promo

Síguenos en Twiter

Banner
Banner

Lun

16

Oct

2017

VUELVE LA MOVIDA AL ENTORNO DE LA ALFALFA CON EL INICIO DEL NUEVO CURSO PDF Imprimir E-mail

CORREO DE ANDALUCÍA / 2/10/2017

MANUEL J. FERNANDEZ

No hace falta que sea noche cerrada. Tampoco viernes o sábado. La botellona tradicional –la de litronas en mano y lotes con bolsas de botellas y vasos de plástico– resiste en la plaza de San Leandro, en el entorno de la Alfalfa, en pleno centro histórico de Sevilla. Sus vecinos aseguran que no falla la fórmula: con el inicio del nuevo curso vuelven los grupos de jóvenes –muchos menores de edad– bebiendo alcohol en la calle «con total impunidad» y alterando la convivencia del barrio «hasta a las cuatro de la tarde». Exigen a las autoridades municipales que «no bajen la guardia» y «hagan cumplir la Ley andaluza Antibotellón» aprobada hace más de diez años.

«Mi calle Ensenada es el urinario de señoras»; «En Imperial he llegado a ver competiciones por ver quien mea más»; «Tengo que cerrar la ventana porque me llega el olor a maría con todo lo que se fuman en la puerta de mi casa»; «Llamé cinco veces a la Policía el pasado día 12 y al final ni me cogían el teléfono». Son algunas de las declaraciones desesperadas de estos residentes que ya no saben qué hacer para acabar con la botellona que desde hace dos semanas ha vuelto a «tomar» la plaza que también se conoce como Pila del Pato. «El pato [por la estatua que corona la fuente de la plaza] ya ha sido repuesto una vez este año. Los jóvenes beben y consumen de todo. Es tal el desfase que hay pintadas en los bancos, botellas y vasos por el suelo, gritos, peleas y vandalismo. Tampoco se les puede decir nada: enseguida se encaran con los vecinos», describe Bruno Rivera, portavoz vecinal de la plaza de San Leandro que hace sólo unos días ha recordado vía whatsapp al director del distrito Casco Antiguo la situación que se les avecina, «un año más» con el nuevo curso.

Con Juan Osuna, María del Carmen... y otros tantos vecinos han creado un grupo de whatsapp en el que están en contacto, suben fotos y vídeos y coordinan sus acciones. «Hemos hecho de todo, como colgar carteles con mensajes disuasorios advirtiendo de tomar fotos o vídeos a los que orinen, beban o consuman droga en la calle. También de las posibles multas a las que se enfrentan». Los vecinos lamentan que no haya un dispositivo policial permanente en la zona, así como la imagen con la que conviven y que, a su vez, se llevan los cientos de extranjeros que transitan a diario por las calles Imperial o Ensenada, donde hay apartamentos turísticos. «El olor es nauseabundo. Está todo lleno de orines y, a veces, de heces. Con la calor, es insoportable. Esto es de vergüenza», concluyen.

 
Informacion