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Mar

11

May

2010

Sn Telmo Imágenes para la Historia PDF Imprimir E-mail

 

San Telmo: Del XVII al XXI
Fachada del Palacio de San Telmo a principios del siglo XX, cuando el inmueble ya era propiedad de la Archidiócesis de Sevilla. El cerramiento de vallas desaparecería décadas después. FOTOS: ARCHIVO ABC.
Pero, como en las familias ilustres venidas a menos, tras una impresionante fachada, el Palacio ocultaba miserias y ruinas en su interior. Lo verdaderamente valioso de San Telmo era lo que se veía, mientras que ese barroco churrigueresco de la portada apenas se asomaba en unos pocos salones de la crujía principal, se cubría de tizne y olvido en la capilla interior y hacía decenas de años que había desaparecido del resto del inmueble. El San Telmo que este fin de semana abre sus puertas poco tiene que ver con lo que fue, o con lo que soñó ser. El arquitecto Vázquez Consuegra lo ha reinventado tratando de recuperar la evolución que hubiera seguido naturalmente si en estos tres siglos se hubiera respetado el diseño que quizás imaginó el maestro de obras sevillano Antonio Rodríguez en 1681, autor del inicio de la construcción encargada por Carlos II en terrenos que fueron de la Inquisición, para ubicar la escuela náutica para la Marina. de ahí su nombre, San Telmo es el patrón de los mareantes. El Palacio se empieza a construir de derecha a izquierda, desde el lado más cercano al río hacia el interior. Aunque no se conservan planos de entonces, se imaginaba una planta rectangular, con torreones en las cuatro esquinas, con un eje central. O así lo entendió la saga de los Figueroa (Leonardo, Matías y Antonio), que continúa la obra en el curso del XVIII diseñando la bellísima portada, el patio central y la capilla.
El inmueble muestra la tipología arquitectónica vinculada al barroco sevillano en la parte más cercana al río, con pequeños patios que sirven de separación a los dormitorios, la enfermería, la cocina del colegio, el refectorio (comedor), la casa del maestro, la escuela y el seminario.
Tiempos de esplendor
En ese estado queda el edificio hasta mediados del XIX, cuando alcanza su máximo esplendor al convertirse en residencia de los duques de Montpensier. Por entonces, el terreno anexo al Palacio abarcaba gran parte de lo que hoy es el Parque de María Luisa y tenía su propio embarcadero en la orilla del Guadalquivir. Antonio de Orleans, duque de Montpensier, se casaba con la hermana de la reina Isabel II, la Infanta María Luisa y, en 1849, el Gobierno enajenaba el colegio-seminario para convertirse en residencia ducal.
La readaptación del edificio a vivienda fue obra del arquitecto sevillano Balbino Marrón, que retomó el lenguaje arquitectónico de los Figueroa dándole una gran coherencia respecto a la construcción existente; crea el Salón de los Espejos y las tres fachadas restantes, demoliendo las viviendas adheridas al inmueble, presentándolo al fin exento y cerrado sobre sí mismo.
En 1897 muere la infanta María Luisa, que legó el edificio a la Archidiócesis de Sevilla para ubicar el Seminario Metropolitano. Ya en 1893 había cedido la mayor parte de sus jardines a Sevilla, que se convertirían años después en el Parque de María Luisa.
El arquitecto Juan Talavera será el encargado en 1901 de transformar el Palacio ducal en seminario, pero serían las intervenciones de los arquitectos José María Basterra, en 1926, y Galnares Sagastizábal, en 1962, las más polémicas, ya que, según los informes realizados por el Instituto andaluz de Patrimonio Histórico, «arruinaron el valor histórico» del Palacio, «ignorando su historia y las características de su trazado», eliminando los pequeños patios y sustituyéndolos por dos grandes patios centrales, que reproducen simétricamente en la otra ala. Sagastizábal, preocupado por conseguir el mayor número de celdillas para los seminaristas, compartimenta al máximo el espacio interior del edificio, y echa abajo lo que Balbino Marrón y Talavera habían construido para los Montpensier.
El paso del tiempo y la falta de atención hicieron el resto. Durante décadas San Telmo fue degradándose hasta que en 1989, siendo presidente de la Junta José Rodríguez de la Borbolla, se firmó el acuerdo entre la Iglesia y el Gobierno andaluz para la cesión del inmueble a la Junta.
La recuperación del palacio, a cargo de Guillermo Vázquez Consuegra, ha llevado años, se ha desarrollado en varias fases y se ha ocupado por ver primera de la totalidad del inmueble. La polémica está servida ahora que abre sus puertas y muestra la desaparición de los patios de Basterra, sus vanguardistas pasillos, escaleras y salones conviviendo con el barroco más tradicional.
 
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