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Mar

30

Jun

2009

Fracasa el intento de silenciar a la Unesco la polémica sobre la Torre Pelli PDF Imprimir E-mail
La polémica en torno a la Torre Pelli está en la calle y allí la llevaron ayer tanto los que están a favor como los que están en contra, que se acercaron al Real Alcazar para que los participantes en el comité del Patrimonio de la Unesco conozcan esta realidad ya que no es seguro que se aborde en el encuentro. Lo lograron a duras penas, ya que hubo cierta confusión sobre la puerta por la que la entrarían los miembros de la Unesco a la recepción que les daba el Ayuntamiento.
Los manifestantes a favor de la Torre, integrados dentro de la asociación «Sevilla se mueve», se concentraron en la parada del tranvía en el Archivo de Indias, para desde allí dirigirse al Real Alcazar. Apenas eran una docena. El presidente de la asociación, José María Bascarán, comentó a ABC que esta entidad defiende que la ciudad «no puede ser una foto fija de sí misma» ya que «está en constante evolución». Por ello y porque consideran que el proyecto tal y como se ha presentado es correcto, no daña el paisaje -porque está lo suficientemente lejos de los sitios declarados patrimonio de la Humanidad-y se va a convertir en un «nuevo mirador privilegiado» de la ciudad, en «un nuevo símbolo», defienden este rascacielos. «Si otras ciudades evolucionan, no entendemos por qué aquí nos queremos quedar sólo con una imagen de la ciudad, la ciudad puede incorporar nuevos modelos de urbanismo», dijo.
A esa misma hora, en el Patio de Banderas empezaban a concentrarse los integrantes de la plataforma «Túmbala», en contra de la Torre de Cajasol, que agrupa a una veintena de entidades sociales. Carlos Romero, integrante de la misma, señaló que con ese acto querían llamar la atención de los representantes de la Unesco sobre un proyecto que consideran, con el respaldo del informe emitido por Icomos España, tendrá un impacto brutal sobre la ciudad. Romero puso en duda el efecto que sobre una iniciativa privada como es la torre pueda tener la resolución de la Unesco pero mostró su esperanza de que si este organismo se manifiesta en contra del rascacielos al menos «los poderes públicos, defiendan el interés general y no el interés particular de una obra», porque la inclusión de Sevilla en la «lista negra» del patrimonio afectará a todos.
Cuando la hora de inicio de la recepción se acercaba los dos colectivos se concentraron frente a frente y separados por la Policía delante de la puerta de acceso al Real Alcázar por el Patio de Banderas. Cada uno con sus pancartas e imágenes de la torre, unos con «Sí a la Torre» o el «A mí sí me gusta» y otros con un «No a la Torre Cajasol», «Menos Torres, más viviendas sociales» y hasta un «no a las setas» en referencia a otro proyecto polémico, el Metropol Parasol de la Encarnación. Al principio, la diferencia entre la docena de manifestante a favor de la torre y los que están en contra no era mucha, éstos llegaban a los 20, pero conforme pasaron los minutos los que se manifestaban contra el rascacielos de la Cartuja duplicaron con creces a los que estaban a favor. Poco a poco empezaban a llegar algunos miembros de la Unesco; a dos de ellos, de Luxemburgo, una representante de la plataforma pudo explicarles por qué estaban allí y sus razones contra la torre. Desde la plataforma contra la Torre Pelli se lanzaron, altavoz en mano, argumentos contra el proyecto.
El escaso número de participantes empezó a escamar a los organizadores; llegó el rumor de que los políticos habían entrado por el edificio de la Junta en la plaza de la Contratación. Finalmente, los miembros de la Unesco accedieron al Real Alcázar por la Puerta del León y los manifestantes, los dos grupos, se dirigieron rápidamente allí y hasta pudieron entregar folletos explicando sus razones a los participantes. Algunos les llegaron a confirmar que conocían el tema.
 
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