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Lun

05

Nov

2018

Plagiando a la Expo PDF Imprimir E-mail

VIVA SEVILLA-M.J.FLORENCIO-15.10.2018

Hay quienes pretenden inventar la
pólvora cuando resulta que hace
mucho tiempo que se inventó;
en este caso, como mínimo los
26 años transcurridos entre la clausura
de la Expo'92 y el momento presente, en
que se ha anunciado el proyecto CartujaQanat,
que en resumidas cuentas consiste
en volver a bioclimatizar una avenida
(ahora llamada Marie Curie) del antiguo
recinto de la Muestra Universal a modo y
manera, quizás con alguna variante mínima,
de lo que ya hicieron, pensaron o
diseñaron los pioneros del bioclima en
esa misma isla de la Cartuja.
Hace unos días, el Ayuntamiento, la
Universidad Hispalense, el Parque Científico
y Tecnológico de la Cartuja, el Consejo
Superior de Investigaciones Científicas,
Emasesa y la Fundación Innovarcilla
comunicaron que han obtenido 5 millones
de euros de la Unión Europea para
el proyecto (CartujaQanat) de crear un
nuevo microclima urbano en la avenida
Marie Curie con el fin de luchar contra el
cambio climático.
El método básico consistirá en extraer
por las noches aguas subterráneas a baja
temperatura (el agua del subsuelo está
siempre a la misma temperatura,
aproximadamente), almacenarla en una
acequia (qanat) construida bajo la superficie
(no hace falta almacenarla puesto
que ya está almacenada en el subsuelo;
se puede sacar en el momento en que
haga falta), mezclarle el aire exterior a
mayor temperatura para que éste se enfríe
en contacto con el líquido elemento
(es un fenómeno conocido hace muchísimo
tiempo y se llama "enfriamiento
evaporativo", utilizado en multitud de
dispositivos) y, una vez enfriado, expulsarlo
a la atmósfera durante el día para
que refrigere el ambiente (eso fue lo que
se hizo en el telecabina aunque de forma
más complicada porque la electricidad
se obtenía de unos módulos fotovoltaicos).
Asimismo, el agua fría del subsuelo se
vertería a la superficie a través de fuentes
y de otras estructuras hidráulicas (eso ya
se hace en cualquiera de las fuentes que
existen, luego no hay nada novedoso)
con el mismo fin: reducir la temperatura
en la avenida, con lo que se conseguiría
"la transformación del espacio urbano"
y se revitalizaría la actividad en la calle
gracias a las condiciones de confort generadas
en espacios abiertos, especialmente
en los meses calurosos en Sevilla.
Pioneros
Reconoce al menos la Hispalense en su
nota de prensa al respecto que "durante
la celebración de la Expo'92 se implantaron
en el entorno de la isla de la Cartuja
diversas estrategias de control climático
en el espacio público, encaminadas a
suavizar el efecto de las altas temperaturas.
Muchas de ellas, desarrolladas enaquel momento -prosigue- por investigadores
de la Universidad de Sevilla fueron
objeto de reconocimiento internacional
por su aportación al diseño bioclimático.
Sin embargo, desaparecieron tras la finalización
del evento. Ahora, los impulsores
de CartujaQanat pretenden reactivar
(más que reactivar es copiar o plagiar)
aquellas ideas e implementar nuevas
propuestas (no creo que sean nuevas)
para fomentar el uso de la calle como
dinamizador social".
Efectivamente, el diseño bioclimático
de la Expo'92 en la isla de la Cartuja se
debió al trabajo esencialmente de la Escuela
de Ingenieros y de la Escuela de Arquitectura
de la Universidad de Sevilla:
equipos liderados por Valeriano Ruiz,
Ramón Velázquez, Jaime López Asiáin,
Servando Álvarez y José Guerra, entre
otros.
Estos profesores se enfrentaron al reto
de rebajar la temperatura en el futuro recinto
(215 ha) de la Exposición Universal,
que no era más que una isla plana en la
que tan sólo había un árbol cuando se
decidió celebrar allí el magno certamen.
Para colmo, entre el 20 de abril y el 12 de
octubre de 1992, un periodo de seis meses
que comprendía los más calurosos de
Sevilla (junio-septiembre), en el que se
había registrado oficialmente una temperatura
máxima de 45 grados.
La leyenda de Pellón
Cuenta una de las leyendas de la Expo
que al ingeniero de Caminos cántabro Jacinto
Pellón, fichado por el Gobierno de
Felipe González como consejero delegado
de la Sociedad Estatal para acabar como
fuera las obras a tiempo para la fecha
inaugural, aquello del bioclima y de la
arquitectura bioclimática le sonaba más
bien a cuento chino. Como típico norteño
pensaba que había mucho de exagerada
leyenda, exageración
muy propia de
los andaluces, en lo
del extremo calor de
Sevilla.
Hasta que decidió
trasladarse desde las
cómodas oficinas de
la Sociedad Estatal sitas
en la Casa Sundheim
de la avenida de
la Palmera al conjunto
de caracolas (hoy
