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20

Sep

2017

EL AYUNTAMIENTO ORDENA DESTRUIR EL LEGADO DE ANTONIO EL BAILARÍN PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 19/9/2017

A,G, REYES / J. ÁLVARES

Tras un tortuoso periplo de abandonos, incumplimientos y olvidos, el legado del universal bailarín sevillano Antonio Ruiz Soler está a punto de desaparecer por orden del propio Ayuntamiento, receptor de los bienes artísticos de este genio de la danza desde el año 2001, fecha en la que su sobrina, Ana Ruiz Vola, donó a la ciudad de Sevilla las pertenencias del genio nacido en el barrio de San Lorenzo. El piano blanco en el que se inspiraba para sus coreografías, carteles de sus espectáculos por todo el mundo, lienzos de su colección y todo el vestuario de sus obras más célebres tendrían que haber sido expuestos en el teatro Lope de Vega desde entonces, pero el gobierno de Sánchez Monteseirín nunca hizo la inversión necesaria y lo arrumbó en un cuartillo en el que todo ese material vagó durante más de un lustro. En 2007, la donación se perdió. Desapareció del control municipal. Y tras una denuncia realizada por este periódico en 2011, aquel legado reapareció amontonado en el almacén de un empresario privado a quien el entonces director del teatro, Antonio Álamo, le había pedido el favor de que se lo llevase porque le estorbaba.

Estos cuatro años en los que las cosas de Antonio el Bailarín estuvieron fuera de la custodia de su propietario, que es el Ayuntamiento, han provocado un grave suceso que ha desembocado en la orden municipal de destruir todas las piezas, un mandato que tiene dos consecuencias irreversibles si llega a ejecutarse: supondría la destrucción de pruebas clave en el caso que ha provocado esta situación; y eliminaría un patrimonio de gran valor artístico para la ciudad, que nunca ha rendido el tributo merecido a un artista de talla mundial que revolucionó la danza a partir del flamenco.

En la primera cuestión, que es la desencadenante de todo, la orden guarda relación con la infección adquirida por una sastra del Lope de Vega que ha trabajado en contacto directo con la ropa de Antonio después de que fuera recuperada en 2011. Esta trabajadora se pinchó con una aguja mientras rehabilitaba el vestuario y lleva cuatro años intentando averiguar por qué sus manos sufren unas erupciones que le generan además bastante dolor. Tras numerosas pruebas médicas, definitivamente se le ha diagnosticado que está infectada con una bacteria muy peligrosa, llamada «stafilococuus aureus meticilin», que es «resistente, sensible a clindamicina, gentamicina, vancomicina, teicoplanina, tetraciclina y fofomiciana». Es decir, necesita un antibiótico de gran espectro que tendrá que administrarse durante meses.

La empleada ha denunciado al Ayuntamiento por la vía penal, ya que la ropa con la que se ha infectado estuvo fuera de su obligatoria cadena de control durante los años en los que Álamo entregó los bienes a un empresario privado sin inventario ni convenio alguno, por lo que podría haberse cometido una infracción de las normas de prevención de riesgos laborales que comporta «un peligro grave para la vida, salud o integridad física de los trabajadores», según consta en la documentación a la que ha tenido acceso ABC, en la que también se especifica a través de varios informes facultativos que esta infección ha supuesto un gran riesgo para la vida de la afectada.

La sección municipal de CC.OO. emitió una queja oficial para notificar al Ayuntamiento esta situación. Y la respuesta del Servicio de Prevención fue el anuncio de destruir el material. Tanto los sindicatos como la denunciante han solicitado al gobierno municipal que paralice esta decisión y la Fiscalía lo ha hecho en el juzgado que instruye la causa, el número 17 de Sevilla, donde ha sido citado a declarar como investigado el jefe municipal de Riesgos Laborales, para que ordene que se detenga la destrucción de pruebas de forma cautelar. El legado de Antonio, por tanto, corre peligro. Se infectó de olvido.

 
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