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Mar

14

Jul

2009

Abandono, expolio y rehabilitación del Hospital de los Viejos PDF Imprimir E-mail
Las calles Viejos, Amparo y Viriato son los tres lados del triangulo -las tres fachadas- que conforman la planta del hospital de San Bernardo o de los Viejos. Edificio exento, de tres esquinas, de bulto redondo, si se nos permite este término asociado al arte escultórico, cualidad que hace posible su contemplación por cualquiera de sus costados. El hospital de los Viejos, caserón de recios muros, no ha recibido en las últimas décadas el trato que merecía, siendo tan noble y antigua institución, fundada en 1355 para servir de albergue a ancianos desamparados. Tuvo primera sede en la collación de Santa Catalina y luego se estableció en el solar donde posteriormente -a fines del siglo XVI o principios del XVII- se construyó este edificio que hoy subsiste a la espalda de la casa de los Saavedra, otra joya arquitectónica víctima de un expolio continuado.

El hospital, con capacidad para treinta personas, cerró en 1968, y a partir de entonces fue abandonado a su suerte, maltratado y expoliado de las dos formas que aquí, en Sevilla, suele consentirse: la forma oficial de las obras y proyectos, y la oficiosa. A finales de la década de 1970, tan sólo unos años después de su cierre, saquearon varias veces la capilla, lo mejor de la casa, hasta dejarla irreconocible; se llevaron azulejos y desmantelaron los retablos, entre ellos el principal, obra nada desdeñable de Bartolomé García de Santiago, que databa de 1729, según refiere el historiador Antonio Sancho Corbacho. Indiferencia ante los saqueos esporádicos y ante unos obras -de restauración la llamaron- donde la piqueta, a finales de esos años setenta, fue mucho más allá de lo que aquí se considera razonable, dejándonos un edificio histórico en alberca, absolutamente desprotegido. Quedaba, eso sí, el patio principal reforzado toscamente mediante pilares de hierro (uno detrás de cada columna) y la ruina de unos cuantos muros desnudos sin carpintería, sin vigas, sin los zócalos de azulejos, que se llevó por delante hasta el muro de la entrada principal de la calle Viejos. Desapareció con ello el patio secundario triangular y el azulejo de San Bernardo que había en la puerta. Lo estaban restaurando con la delicadeza que puede hacerlo la excavadora que metieron dentro.

A este monumento, no declarado como tal, sólo le falta la firma de puño y letra de su autor, el de la monumental escalera del convento de la Merced, para que se pueda decir con toda seguridad que la obra es de Juan de Oviedo, pues sólo él pudo hacer una portada tan bien compuesta y acabada como la que da paso a la capilla del hospital más antiguo en su género de Europa. Su traza manierista queda resaltada por el almohadillado del cuerpo principal y por la reja de tradición gótica de la parte superior.

Vista aérea del Hospital de los Viejos

Vista aérea del Hospital de los Viejos

Aquí de poco sirve que un edificio esté catalogado. Su nivel de protección B, muy alto, le ha servido tanto como a la vecina casa de los Artistas, patética caricatura de lo que fue, despojada miserablemente de sus alfarjes góticos sin que hasta la fecha se sepa que han hecho con ellos. Tampoco ha servido que su traza estuviera relacionada con una figura como Juan de Oviedo. Sirvan dos ejemplos similares: la casa de Vermondo Resta en la calle Santander, parcialmente destruida, o la escalera renacentista que quitaron de su sitio original en el Hospital de las Cinco Llagas, donde trabajó Hernán Ruiz. O lo que están haciendo a puerta cerrada y con dinero público en el Palacio de San Telmo.

Para colmo, para costear la destructora restauración del hospital llevada a cabo en aquellos años setenta se demolió el número 3 de la calle Viejos: una interesante edificación del siglo XVIII que perteneció al hospital con el que se comunicaba, primero a través de un arquillo que fue eliminado a mediados del siglo XIX, y luego mediante una galería subterránea que es posible que aún subsista. Conocido el hecho consumado, se paralizaron las obras, y el 20 de octubre de 1979 se abrió un expediente sancionador, dos acciones que en Sevilla tienen un significado más teórico que práctico. Pero sí es verdad que las obras se paralizaron y durante mucho tiempo, con la excepción de algunos trabajos intermedios que modificaron sustancialmente la volumetría del vértice de la calle Amparo con Viejos.

Siguieron muchos años de abandono, de lo antiguo y de lo nuevo inacabado. En 1995 se desplomó la falsa bóveda de nervadura del presbiterio de la capilla, que terminó siendo demolida entera y de la que sólo restan los arranques de los nervios, hasta que el 13 de mayo de 1997, el profesor Joaquín Egea solicitó a la Delegación Provincial de Cultura que el Hospital de los Viejos fuera declarado Bien de Interés Cultural. Tomaron nota de ello y la petición fue bien recibida por la Delegación, pero no por la Consejería de Cultura que acabó rechazándola. Hoy, el templo está abierto al culto gracias a la Hermandad de la Divina Pastora que lo tiene como sede propia; lo ha adecentado y dotado de un nuevo retablo principal después de las obras que llevó a cabo la Gerencia de Urbanismo entre 1994 y 1995, cuando remozaron la portada y reconstruyeron la cubierta siguiendo el mismo modelo que la original.

Nuevo proyecto
Por fin, en 2006 se anunció un nuevo proyecto, el que ahora acomete la Junta de Andalucía. Exteriormente lo más destacable es la recuperación del ladrillo original de la portada manierista de la iglesia, realizada en ladrillo limpio, para ser visto sin pinturas ni enfoscados, y que reaparece ahora en su verdadero color resaltando sobre el paramento liso de la fachada. Con buen tacto se han revestido los demás paramentos exteriores que ahora dejan notar un relieve suave, apenas sugerido del aparejo de ladrillo al que protege mediante una capa de mortero de cal, como es recomendable en toda construcción tradicional que se precie.
Se han conservado los herrajes externos que sobrevivieron a las temerarias intervenciones anteriores y se han aportado otros cuyo diseño es ajeno a la calidad y trazas del histórico edificio. Hierros discretos que pueden abrirse fácilmente con la ayuda de un gato, pero caprichosos por sus huecos a veces más horizontales que verticales, cuyo marco sobresale del muro lo suficiente como para remarcar que es la intervención de un arquitecto del siglo XXI sobre una obra del siglo XVI.

El contraste mayor se produce en la parte donde estaba el patio secundario, el triangular, por donde se entraba al hospital, que ahora es zona exterior desde las demoliciones de los años setenta. Choca el gran ventanal en forma de pantalla alargada que da a la calle Viejos. Poco puede verse del exterior, aunque lo suficiente para comprobar que se ha respetado la puerta lobulada y, por supuesto, el patio principal con dos frentes de arcos sobre columnas, que sigue en su planta el esquema de un trapecio. Pero, ¿y la escalera? ¿Sigue en pie? La que se ve desde fuera es metálica y con placas de metacrilato. ¿Y la fuente de mármol que había en el centro? Habrá que esperar al final de obras para hacer inventario.


 
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