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2017

TEATROS DEL AYER SEVILLANO PDF Imprimir E-mail
Cine Cervantes

CORREO DE ANDALUCÍA / 2/10/2017

NICOLAS SALAS

El 21 de diciembre de 1847 fue inaugurado el Teatro San Fernando con la ópera I Lombardi de Verdi. Y desde entonces el coliseo fue centro burgués y aristócrata, con café y casino incluidos y escenario frecuente de este tipo de espectáculo, durante los siglos XIX y XX.

En diciembre de 1969 cerró sus puertas el Teatro San Fernando como sala cinematográfica, y en 1973 comenzó su derribo. Previamente, la empresa Lusarreta había presentando un proyecto de amplia reforma elaborado por el doctor arquitecto Antonio Delgado Roig, que fue rechazado por el Ayuntamiento con fecha 17 de octubre de 1970. El Teatro San Fernando fue el primer edificio sevillano construido con estructura de hierro, de la Fundición de San Antonio y con mineral de El Pedroso.

Charles Rouhault de Fleury fue el arquitecto francés que construyó el Teatro San Fernando, junto con el ingeniero también francés Gustave Steinacher, que hizo el puente de Isabel II (1852).

El primer empresario del Teatro San Fernando fue José de Caso junto con su socio Julián Sánchez, adjudicatarios del solar subastado del antiguo Hospital de Bubas o Espíritu Santo.

En 1862, el viajero romántico y artistas fotógrafo Charles Clifford captó la imagen del edificio donde la leyenda fijó la barbería de Fígaro, el héroe operístico de Baumarchais.

Las óperas relacionadas con Sevilla fueron catalogadas por Carlos Gómez Amat y Justo Romero, en 1991, y luego Ramón María Serrera y Andrés Moreno Mengíbar (2010), aportaron la más completa y reciente relación que llega hasta las ciento veintiocho, sin que den la lista por definitiva.

El teatro Eslava estaba situado en los Jardines de Eslava desde 1887, sustituyendo a otro teatro de idéntico nombre instalado unos veinte años antes. Tanto en el primero como en el segundo teatro Eslava, hubo funciones de ópera al aire libre y circo.

Entre 1916 y 1928, la Puerta de Jerez cambió por completo su fisonomía urbana.

El teatro Eslava estaba situado en los Jardines de Eslava desde 1887, al lado de la Real Fábrica de Tabacos, sustituyendo a otro teatro también de verano de idéntico nombre instalado unos veinte años antes. Tanto en el primero como en el segundo teatro Eslava, hubo funciones de ópera al aire libre, circo, teatro y otros actos festivos y culturales.

Sobre el teatro en Sevilla contamos con las espléndidas aportaciones bibliográficas (Universidad de Sevilla) y hemerográficas (ABC), del profesor Francisco Aguilar Piñal, el historiador Santiago Montoto y el autor y crítico Julio Martínez Velasco. Y sobre el cine en Sevilla hay varias obras fundamentales de los profesores Carlos Colón y Rafael Utrera.

En paralelo con la expansión económica y social de Sevilla, las actividades culturales se multiplicaron. Una serie de Fundaciones, como nunca existieron en la ciudad, mantuvieron convocatorias de premios, exposiciones, conciertos, ayudas universitarias y profesionales.

Después de 1992, el centro básico de la expansión cultural fue el Teatro Maestranza, sede de prestigiadas temporadas de ópera, más otras salas menores especializadas en teatro de ensayo y música experimental. Asimismo la atención al folclore tuvo en la Bienal de Flamenco, que ya superaba las diez ediciones, una base acreditada de expansión y valoración adecuada.

