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13

Sep

2017

LA SORPRESA DE LOS TRECE ZURBARANES PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 26/6/2017

MARTA CARRASCO

Está casi escondido en pleno casco histórico de Sevilla, en una recoleta plaza que ha tomado su nombre del antiguo pozo Santo, el mismo que hoy tiene este hospital en el que se alojan cerca de setenta ancianas cuidadas por monjas franciscanas llenas de entusiasmo. La hermana Raquel sonríe todo el tiempo. Es de la Macarena. En su casa debe haber una especie de don divino porque tiene una hermana clarisa en la calle San José y un hermano capuchino en Antequera. «Llevo en esta casa desde los 15 años. Es mi hogar. No me imaginaría en otro sitio. Actualmente somos catorce hermanas y cuatro novicias, pero algunas están mayores y hacen lo que pueden».

Para la hermana Raquel su convento es «el gran desconocido de Sevilla, sobre todo por lo que aquí guardamos con mimo». Aunque la hermana Raquel contagia entusiasmo y amor, no estábamos preparados para ver lo que poco después y tras una puerta de madera, pudimos descubrir.

El Pozo Santo situado en la plaza de este nombre, en la colación de San Andrés, fue fundado en 1666 (finales del siglo XVII) por las venerables terciarias franciscanas Marta de Jesús Carrillo (1590-1669) de Priego (Córdoba) y Beatriz Jerónima de la Concepción (1608-1696) de Sevilla, para «socorrer a pobres mujeres desamparadas, impedidas o incurables, asistiéndolas en su enfermedad». Ambas fallecieron en la ciudad de Sevilla, y los restos mortales reposan hoy en el muro lateral derecho de la capilla del Hospital. «Nosotras nos hemos dedicado siempre a defender los derechos de las mujeres, cada momento y en su época», dice la hermana Raquel.

La leyenda del pozo santo surgió cuando un niño se cayó al pozo y su madre rezó a la Virgen. Las aguas del pozo rebosaron y el niño se salvó. Hoy sólo queda el pozo sin brocal al que le han eliminado la posibilidad de sacar agua, «para que no se convierta esto en una peregrinación perpetua. esto es un hospital y hay mucho trabajo».

Hay cuadros y esculturas de San Nicolás de Bari por muchas estancias, «es nuestro patrón» y del que tienen varias reliquias. El convento desvela rincones hermosísimos, como la iglesia donde unos reclinatorios del XIX en perfecto estado, aún están en uso al lado de un Cristo de Pedro Roldán, un altar barroco de bellísima factura, con tan sólo el centro dorado y el resto en madera, y un curioso Cristo en una pequeña urna tocada de una capa que tiene una historia curiosa. «A este Cristo vienen muchas mujeres a pedir para quedarse embarazadas por eso las fotos de los niños dentro de la urna. Se llevan las capitas del Cristo y luego cuando tienen el niño las devuelven. Las capas viajan hasta a América», explica la hermana Raquel.

Pero aún nos faltaba la sorpresa. En la zona alta del convento, perfectamente resguardado con cámaras y medidas de seguridad, se encuentra el museo. A la entrada, un gran cuadro impresionante Anónimo del siglo XVI, «se titula «La peste en Sevilla» y es valiosísimo. Vienen hasta de Madrid y del Museo del Prado a verlo». Frente a los cuadros de las madres fundadoras se abre un pasillo, y allí casi como en una explosión, un cielo lleno de arcángeles. «Es el único lugar donde existen los diez arcángeles. Según todos los estudios están atribuidos al taller de Zurbarán, pero para saber si son de este pintor, como mucha gente afirma, haría falta un estudio que nosotras no podemos pagar».

El museo cuenta nada menos que con seis salas que custodian obras de arte como un Niño Jesús de Ruiz Gijón, una Virgen de Francisco Meneses, un San Miguel de Juan de Espinal, una Divina Pastora de Cristóbal Ramos o una colección de cálices y otros cuadros de gran valor. «La Virgen de la Amparo ha estado en el monumento del Salvador del Corpus. Todo el mundo preguntaba por ella y también tenemos una «Asunción» de Lucas Valdés.

Además se pueden ver curiosos libros de cánticos y misales de los siglos XVII y XVIII, así como documentos de la misma época referentes a la creación del convento. En una de las salas del museo una cama barroca, dorada y situada de forma que se puede ver inclinada hacia el público. «Es una cama de madera del siglo XVIII donde el 15 de agosto se sitúa la imagen de la Virgen del Tránsito y sacamos en procesión por el convento. Es algo bellísimo. Va a visitar a todas las señoras que aquí viven y la verdad es muy emocionante», afirma con entusiasmo la hermana Raquel.

El museo está registrado como tal en la Junta de Andalucía y ahora tiene visita pública, aunque hay que llamar para fijarla. «No podemos tener abierto porque no hay personal para ello. Nosotras tenemos que ocuparnos de nuestras ancianas, pero sí vienen de vez en cuando grupos de Sevilla que conciertan con la visita». Ni el convento ni el museo tienen ingresos propios, «somos hermanas limosneras, así que vivimos de lo que podemos, sin subvenciones de ningún tipo».

La hermana Raquel apaga las luces de este gran tesoro y recoge con primor cualquier papel fuera de su sitio. Fuera del convento, los veladores pueblan el recoleto rincón.

 
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