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Oct

2017

EL TESORO DEL BARRIO SANTA CRUZ PDF Imprimir E-mail

CORREO DE ANDALUCÍA / 9/10/2017

ISAMEL G. CABRAL

Estará pensando que el barrio Santa Cruz de Sevilla tiene muchos tesoros. Pero, en los últimos años, hay uno que sobresale. Será la novedad o tal vez la historia que hay detrás de él. En el callejón Don Carlos Alonso Chaparro se ubica el Oratorio de la Escuela de Cristo, un lugar en sí mismo que ya es de otra época. En su pequeña y recóndita iglesia se ubica una de las joyas musicales de la ciudad, el órgano francés del siglo XIX Cavaillé-Coll. Adquirido en 1905 por el parlamentario de la III República francesa, Georges Ancel, para instalarlo en el salón de su castillo, pasó después, en 1939, a la abadía benedictina de Santa Ana de Kergonan. Desmontado durante la ocupación alemana y vuelto a rearmar, en junio de 2013 salió a la venta en un elevado estado de deterioro.

Y es entonces cuando aparece un organista sevillano, Jesús Sampedro, que tenía una lógica y práctica inquietud; tocar un órgano en su ciudad. «Lo trajimos desde Francia, me hipotequé en esta aventura pero siempre he creído que merecía mucho la pena tener esta joya aquí, en Sevilla, en el corazón del barrio de Santa Cruz», dice.

Ejemplarmente restaurado, este gran órgano romántico de salón es escenario de un Ciclo de Conciertos y Meditaciones que ya va por su cuarto año. «Al principio fue muy duro, tuvimos recitales con 20 personas pero ahora llenamos el aforo, en la última ocasión se quedó gente fuera», cuenta Sampedro. Efectivamente asistir a estos conciertos, de enorme recogimiento, a la luz de las velas y en un entorno como este tiene algo «muy especial». «La planta arquitectónica del Oratorio de Cristo no es de cruz latina, es casi como un gran salón, eso hace que el público esté arropando al organista, viendo cómo se hace la música, en un ámbiente muy cercano, nada que ver con los conciertos de órganos en las catedrales», argumenta el máximo responsable de un instrumento único en España.

En algunas ocasiones los conciertos se tornan en actos litúrgicos, en los que la lectura del Evangelio prologa la música, «de ahí el término meditación». Pero Sampedro recalca cómo en este órgano se puede tocar «todo el repertorio, del barroco a la época actual; aunque su ámbito natural es la música francesa de los siglos XIX y XX».

Asistir a estos encuentros es gratis. La modesta organización solo pide la voluntad de quien asiste. Con ello se cubre una mínima parte. «El resto sale de mi bolsillo; yo mantengo el órgano, contacto con los músicos, les pago el vuelo y el alojamiento, aunque no puedo ofrecerles ningún caché», reconoce Sampedro. Una situación ilógica que, naturalmente, le disgusta. «He mandado muchas cartas, he pedido ayuda, he presentado proyectos... a la Junta, al Ayuntamiento, a empresas privadas buscando pequeños patrocinios... pero nada», lamenta. Sorprende el silencio administrativo ante una cita que reúne a muchas decenas de personas y que resulta ser el único ciclo de órgano estable en Sevilla (en este curso se ofrecerán en el Cavaillé-Coll diez conciertos, de septiembre a junio, el próximo el sábado 21 de octubre con el organista Tomé Olivés y el flautista Rafael Ruibérriz). Hay conciertos también en el Hospital de los Venerables (pocos) y en la Catedral (sin una temporalidad fija).

De esta forma, con la voluntad económica, artística y espiritual de Jesús Sampedro, el Ciclo del Oratorio de Cristo continúa pese a todo, también frente a los boicots («que los ha habido, contraprogramándome o intentando llevarse el órgano a alguna capilla para dejarlo allí arrumbado»). Sin embargo, la fama nacional e internacional de este instrumento y su ciclo acallan cualquier voz en contra. Este es un lugar donde sucede algo tan mágico como es escuchar un órgano romántico, de innegable belleza, en un contexto extraordinariamente barroco. «Nuestros recitales tienen un aire encantadoramente romántico; porque Sevilla en sí no solo es barroca, también es muy romántica, como lo demuestra nuestra Semana Santa o la música impresionista de sus marchas», apunta Sampedro. En el barrio de Santa Cruz tiene, cada mes, una cita para viajar lejos en el tiempo. Siéntase bienvenido al club

 
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