El Hotel Alfonso XIII, cumplió tres cuartos de siglo el día 28 de abril de 2004, cuando el rey Alfonso XIII presidió la boda de su hija la infanta Isabel Alfonsa con el conde Jan Kanty Zamoyski, en 1929. Pero sus puertas estuvieron abiertas más de un año antes, aún sin terminar parte de las obras complementarias y de acondicionamientos, para celebrar actos de convenciones previas al certamen iberoamericano, como el Congreso de Oleicultura de 1927. El término de las obras lo fija Eduardo Rodríguez Bernal (Historia de la Exposición Iberoamericana, Ayuntamiento de Sevilla, 1994), el día 17 de marzo de 1928. La doble efemérides la anticiparon Antonio Salvador y Francisco Javier Recio (El Mundo, 16 marzo 2003). El Hotel Alfonso XIII se valora como una de las obras emblemáticas de la Exposición Iberoamericana de 1929-1930, y fue realizado por el arquitecto regionalista José Espiau y Muñoz (Sevilla, 1884-1938) entre 1916 y 1928.

La idea de construir un gran hotel surgió en 1909, en el discurso de Luis Rodríguez Caso, proponiendo la Exposición Hispano-Americana, y fue confirmada en los Juegos Florales del Ateneo en 1912 y 1914, acogiéndola el empresario y mecenas Miguel Sánchez-Dalp y Calonge, que ese mismo año presentó un proyecto al Ayuntamiento. La convocatoria oficial del concurso no fue aprobada hasta 1916. La idea de utilizar el solar ocupado por el Teatro Eslava, la propuso Vicente Traver en 1914. De manera que en el solar que ahora ocupa el Hotel Alfonso XIII (1916-1928) existió desde finales del siglo XVIII hasta 1887, un jardín llamado paseo de la Puerta de Jerez, y luego conocido como jardines de Eslava, donde hubo un teatro de verano desde principio del último tercio del siglo XIX. En este teatro se celebró ópera nocturna al aire libre por primera vez en Europa desde los años setenta de la citada centuria.

La fotografía recupera la memoria gráfica del citado Teatro Eslava, que tuvo larga vida de éxitos. La fachada que daba a la calle San Fernando, antes del ensanche propuesto en 1909; la sala es una espléndida imagen legada por Antonio Caparró Rodríguez (Fototeca Municipal), datada en 1890.

El historial del Teatro de la Exposición, actual Lope de Vega, puede ser conocido gracias a la valiosa obra de investigación realizada por Julio Martínez Velasco, periodista y escritor, dramaturgo, que publicó en 1999 una monografía titulada El Teatro Lope de Vega: sus primeros setenta años (Área de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla). Numerosas ilustraciones procedentes del archivo del autor, complementan el laborioso trabajo de rescate de la memoria histórica de este teatro que tuvo, como casi todos los proyectos ambiciosos sevillanos, unos inicios comprometidos. Del libro de Julio Martínez Velasco, reproducimos la siguiente síntesis:

«En principio no se pensó en construir un teatro dentro del recinto de la Exposición Iberoamericana, pero la idea se la sugirió a José Cruz Conde su intimo amigo y hombre entendido en cuestiones teatrales, el ingeniero de Montes Joaquín Gonzalo Garrido (...) Fue autor del proyecto el arquitecto valenciano Vicente Traver y Tomás (...) Adosado y formando parte del edificio del Gran Casino posee puerta autónoma, con amplio pórtico donde están ubicadas las dos taquillas, pero su entrada principal es la del Gran Casino, pues el acceso a la sala por la puerta del fondo, correspondiente el pasillo central del patio de butacas, está alineada –es su prolongación– con la entrada principal del gran salón del Casino, convirtiendo a este en un gigantesco y lujosísimo vestíbulo».

