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Nov

2017

LOS VECINOS DE SANTA CRUZ PIDEN PROTEGER "LA IDIOSINCRASIA DEL BARRIO" PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 22/10/2017

EDUARDO BARBA

Si existe una zona o un barrio de Sevilla que identifique por sí mismo a toda la ciudad, ese es sin lugar a dudas el Barrio de Santa Cruz. La judería —como también es conocida pese a la profunda reforma del siglo XX a cargo del marqués de la Vega Inclán— es a la sazón el lugar más visitado por los turistas. Pero es precisamente ese aluvión creciente de visitantes, atraídos por el gigantesco atractivo histórico, patrimonial y estético, el que está empezando a erosionar seriamente la vida diaria de los residentes. Una realidad rutinaria que pone sobre la mesa directamente uno de los principales problemas que genera la explosión turística actual, el de la cada vez más difícil coexistencia entre vecinos y una legión de forasteros cámara en ristre.

 

La progresiva mercantilización de esta zona de especial afluencia —como ocurre en otras de los principales destinos turísticos europeos— ha terminado por dejar a Santa Cruz convertido por momentos en una especie de circo kitsch plagado de vendedores de toda índole, productos y souvenirs estándar derivados de la globalización, volúmenes acústicos desmesurados, un bosque de veladores y oleadas de grupos de extranjeros siguiendo al estela de un paraguas elevados y cerrados. La cohabitación entre propios y ajenos resulta a veces insostenible y los responsables municipales empiezan a contemplar con preocupación este fenómeno, aunque son pocas aún las medidas correctoras dispuestas.

Expositores, mesas y sillas por el barrio de Santa Cruz
Expositores, mesas y sillas por el barrio de Santa Cruz-J. M. SERRANO
Buena parte de esos problemas tanto de convivencia como identitarios han quedado reflejados en un escrito remitido por representantes vecinales a la Comisión Especial de Sugerencias y Reclamaciones —la conocida como Defensoría del Ciudadano y liderada actualmente por Rosa Muñoz— del Ayuntamiento sevillano, que admitió a trámite la reclamación cívica y la ha trasladado al Consorcio de Turismo para que la tenga en cuenta y tome las medidas que estime oportuno de cara a intentar subsanar las cuestiones que se señalan en el documento, al que ha tenido acceso ABC. La retahíla de asuntos expuestos por este colectivo ciudadano en su queja están encabezadas por una petición de «defensa ante el daño irreparable en la vida cotidiana de los vecinos» que causa esa degradación paulatina.

En un amplio recorrido por el pintoresco barrio hispalense, este periódico ha ido comprobando la envergadura de esos problemas que narran los vecinos. Uno de los más destacados es el gran zoco en que se ha transformado Santa Cruz en muchas de sus calles. Buena parte de los comerciantes han desplazado sus artículos a la vía pública impidiendo un tránsito normal de las personas. En el escrito trasladado a Turismo se solicita, en este apartado, que se exhiban los productos en el interior de las tiendas, con lo que «se lograría un aspecto menos vulgarizado del entorno y mayor comodidad para el tránsito».

Turistas y veladores ocupan las aceras de Mateos Gago
Turistas y veladores ocupan las aceras de Mateos Gago - J. M. SERRANO
Ligado a ese punto, otro de los dilemas básicos es el que genera la abundancia de veladores en las estrechas calles o en las plazoletas de Santa Cruz, que a veces sólo permiten transitar por el empedrado central. Mesas y sillas ocupan estratégicamente todos los espacios de sombra junto a las fachadas o bajo los árboles, lo que obliga a personas mayores, sillas de rueda o carritos de bebé a moverse por la zona de piedras. Ocurre en la plaza de los Venerables, en la de Doña Elvira y, muy especialmente, en la plaza de la Alianza subiendo hacia Rodrigo Caro. En Mateos Gago son las aceras las que están atestadas tanto de veladores como de expositores de artículos de venta a los turistas. Recorrer ese tramo sin bajar a la calzada resulta prácticamente imposible. Entre productos en venta y veladores, esta parte de la vieja judería -junto a San Bartolomé y Santa María la Blanca- se ha quedado sin aceras.

Además de la tremenda falta de espacio en la vía pública, otro de los asuntos que está generando crecientes molestias no es ya la masiva presencia de visitantes en sí misma, que también, sino las famosas «rutas culturales» y el trabajo de los guías, ámbito en el que hay de todo, incluido un numeroso grupo de falsos guías sin cualificación que campa a sus anchas. El vecindario ha solicitado al Ayuntamiento, de hecho, que los «libre de las decenas de personas disfrazadas de Murillo que aparecen por las calles mintiendo a escolares». Y profundizan en la cuestión poniendo el dedo en la llaga: «Este sector no está sujeto a normas y las autoridades deberían revisar la veracidad de sus explicaciones y la cualificación de estos conductores de grupo», señalan para alegrarse, eso sí, de la difusión del uso de whispers y audífonos para reducir los gritos que estos guías se ven obligados a dar para que se les oiga y que en horario nocturno resultan insufribles para quienes allí viven. «Habría que recordar a todos la obligatoriedad de esos medios para bajar la enorme contaminación acústica que se sufre», se indica en la reclamación. También se subraya, como puede comprobarse perfectamente en Santa Cruz, el abuso de las empresas surgidas en torno al turismo, que recurren en algunos casos al «engaño al visitante».

Todo ello conlleva una degradación estética y patrimonial que está provocando que el ADN de este emblemático lugar se esté diluyendo, de ahí que en el escrito se reclame a los responsables municipales recapacitar por la paulatina «desaparición de la idiosincrasia del Barrio de Santa Cruz». Nítido planteamiento.

Alojamientos ilegales

Un asunto también significativo y con escaso control que viene siendo denunciado es el de las borracheras y la multitud de despedidas de soltero tienen estas calles como escenario, que durante los fines de semana maltratan la tranquilidad del vecindario. Mucho tiene que ver con ello la proliferación de apartamentos turísticos ilegales, que en la judería tienen un elemento particular: los extraños habitáculos que se construyen en las azoteas y que hacen las veces de cuartos, una nueva versión verdaderamente autóctona de este fenómeno que tanto está dañando a los hoteles sevillanos y que los residentes han denunciado reiteradas veces.

Por otro lado, un simple paseo justifica que se estén acumulando las quejas por la falta de limpieza. El incesante flujo de personas, no todas respetuosas con el entorno, está agravando este tema, muy especialmente en los espacios más cercanos a los Jardines de Murillo, donde ya se han detectado ratas; probablemente por la acumulación de residuos ante la insuficiencia de las cada vez más escasas papeleras.

Junto a la suciedad, entre el vecindario es patente la protesta por cuestiones relacionadas con el acceso a las casas, los aparcamientos y el transporte en general, ya que las placas de prohibición no son respetadas y las escasas plazas para estacionar «deberían estar reservadas a residentes, habilitándose aparcamientos para visitantes fuera del barrio». Con ello se aliviarían tensiones como las que generan diariamente las motos que circulan a cualquier hora por calles peatonales, como Vida, Judería o Agua. El corazón mismo de Sevilla.

 
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