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EL ARCHIVO GENERAL DE ANDALUCÍA ANALIZA EL MECENAZGO EN LA ÉPOCA DE MURILLO PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 19/12/2017

CHARO RAMOS

¿Dónde terminaba en los siglos XVI y XVII la ostentación social y comenzaba el coleccionismo artístico por razones de estricto gusto personal? Esa frontera permeable, difusa, es la que cruza la magnífica exposición Los Neve: mercaderes, hidalgos y mecenas en la época de Murillo, que puede leerse como una apasionante novela sobre el Barroco en el Archivo General de Andalucía (c/ Almirante Apodaca, 4). Comisariada por el director de la institución, José Joaquín Rodríguez Mateos, y en cartel hasta finales de febrero de 2018, la muestra revela, a través de documentos escritos, el ascenso económico, social y la labor de mecenazgo de la casa de los Neve. A esa saga de mercaderes de origen flamenco enriquecida con el comercio indiano perteneció Justino de Neve, canónigo de la Catedral de Sevilla y principal mecenas de Murillo. "Como los Mañara, que eran de origen corso, esta gran familia de mercaderes extranjeros naturalizados llegó a dominar el comercio con América y para ennoblecer su linaje destinó parte de su peculio al mecenazgo", afirma Rodríguez Mateos, que presentó esta muestra, la cuarta en lo que llevamos del Año Murillo, junto con el consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez, la directora del ICAS, Isabel Ojeda, y el concejal de Cultura Antonio Muñoz.

El fundador de la saga fue Miguel de Neve el Mayor, que nació en Amberes y se afincó en Sevilla a comienzos del ultimo cuarto del siglo XVI. Tras contraer matrimonio con la sevillana Francisca Pérez Franco, persiguió el reconocimiento de la hidalguía que le permitiera ennoblecer a su familia y ascender en la escala social. De todo ello deja constancia el patrimonio documental de la muestra, incluidos los legajos sobre la casa solariega que el mayor de los Neve poseyó en la plazuela de San Bartolomé con Tomás de Mañara como ilustre vecino. Sus dos hijos, Juan y Miguel, se convirtieron en dos de los mercaderes más activos de Sevilla. Tras su matrimonio con Sebastiana de Chaves, Juan tuvo ocho hijos, entre ellos Justino. Debido a su muerte prematura, su hermano Miguel, casado con Francisca Ramírez de Cartagena, hija del Veinticuatro de Sevilla Fernando Ramírez, se convirtió en tutor de los bienes de sus sobrinos.

Inventarios y documentos manuscritos destacados en la exposición del Archivo General de Andalucía.Inventarios y documentos manuscritos destacados en la exposición del Archivo General de Andalucía.
Inventarios y documentos manuscritos destacados en la exposición del Archivo General de Andalucía. / BELÉN VARGAS

En 1636, según expuso Rodríguez Mateos, Miguel de Neve fundó un mayorazgo a favor de su hija Luisa Francisca para que pudiera entroncar con familias locales adineradas. Lo hizo con el también comerciante Juan Antonio de Mañara, hermano de Miguel, pero enviudó ese mismo año. En 1641 Luisa Francisca se casó en segundas nupcias con Juan Arias de Saavedra, Alguacil Mayor de la Inquisición de Sevilla, y acabaría así obteniendo la carta de nobleza con la que soñaban los ya adinerados Neve: Arias de Saavedra compraría el título de Marqués del Moscoso gracias a su apoyo a la boda de Carlos II y ella se convertiría así en marquesa.

El Archivo General de Andalucía custodia el fondo de los Saavedra, donde se encuentra incluida la documentación de los Neve, que ahora se exhibe junto a importantes legajos y manuscritos cedidos por la Universidad de Sevilla, el Archivo de la Real Chancillería de Granada, la Catedral de Sevilla y diferentes archivos parroquiales.

La exposición se adentra en la historia de varias generaciones de la familia y muestra sus actividades económicas -algunas no exentas de controversias y pleitos-, su ambición de ascender socialmente y sus relaciones con la iglesia, ofreciendo una visión excepcional de la actividad económica, política y social de la Sevilla de la época. Especialmente interesante es la parte dedicada a las inversiones en arte que realizaron los Neve, sobre todo Rafael y su hermano Justino, que adquirieron numerosas pinturas para sus colecciones y para donarlas a instituciones religiosas como el Hospital de los Venerables.

"Quien empezó a crear una potente colección artística fue Rafael, que murió antes y legó sus tesoros pictóricos y su no menos interesante biblioteca a Justino de Neve. Éste, canónigo de la Catedral de Sevilla desde 1658, fue un clérigo tridentino y firme defensor de la Contrarreforma que, para impulsar el culto de la Inmaculada, encargó a Murillo numerosas obras que sirvieran a dicha causa", contextualizó el comisario.

Justino de Neve no fue sólo amigo y mecenas de Murillo, sino también su albacea testamentario a la muerte del artista en 1682. Reunió una importante colección pictórica y en el inventario de sus bienes, redactado a la muerte del canónigo en 1685, figuraban valiosos cuadros de Murillo, que le retrató en el célebre lienzo de la National Gallery de Londres donde aparece el escudo de armas que los Neve lograron tras importantes gestiones y desembolsos económicos.

Porque, en esta peculiar historia que recorre también los inicios del capitalismo en Sevilla, vemos cómo los Neve primero lograron el poder económico y a partir de ahí buscaron el ascenso social y nobiliario previa constatación documental de que eran "cristianos puros", un requisito indispensable para la admisión en las órdenes religiosas. De ahí que, entre los documentos más llamativos aportados por la Catedral de Sevilla, figuren el documento de limpieza de sangre de Justino de Neve y el de la concesión de su sepultura en el trascoro catedralicio (justo al lado de la tumba de Hernando Colón), así como la concesión de la vivienda a Justino que todavía existe en la esquina de Ximénez de Enciso con Cruces, una casa que pertenecía al cabildo y que identifica una piedra de molino embutida en el zócalo.

 
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