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Dic

2017

SEVILLA Y LA HISPANIC SOCIETY OF AMERICA PDF Imprimir E-mail

CORREO DE ANDALUCÍA / 27/10/2017

NICOLAS SALAS

La Hispanic Society of America acaba de recibir el Premio Princesa de Asturias. Y conviene conocer las vinculaciones que dicha entidad tiene con Sevilla. Para empezar gracias a la Hispanic Society se salvó la más importante biblioteca particular que tuvo Sevilla, la del marqués de Jerez de los Caballeros. Y el fundador de la Hispanic Society, Archer Milton Huntington, donó a Sevilla el monumento al Cid Campeador que está instalado en la glorieta de San Diego, en el Prado de San Sebastián, frente a la puerta de la Facultad de Derecho de la Universidad.

Archer Milton Huntington hizo su primera visita a la península ibérica en 1892. «Quiso que su museo fuera una institución internacional encargada de fomentar y divulgar los estudios hispánicos. Aprendió bien el idioma, lo suficiente como para poder escribir versos en él, y realizó una primorosa edición en tres tomos del Cantar de mío Cid (1897–1903), donde ofreció por primera vez una versión inglesa completa además del texto español y las notas. De nuevo de vuelta a España en 1898 tras la guerra, hizo excavaciones en Itálica. Habitual paseante por Sevilla, fue nombrado hijo adoptivo de esta ciudad y miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras» (Wikipedia).

Coleccionó pinturas de el Greco, Francisco de Zurbarán, José Ribera, Alonso Cano, Diego Velázquez, Francisco de Goya, Joaquín Sorolla, Mariano Fortuny, Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Isidro Nonell e Ignacio Zuloaga y esculturas y objetos artísticos españoles de cerámica y orfebrería para su museo. Después creó adjunta a él la biblioteca (con más de quince mil libros anteriores a 1700) para cuya constitución recurrió al erudito agustino David Rubio Calzada, que fue su agente en España e Hispanoamérica, y con ambas instituciones fundó la Hispanic Society of America el 18 de mayo de 1904, a la que legó sus colecciones. Cuenta esta institución con una de las mejores bibliotecas de libros raros en español, (copias únicas y primeras ediciones de obras tan significativas en la historia y en la literatura españolas, como Tirant lo Blanc, La Celestina, El Quijote y casi toda la obra de Sor Juana Inés de la Cruz), 250 incunables y la colección de manuscritos hispánicos más extensa fuera de España; destaca en especial la literatura novohispana con una extensísima selección de catecismos y diccionarios de las lenguas amerindias; hay además fueros medievales, cartas hológrafas reales y de navegación, biblias iluminadas, libros de horas y documentos históricos y literarios. Casi todo ello procedente de la biblioteca sevillana del marqués de Jerez de los Caballeros.

Archer Milton Huntington tuvo una especial relación con el marqués de la Vega Inclán, Comisario Regio de Turismo desde 1911 hasta 1928, y persona clave en el resurgir cultural de la ciudad del primer tercio del siglo XX.

Junto con iniciativas literarias y de apoyo a la fundación del Ateneo y Sociedad de Excursiones, se fomentó la formación de bibliotecas privadas abiertas a los sevillanos y visitantes. Sin duda, la creada por Manuel Pérez de Guzmán y Bosa, primer marqués de Jerez de los Caballeros, alcanzó fama internacional hasta el punto de ser la base bibliográfica para fundar la Hispanic Society of America, en Nueva York, en 1904. Previamente, en 1902, Archer Milton Huntington, compró la biblioteca sevillana del marqués de los Caballeros, por causa de no tener éste descendencia, desear mantener completa la biblioteca y no fiarse de las instituciones locales. Cobró 592.500 francos. Así perdieron Sevilla y España la más importante biblioteca privada de literatura española de la historia.

Anna Vaughn Hyatt Huntington vino a Sevilla para inaugurar la estatua del Cid Campeador, hecha por ella. Su marido era presidente y fundador de la America, junto con una estatua del Cid, donada a través de la Sociedad Hispánica de América, el matrimonio también donó dos cuadros de Valdés Leal a la ciudad de Sevilla, lo que provocó que tanto ella como su marido fueran declarados hijos adoptivos de la ciudad.

La ciudad contaba a finales del siglo XIX y primeros lustros del siglo XX con otras grandes bibliotecas por sus contenidos. Así eran valoradas las del Duque de T’Serclaer, el barón de Sabasona, José Lamarque de Novoa, el conde de Valdeinfanta, herederos de José María de Vera y Navas, Mariano Fernández Castañón, José María de Álava y Urbina y marqués de Jerez de los Caballeros, entre las más importantes.

La primera observación es que durante casi todo el siglo XIX, las bibliotecas particulares eran numerosas y muy valiosas y se ofrecían a los investigadores, curiosos y turistas que visitaban la ciudad. Así puede comprobarse en la colección de guías editadas desde 1864 hasta finales de los años treinta del siglo XX, por Manuel Gómez Zarzuela y después por su hijo Vicente. Y también en otras guías comerciales del siglo XIX. La segunda observación es que a la muerte de sus creadores, esas magníficas bibliotecas se convertían en almonedas y desaparecían.

 
 
 
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