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Mar

2018

EL JOAQUÍN SÁNZ MÁS INÉDITO LLEGA A LA CASA DE LA PROVINCIA PDF Imprimir E-mail
Diputación

ABC SEVILLA / 5/3/2018

JESÚS MORILLO

Joaquín Sáenz acariciaba en sus últimos años la posibilidad de exponer su pintura más íntima, la que atesoraba en su colección particular y que guardaba en su casa y su estudio, donde se contaban cuadros de paisajes urbanos de Sevilla, como el que realizó en 1984 de la Casa de la Moneda, del que nunca quiso desprenderse pese a las numerosas ofertas que recibió.

Esa posibilidad se concretó en la primavera del pasado año con la disposición del Área de Cultura y Ciudadanía de la Diputación de Sevilla de exponer algunas de esas obras en la Casa de la Provincia, seleccionadas por Francisco L. González-Camaño. El artista, sin embargo, no pudo ver realizado su deseo, ya que falleció en julio del pasado año.

De esta forma, la exposición «Joaquín Sáenz: las buenas compañías. Obras de la colección privada del pintor, 1967-1999», que se inaugura el martes en la Casa de la Provincia, se ha convertido en la primera gran retrospectiva de su producción tras su fallecimiento y un tributo a su pintura, al presentar ochenta obras, entre óleos, dibujos, acuarelas y bocetos, que, como señala su comisario, dan respuesta a su «deseo de querer ver por fin reunidas buena parte de las obras que fue realizando a lo largo de su vida y le han acompañado en su intimidad».

 

Así, la muestra, que permanecerá abierta hasta el 13 de mayo, presenta una selección de obras, de las que el 80% se expone por primera vez, en la que se pueden rastrear los temas y motivos que animaron la obra de Joaquín Sáenz. De entrada y como pintor, el paisaje, con especial predilección por el urbano de Sevilla y las playas de Conil, donde pasaba sus vacaciones. Pero también los bodegones y las escenas de interior. A ello se suman el retrato, en este caso de su familia, y sus diseños para carteles, algunos tan recordados como el de la Bienalde Flamenco de 1980 o el que realizó para el III centenario del Cristo del Cachorro, en 1982.

La muestra se completa con una selección de la serie de óleos que pintó Joaquín Sáenz sobre la Imprenta de San Eloy, que regentaba su padre, en la que creció y que fue clave en su formación como pintor, bastante autodidacta y al margen del circuito académico. La serie es propiedad de la Casa de la Provincia y permite terminar de construir la imagen de conjunto sobre su obra que da esta muestra, que abarca desde finales de los años 60 a 1999, el año en que dejó de pintar.

Óleo de la serie sobre la Imprenta de San Eloy
Óleo de la serie sobre la Imprenta de San Eloy - VANESSA GÓMEZ
La exposición «no va a sorprender a los sevillanos porque Joaquín Sáenz es muy conocido, aunque sí van sorprender muchos de los cuadros que la componen, ya que el 80% de las piezas se muestran por primera vez y porque estará viendo la cocina, el interior de la obra de Joaquín Sáenz», explica su comisario, que el pasado viernes estaba colocando cuadros en las salas de la Casa de la Provincia, junto a un compañero de generación y buen amigo del pintor fallecido: José Luis Mauri.

Esa «cocina» de la pintura puede verse en los numerosos bocetos y dibujos que presenta la exposición, algunos agrupados junto a su óleo final y al que sirvieron de soporte, como el que tiene como motivo una jarra con pinceles, que aparece colgada en la muestra junto a dos bocetos: uno a pastel y otro a pastel y acuarela.

Paisajes urbanos
La exposición muestra, sobre todo, obra de los años ochenta y noventa, la más productiva y creativa del pintor, como recuerda González-Camaño, con piezas que ofrecen una visión de la Sevilla de aquellos años, con lugares que ya no existen, como el Cine Ideal que estaba situado a pocos metros de la Alameda de Hércules, o los cuadros que pintó mostrando la isla de la Cartuja antes de la celebración de la Expo.

«En los años ochenta se dedicó a retratar Sevilla a través de sus barrios con más sabor, de ahí, por ejemplo sus vistas de Triana, pero también otros lugares en los que tenía conciencia que iban a desaparecer dentro de poco, como Chapina», señala el comisario.

Otro de los escenarios predilectos de su pintura también está representado en la exposición: la localidad gaditana de Conil, con óleos en la playa que lo muestran, sin ser un pintor abstracto, interesado en una cierta abstracción, explica González-Camaño.«Es una tendencia a la abstracción que le viene de la influencia de Zóbel, que se muestra, sobre todo, en el ámbito del color», añade.


En opinión del comisario, Joaquín Sáenz puede definirse como «pintor de la luz y la atmósfera», con una pintura que «se nutre de una técnica de marcado carácter impresionista en la que se vislumbran, no obstante, rastros del cubismo y hasta una cierta abstracción lírica muy filtrada».

Todo ello configura un artista que, mantiene González-Camaño, logra con «una magistral economía de medios», ser «uno de los mejores paisajistas que ha dado Sevilla en el siglo XX.Quizás de todos, el más refinado y profundo». De hecho, este profesor y especialista en arte, considera que su práctica pictórica «habría que inscribirla dentro de la tradición realista que emerge con pintores como Jiménez Aranda o Sánchez Perrier, y que sigue viva en artistas de su misma generación, como Carmen Laffón o José Luis Mauri».

En ese sentido, González-Camaño sitúa a este pintor en un lugar determinante en la pintura sevillana de la segunda mitad del siglo XX, junto a los mencionados Mauri y Laffón, además de Teresa Duclós, no solo como los grandes representantes de la escuela paisajista sevillana sino por definir en la ciudad una pintura menos «centrada en la línea y más en la captación de la luz y de los efectos atmosféricos». Rasgos que pueden apreciarse en los ochenta cuadros que forman esta exposición, que se revela como un viaje a la intimidad pictórica de Joaquín Sáenz.

 
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