La sala, «construida según el tradicional diseño italiano para el teatro lírico, con planta de concha en función de la acústica, poseía veintidós filas de butacas, para lo que se tuvo en cuenta su mayor anchura de asiento y distancia entre filas, para ofrecer al público las máximas comodidades, superándose las dimensiones mínimas exigidas (...) Desde los palcos proscenio hasta mediada la sala, hay ocho plateas –cuatro a cada lado– con un aforo total de 52 localidades. La planta noble está en su totalidad dedicada a palcos, todos con antepalcos dignamente amueblados –percha, espejo, consola pequeño diván, etc.– y los dos de proscenio de esta planta tienen entrada independiente de la del público, desde la calle, con vestíbulos, escaleras particulares, saloncitos y servicios de tocador cada uno. El numero de palcos es de 23 y totalizan un aforo de 130 localidades, en sillas lacadas y tapizadas, bajas en su primera fila y altas, con reposapié, para la segunda. La planta principal, por encima de la noble, tiene diez palcos en sus laterales –cinco en cada uno– y tres filas de butacas en su parte central, con un total de 142 localidades. La planta de anfiteatro poseía tres filas en sus laterales y cinco en el centro, con 185 butacas, de la misma hechura y tapicería que las del patio y que las de todas las plantas, careciendo de las entonces habituales gradas. Toda la sala disponía de las mismas comodidades y pareja decoración, con independencia de la escala de precios de sus localidades».

«La decoración de la sala, sobre tonos rojos, fue obra de los artistas Martínez del Cid y Zaragoza, empleando tonos dorados y marfileños en techo, baranda de palcos y escayolas. Las sederías de cortinajes y tapizados, en rojo, y en verde gris la pintura general de puertas y muebles. El telón de boca, de damasco, era un repostero bordado en colores, predominando los tonos áureos y figurando en su centro el escudo de la ciudad de Sevilla, bordado en sedas de colores. La instalación del alumbrado en sala y salones era del tipo indirecto».

Sobre la función de apertura del teatro, celebrada el día 30 de marzo de 1929, Sábado de Gloria, tradicional fecha inaugural de la temporada de espectáculos, Julio Martínez Velasco recuerda: El diario El Liberal del domingo 31 de marzo decía textualmente: «Ayer se inauguro brillantemente la temporada de primavera en los teatros y cines, y abrió sus puertas el nuevo teatro de la Exposición. Este último fue el acontecimiento más destacado de la serie». Conozcamos algunos detalles curiosos del fausto suceso. La glorieta de San Diego, «En cuyas inmediaciones –narraba El Liberal– está situado el nuevo teatro, se hallaba resplandeciente de luz que proyectaban sobre la explanada numerosos y potentes reflectores. Lucía también extraordinariamente el alumbrado de la avenida de María Luisa y el de la columnata del Casino de Sevilla.La entrada al nuevo teatro ofrecía muy bello aspecto (...) La sala del teatro de la Exposición aparecía espléndida. Plateas, palcos, butacas y demás localidades estaban totalmente ocupadas por una concurrencia selecta, entre la que predominaba el bello sexo, con lujosísimas toilettes. Personal femenino de acomodadores, porteros severamente engalanados, trajes de etiqueta, ambiente de buen tono. El diario El Noticiero Sevillano sacaba a portada su crónica de tan importante hecho y en su primer párrafo puntualizaba: «Solemne y brillantísima, señalando la entonación magnifica a que, de cumplirse el designio de la ciudad, habrían de ajustarse, dentro de los numerosos aspectos del inminente Certamen, todos los actos de la Exposición Iberoamericana, fue en la noche de ayer la apertura del hermoso teatro emplazado en el recinto del Pabellón de Sevilla debido al arquitecto don Vicente Traver».

El Teatro de la Exposición tuvo después de clausurado el certamen un penoso historial de abandono e infrautilización, hasta que se produjo el cambio de nombre, hecho ocurrido el 11 de abril de 1936, también Sábado de Gloria.

Desde entonces se denomina Teatro Municipal Lope de Vega. En el verano de 1936, y hasta el 17 de julio, se celebraron bailes con orquesta en la terraza lateral del Casino. Durante la Guerra de España, el casino fue utilizado como hospital. Luego, años de abandono y restauraciones parciales, hasta llegar a ser usado con regularidad desde hace varios lustros.

