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Mie

12

May

2010

SOS por Santa Maria la Blanca PDF Imprimir E-mail
No es el primer edificio religioso que ve clausuradas sus puertas y suspendidos sus cultos. Ni será el último. Santa María la Blanca está cerrada a cal y canto desde el pasado Domingo de Resurrección, cuando su preocupante estado de deterioro se incrementó por las lluvias caídas desde principios de año y estar en su interior se volvió peligroso.
El párroco de San Nicolás, parroquia de la que depende esta iglesia, abrió sus puertas ayer a ABC de Sevilla para mostrar cómo una de las joyas más importantes y deslumbrantes del barroco andaluz va sucumbiendo mientras espera una intervención que se ha demorado ya demasiado tiempo.
El sacerdote Manuel Mateo, también canónigo del Cabildo Catedral, recibió a primera hora de la mañana una llamada del delegado provincial de Cultura, Bernardo Bueno, que no pudo atender. Más tarde, fuentes de la citada Delegación anunciaban que «próximamente» se remitirá al Arzobispado el proyecto de restauración de las cubiertas de la iglesia, que aún está siendo sometido a ajustes, adaptándolo al Código Técnico de Edificación, para que el Ayuntamiento conceda la licencia y llegue a Palacio para que licite las obras.
«Será cuestión de unos días», dijeron a ABC las mismas fuentes. Aún en su inconcreción temporal, aparentemente cercana, no deja de ser una buena noticia para Santa María la Blanca.
Es el primer paso. Tardío, teniendo en cuenta que la Consejería de Cultura y el Arzobispado, representados por Bernardo Bueno y el cardenal Carlos Amigo Vallejo, firmaron en julio de 2009 el convenio de colaboración para acometer estas obras, cuyo presupuesto general es de 823.018 euros, el 80 por ciento aportado por la Junta y el 20 por ciento restante por el Arzobispado. El proyecto, ya redactado e informado favorablemente por parte de la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico, es, como ya se ha dicho, el que permitirá la recuperación de las cubiertas, cuyo mal estado ha propiciado que intramuros la iglesia presente un estado preocupante, que pone de manifiesto la desidia y el abandono que, por mor de diversos motivos, acaba por hacer desaparecer obras de arte.
Es lo que está sucediendo en Santa María la Blanca. Si es necesaria la actuación sobre las cubiertas es también prioritario conservar su interior. El párroco cifra en aproximadamente ocho años la primera vez que se habló de la necesidad de intervenir en el templo. Manuel Mateo lleva cinco años al cargo y recuerda que en 2004 visitó la iglesia el entonces director general de Cultura, Jesús Romero, acompañado por arquitectos. Y de ahí partió el primer proyecto de restauración «prácticamente el único que existe». «Nos contagiaron un extraordinario optimismo, nos dijeron que en el segundo semestre de 2007 se restauraría. Y ahí se quedó», dice el párroco. Siguió después el convenio entre la Iglesia y la Junta, «incluso se leyó en Santa María la Blanca y la gente aplaudió. También quedó sin más, y, en aquella ocasión la justificación fue que el dinero se destinó a otro templo de Écija». Después les prometieron que para otoño de 2009 «sólo quedan flecos burocráticos», les dijeron. Y tampoco pudo ser.
Precisamente el invierno de fuertes lluvia ha precipitado el deterioro que ya existía, multiplicándose las goteras y aumentando las grietas, incluso se ordenó cerrar la iglesia antes de Semana Santa, pero los cultos programados fueron respetados, y se esperó hasta el Domingo de Resurrección. Desde ahí hasta ayer, nada más se supo.
Ahora, aunque por fin las cubiertas sean restauradas,queda mirar con responsabilidad y presteza al interior, donde toda la sencillez exterior de esta iglesia que hasta el año 1391 fue sinagoga, se olvida mirando esa magnífica muestra barroca, tupida, suntuosa, única y singular de sus bóvedas, con yeserías de vegetación, guirnaldas, ángeles y querubines, ménsulas, pinturas, frescos, altorrelieves y azulejos. Hoy aparecen muy dañados.
Por desgracia, como puede apreciarse en las imágenes, hay zonas completamente perdidas y otras absolutamente deterioradas, con azulejos caídos, humedades tremendas y frescos ya desvaídos. En la capilla de San Juan Nepomuceno, en cuya cancela lateral, la que da al altar mayor y al retablo, que, por cierto, va inclinándose hacia la izquierda, se aprecia la presión de un muro que se viene abajo y que ha doblado incluso el hierro. El muro izquierdo del presbiterio es uno de los que peor se encuentra, con la grieta más grande del templo.
Tampoco hay que olvidar las obras de imaginería y pintura que guarda la iglesia —como la Piedad de Luis de Vargas, o cuadros atribuidos al Divino Morales o a Murillo—. Según el párroco, en breve un equipo de expertos catalogará estas obras convenientemente para que sean trasladadas en tanto duren las primeras obras de restauración de las cubiertas.
 
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