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Mar

30

Oct

2018

Un decálogo de «buenas prácticas» blindará el Barrio de Santa Cruz de los excesos del turismo PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA-EDUARDO BARBA-28.10.2018

Los ruedines de las maletas sobre el empedrado se han convertido en uno de los despertadores de cada jornada en las angostas calles del Barrio de Santa Cruz. El avance chirriante de dos trolleys tiradas por una pareja de holandeses poco después del alba hace que se asome por la ventana, entre geranios, una de las pocas vecinas de Rodrigo Caro que la gentrificación no ha echado aún de la vieja judería sevillana. Entre molesta por el ruido y vencida por la nueva realidad de su barrio. «Antes pasaba en Semana Santa y poco más, pero ahora es así todos los días...», brama con los brazos apoyados en el enrejado. Los beneficios y los problemas que genera el enorme incremento de turistas de los últimos años en Sevilla han provocado un intenso debate, similar al de otras capitales europeas donde el aluvión de visitantes ha colisionado con intereses de los residentes como Florencia, Venecia, Lisboa o Barcelona. La convivencia se ha complicado y la zona empieza a perder su personalidad y su ambiente apaciblemente provinciano de antaño.

El vecindario, de hecho, ya escribió hace unos meses a la oficina que el Ayuntamiento dispone para las reclamaciones ciudadanas (Comisión de Sugerencias y Reclamaciones), que derivó el asunto al Consorcio de Turismo para que se estudiaran medidas que frenaran lo que se denominó «pérdida de la idiosincrasia» del famoso barrio, convertido por momentos en un circo kitsch repleto de vendedores, souvenirs estandarizados, laberinto de veladores, guías a todo volumen, jóvenes de marcha y oleadas de extranjeros siguiendo un paraguas alzado. Las reclamaciones vecinales han sido analizadas por el gobierno local durante unos meses, los mismos que ha tardado el Consorcio (con el apoyo de Urbanismo) en elaborar un decálogo de medidas para preservar la idiosincrasia de esta zona histórica (habla de «proteger el ADN del barrio»), mejorar las condiciones de vida de los residentes y garantizar un crecimiento sostenible del turismo, no basado únicamente en el aumento de visitantes e ingresos.

En la llamada Declaración de Buenas Prácticas del Barrio de Santa Cruz, documento al que ha tenido acceso ABC, Turismo plantea el problema sin ambages y, muy especialmente, las iniciativas y buenas prácticas a desarrollar para «mejorar la calidad de la visita y la imagen del barrio» y también para «favorecer la convivencia con la población y la actividad económica local, minimizando los impactos negativos que se pueden producir por la afluencia de grupos turísticos en la vía pública». Todo, además, para «cuidar los recursos turísticos y el espacio público de Santa Cruz». El documento busca el compromiso de todas las partes afectadas y, de hecho, indica justo antes de los 18 puntos que componen los criterios de buenas prácticas que «las empresas de hostelería, los comercios y todos los agentes que intervienen en el desarrollo turístico de Santa Cruz se comprometen a actuar en consonancia con las recomendaciones y criterios que luego se detallan.

Cuestión de espacios
El decálogo está encabezado por una primera iniciativa muy global, que es la «limitación de las medidas de los grupos turísticos y la adaptación de su tamaño a los espacios que visitan», con la idea de evitar aglomeraciones en calles y plazas de alto tránsito y dimensiones reducidas. Se propone dividir los grupos, introduciendo la visita libre o realizando las explicaciones «con la mayor brevedad posible». En cuanto a esas rutas, también se pide la «elección adecuada de los puntos de inicio, parada y conclusión de los tours, evitando obstaculizar y bloquear entradas a edificios y cortar el paso» a otras personas.

Otro punto del decálogo es la «planificación de los itinerarios en función de los horarios de los habitantes», intentando evitar los recorridos principales para ayudar a reducir la congestión de algunas calles. Además, se incluye la «diferenciación de aquellas zonas únicamente de tránsito, donde los guías no podrán pararse a explicar detalles de la visita, con las áreas donde se permitirá la parada». En este punto, el Consorcio ha diseñado incluso un plano con las zonas delimitadas, indicándose cuál es el itinerario con «alta densidad de tránsito» de visitantes para redoblar esfuerzos de control en dicho recorrido y señalizar incluso espacios en los que los guías turísticos deben «evitar parar».