ocupadas por la Gerencia
de Urbanismo)
que mandó instalar
en la isla de la Cartuja
para estar al pie de las
obras (allí se hicieron
los ensayos experimentales
de las medidas
que se propusieron).
En el primer verano
pasó tanta fatiga
por el intenso calor
que se acabaron sus prevenciones sobre
el bioclima y dio vía libre a cuanto se pudiera
hacer al respecto.
La rotonda
Y aquel equipo multidisciplinario de la
Universidad, secundado por el Departamento
Técnico de la Organizadora (Ginés
Aparicio), inventó todo tipo de soluciones
para enfriar la Cartuja, previo trabajo
científico experimental en el laboratorio
al aire libre que supuso la denominada
Rotonda Bioclimática, alzada
junto a las caracolas y que debería ser
aún visible si no la han destruido en el
tiempo transcurrido desde entonces.
Toda esa labor está reflejada de forma
muy sintética pero perfectamente comprensible
gracias también a la gran cantidad
de dibujos hechos a mano (nada de
infografías ni de diseño asistido por ordenador)
en el documento titulado Bioclimatización
de espacios abiertos. El caso
de Expo Sevilla 1992.
Allí está el germen y la explicación
científica de cuanto bioclimáticamente
se hizo en la Cartuja e incluso de lo que
pudiéndose haber hecho no se hizo, por
las circunstancias o la falta de tiempo o
de dinero.
De aquellas cabezas pensantes surgió
la idea de hacer pérgolas móviles con jardineras
(diseñadas por el finado Félix
Escrig, al igual que estructuras ligeras
tensadas) en las que pudiera crecer la vegetación
que diera sombra, una vez acabadas
las obras en las mismas, a 50.000
m2 de avenidas; las doce torres frías (una
por cada país entonces de la Unión Europea)
de 30 metros de altura en la avenida
II, que podían proporcionar una potencia
frigorífica superior a los 3,5 millones
de frigorías/hora; los micronizadores o
nebulizadores de agua, un eficacísimo
invento tan común ahora en tantas terrazas
de Sevilla y que vi copiado en un bar
de París; la denominada esfera bioclimática
(diseñada por arquitectos sevillanos
(Antonio Cano, Pedro Silva y Manuel Alvarez),
de 22 metros de diámetro, que
con sus 1.340 micronizadores permitía la
evaporación de 10 m3 de agua cada hora
y producir casi 6 millones de frigorías en
ese tiempo; las láminas de agua por doquier
y la cascada de más de 400 metros
de longitud y 6 metros de altura que discurría
por la avenida V; el sistema de climatización
de los pabellones, refrigerados
sus condensadores por agua del río
en vez de por aire para así no recalentar
la atmósfera de la isla; y un largo etcétera.
Curiosamente, los denominados pavimentos
fríos o porosos bajo los cuales
debía circular agua para refrigerar el
suelo (página 33 del documento citado)
y que también se probaron en la Rotonda
Bioclimática (inspiración clarísima para
CartujaQanat) no se utilizaron finalmente
debido a su menor eficiencia en las zonas
sombreadas (a la postre resultaron
más baratas las pérgolas con plantas) y
para no interferir en las infraestructuras
construidas con anterioridad en un proyecto
que era una carrera contra el reloj.
Olvidados
Tanto reconocimiento internacional obtuvo
el bioclima de la Expo que incluso
algún todopoderoso petrolero país árabe
quiso fichar a algunos de sus artífices para
que lo implantaran en espacios desérticos.
Pues bien, hasta donde yo sé, porque
he hablado con alguno de ellos, los padres
del bioclima de la Expo'92 ni siquiera
han sido consultados para la elaboración
de este "nuevo" proyecto (están vivos
todos aunque algunos jubilados de
la Universidad de Sevilla) presentado a
Bruselas y que copia en lo básico, con alguna
variante, lo ideado hace más de un
cuarto de siglo.
Así se pone de manifiesto cómo se gastan
5 millones de euros más de dinero
público, venga de Europa o de otro sitio,
en un espacio en cuyo microclima ya se
gastaron entonces 5.120 millones de pesetas
(hoy equivaldrían a unos 64,5 millones
de euros) y cómo, si se hubiera
seguido investigando y mejorando
(y sobre todo aplicando
por parte de las instituciones que
ahora apadrinan este plagioproyecto)
las soluciones diseñadas (y
comprobadas experimentalmente)
entonces, Sevilla estaría hoy a
la vanguardia mundial en la lucha
contra el cambio climático, con todos
los réditos económicos y científicos
que reportaría a la ciudad.
Porque, contrariamente a lo que
dice la Hispalense en su nota,
aquellas estrategias no desaparecieron
tras la Expo, sino que, como
desgraciadamente es típico
entre nosotros, fueron abandonadas
a su suerte, como perfectamente
simboliza desde hace años
la esfera bioclimática en esa misma
avenida Marie Curie.

 
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