esperanza de vida, son algunos de los proyectos que la Casa de la Ciencia baraja ya para después del verano, así como la traducción al inglés de la muestra «Armonía fractal» con idea de llevarla al extranjero. Y es que la importación y exportación de actividades pretende ser eje de funcionamiento de este centro abierto a todas las áreas del conocimiento y la ciencia. Para ello, en su organigrama figurará además un consejo asesor que estará constituido por científicos, periodistas y divulgadores, cuya opinión será vinculante a la hora de determinar los contenidos de esta singular apuesta por acercar la Ciencia y sus principios a la población en general.
 
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