promo

Síguenos en Twiter

Banner
Banner

Jue

08

Nov

2018

Árboles y espadas PDF Imprimir E-mail

VIVA SEVILLA-RAFAEL SANMARTIN-23.07.2018

Las espadas tienen un problema: cortan.
También las hay cortas, como
los "celtas" que ya no hay. Se han
acabado. Como las promesas. Mejor
dicho, como el cumplimiento de promesas
por los políticos. El alcalde ha prometido
plantar cinco mil árboles (5.000). El doble
de los malogrados. Su antecesor también
prometió. Prometió plantar dos mil quinientos,
que es lo mismo, pero se ahorraba
el matar otros tantos. ¿Para qué tanto trabajo?
No los cortó. Pero después de tres años
de haber cumplido su periodo, todavía no
ha empezado a plantar.
Plantar y desplantar. O sea: talar y plantar
¿para qué? Porque "aquellos árboles
han cumplido su ciclo vital". Así lo dijo el
lumbreras de San Telmo, cuando deificó a
Monteseirín, al hacerlo máximo hacedor y
decisor del momento en que "han cumplido
su ciclo vital" los seres vivos. Que eso se les
olvida. Un árbol no es un mueble. Además de
dar sombra y rebajar la calima y las agobiantes
calores del verano sevillano, absorbe
CO2, con lo cual purifica el aire; sujeta el suelo
y retiene la fuerza de la lluvia. Demasiadas
cosas. Demasiados argumentos positivos para
tenerles respeto. Debía querer decir que su
servidor había decidido, como máximo esplendor
del Olimpo, como amo de una ciudad
conquistada, terminar con el ciclo vital
de los bienhechores árboles, rebosantes de
savia y de brotes, para demostrar su fuerza. Y
cortaron, también, aquellas ramas nuevas.
Todavía no han pronunciado tan desafortunada
frase. Es igual. Aseguran que "estaban
enfermos". ¿Todos? ¿Dos mil quinientos
árboles enfermos? ¿Todos los árboles y todo
el árbol? ¿Enteritos y no sólo alguna o algunas
ramas? No se van por las ramas, vaya que
no. Los árboles enteritos. Eran un peligro.
Eso es verdad. Los árboles son un peligro: paL
as espadas tienen un problema: cortan.
También las hay cortas, como
los "celtas" que ya no hay. Se han
acabado. Como las promesas. Mejor
dicho, como el cumplimiento de promesas
por los políticos. El alcalde ha prometido
plantar cinco mil árboles (5.000). El doble
de los malogrados. Su antecesor también
prometió. Prometió plantar dos mil quinientos,
que es lo mismo, pero se ahorraba
el matar otros tantos. ¿Para qué tanto trabajo?
No los cortó. Pero después de tres años
de haber cumplido su periodo, todavía no
ha empezado a plantar.
Plantar y desplantar. O sea: talar y plantar
¿para qué? Porque "aquellos árboles
han cumplido su ciclo vital". Así lo dijo el
lumbreras de San Telmo, cuando deificó a
Monteseirín, al hacerlo máximo hacedor y
ra los regímenes. Dan sombra, es decir, cobijo.
Lo cual es un problema para el régimen.
Así, cuando aprieta la calor es mucho más
penoso mantenerse en manifestaciones y
concentraciones. Luego, sin árboles, tendrá
que haber menos. O eso esperan, que no se lo
estamos descubriendo. Lo tienen estudiado
(atado) y bien estudiado (bien atado). Seguro,
si los hubieran cuidado y podado a tiempo,
ninguna rama correría riesgo de caer, rota.
Bastaría podar las ramas peligrosas. Destrozar
el árbol entero por alguna o algunas
ramas es un castigo desproporcionado. Un
castigo al árbol y a la ciudadanía.
Si Espadas cumpliera su palabra y plantara
esos cinco mil arbolitos, habría que esperar
unos años a que cumplan su función. Los
de la calle San Fernando todavía no la cumplen.
Ni dan sombra, ni absorben suficiente
anhídrido carbónico. Los de la Avenida, los
que rebrotaban mientras decían la estupidez
de "cumplir su ciclo vital", ni siquiera dan
naranjas. Los plantaron a la ligera, sólo para
acallar protestas -igual que ahora- no estaban
programados y más que sembrar los colocaron
en pequeñísimos alcorques, que no
les permiten crecer.
Pero ¿Para qué sirve cortar para volver a
plantar?, suponiendo que se planten, que es
mucho suponer. Una cosa está más que clara.
La ciudad, no. Pero la empresa que tala y
siembra (o que sólo tala, ya veremos) ha hecho
un magnífico negocio. Pero ¿estaban tan
enfermitos o sólo eso justifica la tala? ■

 
Informacion