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2018

CAMPUS PIROTECNIA:EL PEQUEÑO PALACIO DE PLADUR PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 26/2/2018

CRISTINA DÍAZ

El 11 de diciembre de 2008, la Facultad de Derecho impartió su última clase en la emblemática Fábrica de Tabacos. Durante las vacaciones navideñas de ese año se completó la mudanza al campus Pirotecnia, en Viapol, estrenando las aulas el 12 de enero de 2009. Hoy, diez años después, algunos profesores siguen recordando aquel momento como "un auténtico drama". El traslado no contó con el apoyo de la mayoría de los miembros de la facultad y fue considerado como una imposición. Algunos profesores incluso bautizaron al edificio como le petit palais du pladur (el pequeño palacio de pladur).

Derecho aún añora la antigua Fábrica de Tabacos. Prueba de ello es que los alumnos que este año terminan sus estudios han solicitado al decanato celebrar su acto de graduación en el histórico edificio con motivo del 500 aniversario de la Facultad.

El catedrático de Derecho Civil José León Castro fue uno de los profesores que se manifestaron en contra y que aún hoy no ha aceptado el traslado. El profesor propone para la realización de la entrevista su despacho en la facultad aunque advierte: "Esto está un poco a desmano. En Viapol. Lo bien que estábamos en la calle San Fernando", comenta con nostalgia.

Para León Castro, que también estudió en esta institución entre los años 1967 y 1972, el problema fueron las formas y el modo en el que se planteó la mudanza. "Aquello fue un empeño del entonces rector, Miguel Florencio, que continuó su sucesor, Joaquín Luque", asegura. "En aquel edificio convivían la antigua Facultad de Filosofía y Letra y Derecho. Hubiera sido más fácil, operativo y razonable que nos hubiéramos quedado nosotros y se hubieran ido las pequeñas titulaciones, que hubieran encontrado una ubicación digna en cualquier sitio".

El cambio de sede comenzó a plantearse en los años 90 debido a los problemas de masificación. La Facultad de Derecho llegó a rozar en esa década los 10.000 alumnos. "En las clases se acoplaban sillas para que los alumnos entraran. Había tanta gente en el aula que había momentos en los que el estudiante no podía ver al profesor", recuerda José León Castro. "No había infraestructuras, los exámenes eran como un campamento de Cerro Muriano, los alumnos sentados en el suelo, en los pasillos, examinándose sentados en una silla, sin mesa. Era una cosa tremenda, algo tercermundista realmente".

Los problemas de hacinamiento hacían necesario un cambio pero a partir del 2000 el número de alumnos comenzó a descender y hoy no llegan a los 5.000. "Hoy entraríamos perfectamente allí", indica Alfonso Castro, actual decano de Derecho. "Resulta paradójico, pero en la nueva Facultad tenemos menos espacio que antes, ya que compartimos espacios y aulas con la Facultad de Ciencias del Trabajo. Tenemos que contar las bancas y cuadrar muy bien los grupos para que no haya alumnos sentados en el suelo, como ocurrió poco después de mudarnos".

Castro asegura que el traslado a la nueva sede se hizo "sin el consentimiento de la facultad, que nunca llegó a votar si quería irse o no". Según el decano, contrario a la mudanza, los alumnos rechazaron en bloque el cambio, mientras que los profesores estaban divididos. "Todos los catedráticos, con un par de excepciones, firmaron un manifiesto para no irse. Los primeros en hacerlo fueron Manuel Clavero Arévalo y Manuel Olivencia. Fue muy dramático, incluso se rompieron amistades". Antonio Merchán era por entonces el decano de Derecho. "Se le dio mucha caña, yo también, y él sufrió", reconoce Alfonso Castro.

 

En su despacho, el catedrático Antonio Merchán relata cómo vivió aquella época. "Aquello fue una de las cosas más trágicas que he vivido en esta facultad. Yo disfruté toda mi vida como alumno y como profesor de la Fábrica de Tabacos y fui yo el que tuvo que capitanear el traslado". Merchán asegura que exigió que todos los profesores que fueran doctores tuvieran su propio despacho en la nueva sede. "En San Fernando había seis o siete profesores en un despacho enano y yo, sin embargo, tenía un despacho de cardenal", comenta el profesor en su actual despacho, donde apenas entra la luz.

Las obras del edificio se ejecutaron en sólo dos años, pero llegó la crisis y hubo promesas hechas por la Universidad que no se cumplieron por falta de financiación. "El edificio está bien, pero podría estar mejor. Ahora que ya ha pasado la crisis y tenemos un decano joven y con impulso, hay que trabajar en poner a punto la facultad y solucionar las carencias".

"El edificio es verdaderamente horroroso. La convivencia no existe, todo es incómodo. Eso sí, hay muchas infraestructuras tecnológicas, muchos ascensores y muchas cámaras, demasiadas cámaras", continúa el catedrático José León Castro. "Además, los alumnos no están motivados y, aunque tire piedra sobre mi propio tejado, los profesores tampoco son los mismos. Antes transmitían valores, te hacían pensar".

Para el actual decano, la salida del edificio de la calle San Fernando "fracturó" la fuerza de Derecho dentro de la Universidad de Sevilla. "Nuestra Facultad sigue teniendo prestigio y nuestros alumnos son de los más solicitados por las empresas españolas, pero el traslado fue un punto de inflexión en el respeto que se tenía a la Facultad de Derecho, emblemática, tradicional, la que había hecho nacer a la Universidad".

Castro, catedrático de Derecho Romano, adelanta que volverá a presentarse a las próximas elecciones a decano, previstas para este año, con el objetivo de "culminar una serie de proyectos" que la Facultad quiere poner en marcha, "consolidar las cosas conseguidas" en este mandato y hacer frente a nuevos retos como la ampliación de la oferta de dobles grados, la estabilidad y promoción del profesorado, la proyección internacional de la Facultad a través de convenios con otras universidades y su revitalización para volver a ser lo que fue.

 
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