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MEMORIALES DE VELINTONIA PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 11/12/2017

EVA DÍAZ PÉREZ

Velintonia es uno de los grandes lugares de nuestra literatura. Es una casa localizada en el número 3 de la calle de ese mismo nombre en el Parque Metropolitanode Madrid, pero en realidad es un santuario de la poesía, un lugar de peregrinaje, un altar luminoso también lleno de sombras y ausencias.

Allí vivió desde 1927 hasta su muerte Vicente AleixandrePremio Nobel de Literatura. A causa de su enfermedad y la necesidad de reposo, el poeta sevillano recibía a sus amigos de generación. Aún se podría escuchar el eco de las voces de sus dos grandes amigos:Federico García Lorca Miguel Hernández. Y luego, en la grisura de su exilio interior tras la Guerra Civil, la de todos los jóvenes poetas que allí recibían consejo, amistad y cariño.

Uno de aquellos jóvenes que se convirtieron en grandes amigos de Aleixandre fue Fernando Delgado. Desde hace tiempo, en su memoria vagaban los recuerdos de las tardes en Velintonia. En aquella casa aguarda la historia secreta de la literatura, una intrahistoria de confesiones, lecturas y evocaciones.

 

Fernando Delgado reorganizó estos recuerdos para escribir un libro que sirve para rescatar aquellos momentos: «Mirador de Velintonia. De un exilio a otros (1970-1982)», publicado por la Fundación José Manuel Lara.

Aunque Fernando Delgado se sumerge en su memoria, no es un libro de memorias propias sino de los otros. En esta Velintonia convertida en casa de la memoria sigue habitando Vicente Aleixandre y todos sus amigos, porque el libro es también la reconstrucción de otros exiliados, los de fuera y los de dentro.

A lo largo de las páginas, además de Aleixandre, pasean por las estancias de Velintonia Neruda, Max Aub, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Juan Marichal, Carlos Bousoño, Francisco Brines José Luis Cano, quien también escribió otro evocador libro sobre este lugar, «Los cuadernos de Velintonia».

Aleixandre es el eje sobre el que gravitan todos, pero el libro de recuerdos de Fernando Delgado se convierte en un gran fresco emocional de los exilios, de esa España herida por la anomalía de la guerra y la dictadura, pero que, sin embargo, siguió destilando un venero de poesía.

«Vicente Aleixandre recibía en Velintonia a los jóvenes poetas y a autores de diversas ideologías», explica Fernando Delgado

«Aleixandre disfrutaba con la compañía de sus amigos, con las lecturas y las visiones literarias que se sucedían en las conversaciones. Velintonia fue lo que fue porque Aleixandre estaba enfermo y su necesidad de reposo hacía que fuera una casa de puertas abiertas. Él era muy generoso con todos, recibía a los jóvenes poetas, a escritores de diversas ideologías», aclara Fernando Delgado, autor de poemarios como «Proceso de adivinaciones» o «Autobiografía del hijo» además de las novelas «La mirada del otro», «Isla sin mar» o la reciente «El huido que leyó su esquela».

Fernando Delgado ya ha transitado por sus propios recuerdos en el libro «Paisajes de la memoria» (2010), pero en «Mirador Velintonia» se asoma a otro horizonte. Camina por sus recuerdos de los otros, por las conversaciones mantenidas con su amigo Aleixandre que han retornado en un estremecedor diálogo de ecos y silencios.

«Verdadero exilio interior»

Especialmente estremecedoras son las palabras del autor de «Ámbito» o «Espadas como labios» rescatadas por Delgado cuando explicaba su dolor y soledad tras la Guerra Civil:«Lo mío fue un verdadero exilio interior. Cuando terminó la guerra, yo, por mi grave enfermedad, no pude marchar como los demás compañeros de mi generación. (...) Me quedé solo. Y entonces me lo hizo sentir más el repudio público que se hizo de mi nombre. Se me excluyó de la convivencia. A mí se me prohibió todo lo prohibible en cuanto a la producción literaria», confesaba Aleixandre a un joven Fernando Delgado.

La reconstrucción de aquellas conversaciones ha sido un gozoso ejercicio de la memoria. «Yo ya tenía muchas cosas anotadas y escritas. No quería hacer una biografía de Aleixandre ni una investigación. Se trataba de rescatar a Alaixandre y la memoria de los otros», señala añadiendo que también ha incorporado material de recuerdo de las entrevistas que mantuvo con ellos en los programas televisivos y radiofónicos sobre libros que dirigió durante años.

Velintonia 3 aún resiste al tiempo y el olvido. La casa sigue en pie a la espera de un futuro incierto. Está en venta, aunque también existe el proyecto de convertirla en un centro dedicado al recuerdo de Aleixandre. Pero son demasiados años de promesas políticas incumplidas y de especulaciones económicas.

«Yo soy respetuoso con el derecho que tienen los herederos a hacer lo que quieran. Y también con la idea que tienen los amigos de Aleixandre de que la casa sea un espacio dedicado al recuerdo del poeta. Pero yo tengo mi opinión. No creo en las casas de escritorescomo museos y, en realidad, allí tampoco hay demasiado material museográfico. Yo pienso que el día que murió Vicente Aleixandre desapareció Velintonia».

Probablemente es cierto que Velintonia ya no existe, pero el libro de Fernando Delgado la ha llenado otra vez de vida, de charlas, de confidencias y de poesía.

 
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