El catálogo oficial de la Exposición Iberoamericana explicaba el Pabellón de Sevilla, y terminada afirmando que «este nuevo palacio con que Sevilla se enriquece, por ser de carácter permanente, será lugar de estancia y esparcimiento del gran turismo, pasada la Exposición. El gran salón de fiestas, con una superficie de mil metros y 18 de altura, el patio con su fuente y columnas de mármol, el restaurante, otros pequeños salones, el bar y amplias terrazas darán al Casino un uso excepcional».

Como escribe Paola Vivanco Arigita, en 1896, aparece el cine en Sevilla en el Café Suizo. Poco a poco van surgiendo locales en los que las variedades dan cabida al Séptimo Arte, levantándose varias salas de cine en la calle Sierpes y, en las calles colindantes, Los más afamados fueron el Salón Imperial (1906), Cine Lloréns (1911-1915), Cine Sierpes (1934), el Teatro Central en el mismo local donde se situaba el Café Central y frente al Café El Burrero. Los teatros de la calle Sierpes no eran los más importantes de la Ciudad, ya que estos eran el Cervantes y el de San Fernando. Desde principios del siglo XX, el Imperial, como popularmente fue conocido hasta 2004, fue símbolo de la ciudad junto con el Lloréns.

Recordamos el día 24 de mayo de 2004 que el teatro y cine Lloréns (1915-1983) podía ser recuperado como sala cultural por encontrarse en perfecto estado todos los elementos básicos del establecimiento –como sugirió Carlos Colón en su columna–, una de las obras de artes legadas por el arquitecto regionalista sevillano José Espiau y Muñoz, fechada en 1913-1915. Y ahora nuestro periódico adelantó el pasado día 1 la noticia del cierre del teatro Imperial, la única referencia cultural histórica que quedaba en la calle Sierpes, y fundado, como el Lloréns, por la saga Lloréns Artacho.

Del primitivo Salón Imperial de 1917, las columnas de mármol fueron utilizadas a finales de los años cuarenta en el atrio de la basílica de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena. En 1954 fue inaugurado el nuevo Imperial como una de las salas para teatro y cine más modernas de Europa.

El exgerente del Imperial, Francisco Carrero, denunció la falta de apoyo público que había sufrido el único teatro comercial privado de Sevilla. Su frase resumen es explícita: «El apoyo ciudadano contrasta con el de las Instituciones, a las que he pedido auxilio y me han dado la espalda. Nunca nos han dado subvención alguna pese a solicitarla cada año».

Sin las salas Lloréns e Imperial, la calle Sierpes, la ciudad, perdió establecimientos culturales emblemáticos del siglo XX.

El fotoperiodista Juan José Serrano Gómez, en 1962, ofreció el ayer de lo que fue Gran Teatro Cervantes y luego Cine Cervantes. Desaparecido el teatro San Fernando (inaugurado el 21 de diciembre de 1847; clausurado en 1969 y derribado en 1973), el Cervantes fue el decano de los ex teatros... Fue construido por el arquitecto Juan Talavera de la Vega y la función inaugural se celebró el 13 de octubre de 1873, contando con alumbrado eléctrico desde 1902. Eran los tiempos de los teatros San Fernando (1847), Cervantes (1873), Eslava (1887), Portela (1900), Imperial (1906).

Los hermanos Serafín y Joaquín Alvarez Quintero presentaron su primera obra en el teatro Cervantes el 30 de enero de 1888. La comedia se titulaba Esgrima y amor, y fue el primero de sus numerosos éxitos en la escena española. Una lápida colocada en 1946 en la galería del teatro, que reproducimos en esta página, recuerda las efemérides. En la página anterior, ofrecemos una fotografía característica de los populares comediógrafos en sus años triunfales: Serafín (Utrera, 26 marzo 1871-Madrid, 12 abril 1938), y Joaquín (Utrera, 21 enero 1873-Madrid, 14 junio 1944).

 
 
 
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