También se ha incluido en este código municipal el «fomento de las visitas programadas y la compra anticipada de entradas» con la idea de «mejorar la seguridad pública y las condiciones de accesibilidad en la calle», así como «la utilización de sistemas de radioguía y whispers (inalámbricos) para reducir la contaminación acústica en la vía pública», recalcándose que «el uso de megáfonos no está permitido». El decálogo apunta, por otro lado, la necesidad de «respeto por la privacidad de las comunidades vecinales, evitando que las explicaciones o actividades se desarrollen pegados a ventanas, casas u otros enclaves que puedan generar problemas». Al hilo de ello, se promocionará el descanso de los grupos turísticos «en los espacios que minimicen las molestias y disrupciones en la vida cotidiana».

Otro aspecto destacado del código es el punto que reclama la «preservación del patrimonio arquitectónico y del espacio público evitando conductas incívicas», algo básico que no debería ni incluirse en un decálogo de buenas prácticas por obvio pero que empieza a hacerse necesario. El documento alude después a la restricción de la circulación en bicicletas, patines o similares en grupos o incluso de manera individual en lugares de mucho tránsito peatonal, «teniendo en cuenta que algunos de esos usos están ya regulados por la ordenanza correspondiente». También se fijará un «límite de ocupación de la vía pública» para actividades de las empresas turísticas que trabajan en la calle, así como periodos festivos en los que el espacio público deberá quedar libre.

Como era evidente, el código también recoge la «obligación para todos los alojamientos turísticos de cumplir la normativa sectorial», no pudiéndose comercializar habitaciones que no estén inscritas en el Registro de Turismo de Andalucía. Los alojamientos turísticos y sus clientes, además, están obligados, según recuerda el decálogo, a cumplir la normativa relativa a violencia de género y explotación sexual, subrayándose también la necesidad de desarrollar campañas de información y sensibilización para la buena convivencia en comunidades vecinales. El documento incorpora la exigencia de promocionar el comercio local de proximidad y la gastronomía y artesanía autóctonas.

Dos de los puntos de la Declaración de Buenas Prácticas en el Barrio de Santa Cruz (duodécimo y decimotercero) que ha diseñado el Consorcio de Turismo están relacionados con el cuidado estético y los obstáculos físicos y visuales que pueblan la judería. El primero de ellos menciona la necesidad de «establecer criterios de contención para las autorizaciones de actividades lucrativas en el espacio público (veladores, venta ambulante, medios de obras...)» para que prevalezca el interés general en casos de conflicto, así como el «respeto de la senda peatonal accesible». El siguiente punto pide «evitar la proliferación de cartelería, buzones, rótulos, reclamos o expositores en fachadas para la protección del paisaje urbano». Con todo, hace varios meses que Urbanismo actúa contra estos elementos retirándolos de la calle.

La Declaración de Buenas Prácticas para el Barrio de Santa Cruz elaborada por el Consorcio de Turismo del Ayuntamiento sevillano incluye, tras las 18 medidas propuestas para mejorar la convivencia entre visitantes y residentes, un anexo en los que se señalizan los «itinerarios de alta actividad y tránsito turístico» como elemento sobre el que «se debe poner mayor énfasis en las medidas reguladoras de usos y actividades que facilitarán los objetivos desarrollados en el documento». Ese itinerario de «alta actividad» engloba el clásico recorrido desde los Jardines de Murillo y la plaza de Alfaro hasta Mateos Gago por Agua, Vida y Rodrigo Caro, además de la vuelta hacia el mismo punto por Jamerdana y del Patio de Banderas y la Plaza del Triunfo. El anexo recopila, de hecho, tanto las áreas recomendadas para la explicación de la visita turística por parte de los guías (básicamente, las plazas, que son los espacios más amplios de todo el recorrido) como las «zonas de tránsito en las que se debe evitar parar». Entre esas últimas, se indican varios puntos negros: Callejón del Agua, calle Vida, calle Jamerdana, Pasaje Vila, Pasaje Andreu y calle Mateos Gago.

 
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