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Nov

2018

Viajando con Tussam PDF Imprimir E-mail

VIVA SEVILLA-M.J.FLORENCIO-12.11.2018

El alcalde, Juan Espadas, ha tenido
que dar la cara por la empresa municipal
de transportes (Tussam)
después de que la Organización
de Consumidores y Usuarios (Ocu) difundiera
las conclusiones de un análisis
sobre el funcionamiento de 13 líneas de
autobús de Sevilla más la del Metro y el
tranvía: 1, 2, 10, 11, 12, 13, 24, 27, 29, C1,
C2, C3 y C4. Ha detectado que todas sufren
problemas habituales de retrasos,
que pueden calificarse como graves en el
25% (superior a dos minutos).
Según la Ocu, de las 21 ciudades españolas
analizadas, Sevilla se encuentra
entre las cinco últimas en la escala de valoración
del servicio de autobús municipal,
ya que obtiene una mala puntuación
tanto en retrasos sobre el horario
previsto como en aglomeraciones de
usuarios, especialmente en las paradas.
Espadas ha defendido la calidad del
servicio apoyándose en el refrendo que a
su juicio supone que Tussam haya registrado
el mejor mes de octubre de los últimos
ocho años al haber transportado un
total de 7.890.255 viajeros (un 4,79%
más), pero también ha reconocido que se
necesita contratar más conductores porque
la capacidad está al límite y al tratarse
de un servicio esencial el Gobierno de
la nación debería flexibilizar las normas
de contratación.
Por su parte, los sindicatos han reconocido
implícitamente la validez del estudio
de la Ocu al achacar los retrasos
detectados al estacionamiento de vehículos
privados en los carriles de circulación
reservados a los autobuses y/o la invasión
de los mismos, un problema que
por tanto debería ser afrontado por la Policía
Local.
El estudio de la Ocu se une a otro ejecutivo
interno de Tussam fechado el 21
de septiembre y que trascendió a principios
de octubre. Según este informe sobre
el periodo comprendido entre agosto
de 2017 y agosto de 2018, la puntualidad
en las cabeceras de las líneas pasó del
82,77% al 79% y la regularidad
de las rutas, del 80,35%
al 69,77%. Asimismo, el número
total de vueltas del
conjunto de líneas se redujo
en un 16%, y el de vueltas
perdidas subió casi en un
30%. La satisfacción global
de los pasajeros bajó en un
1,05%.
Mi análisis
Me preocupa Tussam como
usuario habitual desde
siempre, como ciudadano y
como contribuyente, y también
porque la calidad de su
servicio y el grado de cortesía
que muestren sus conductores
es fundamental
para la imagen que de Sevilla se lleven los turistas. En un buen porcentaje,
el primer y el último contacto de
los turistas con la ciudad se produce a
bordo del autobús especial de Tussam al
aeropuerto, el cual transportó el año pasado
casi 850.000 personas a San Pablo.
Utilizo de forma habitual e indistinta
dos líneas de autobús para desplazarme
al Centro y una tercera de forma esporádica;
una o dos más para ir al extrarradio,
y el tranvía, todo lo cual equivale a
casi la mitad del número analizado por
la Ocu para elaborar su informe, por lo
que creo que puedo hablar con conocimiento
de causa del servicio municipal
de transportes. Veamos los últimos días,
a título de muestra.
El viernes pasado debía coger a primera
hora de la mañana un tren en San Bernardo
para viajar a otra provincia de Andalucía.
Llegué en autobús desde mi barrio
al Prado de San Sebastián a las 6:50.
Podría haber transbordado a otra línea
de autobús, pero con tal de engordarle la
decaída estadística opté por el tranvía.
Cuando llegué a su parada observé con
sorpresa que el panel luminoso indicador
del tiempo de espera no ofrecía información
alguna. Pasaba el tiempo y empecé
a plantearme si buscar otro autobús
o irme andando para no perder el tren.
El tranvía tardó unos 15 minutos en
aparecer, en una hora en que mucha
gente se desplaza a su trabajo. Cuando se
inauguró en octubre de 2007 se dijo que
habría un tren por sentido cada 7 minutos
y que recorrería la distancia entre la
Plaza Nueva y el Prado en 8 minutos. Si
al final es el doble de tiempo, muchos
optarán por ir andando. He aquí una de
las razones que explicaría su caída de
viajeros.
Repetición
Regresé a Sevilla por la tarde e hice en
tranvía el trayecto inverso, desde San
Bernardo al Prado. Pues bien, en la parada
de San Bernardo ¡tampoco se daba información
del tiempo de espera del tranvía
en el panel luminoso!, pero sí de las
líneas de autobuses (¿?). En el Prado me
subí a un autobús con destino a mi barrio.
Tras la penúltima parada antes de
aquella en la que debía bajarme pulsé
uno de los timbres para alertar al conductor.
No funcionaba. Me fui a la parte
delantera a pulsar otro. Tampoco funcionaba.
Tuve que apresurarme a llegar a la
parte trasera, donde por fin se activó
uno. Si hubiera sido una persona impedida
no habría tenido margen de actuación.
Pero es que al día siguiente, sábado,
cogí otro autobús ¡y me volvió a pasar
lo mismo con los timbres! Esto me ocurre
con demasiada frecuencia. ¿Nadie se encarga
de hacer una revisión general sobre
el funcionamiento de estos elementos?
A la vuelta de las vacaciones de verano,
tanto en septiembre como en octubre,
perdí la cuenta de las veces que me
pasé por la oficina de Tussam en el Prado
para recargar bonobuses. Imposible. Estaba
atestada de estudiantes hasta en las
escalinatas exteriores para solicitar o renovar
la tarjeta de transporte universitaria,
a lo que había que unir la entrada en
vigor del título gratuito para los menores
de 12 años. Comprobé que se habían habilitado
un par de puestos más de atención
e incluso un vigilante se encargaba
de disuadir a los no universitarios para
que se fueran a otra parte, pero es manifiestamente
insuficiente con una población
de 80.000 universitarios que colapsan
esa sede durante al menos dos meses.
¿No se puede arbitrar otro sistema?
¿No se puede poner más personal? ¿No
se pueden habilitar temporalmente mostradores
de Tussam en la Universidad?
Tijeretazo
Hablando de tarjetas, en el pleno extraordinario
de octubre se modificó el
Presupuesto de la ciudad para inyectar
350.000 euros al Maestranza y 790.000 a
Mercasevilla. No digo que no fuera necesario
pero sí llama la atención que
150.000 euros se detrajeran del bonobús
joven y 450.000 del bonobús solidario.
Dicho de otro modo: se le dio el tijeretazo
a partidas destinadas a Tussam antes
que a otras, lo cual es muy significativo
en este contexto.
También a la vuelta del verano he
vuelto a ver, en honor a la verdad después
de bastante tiempo, conductores
que convierten el autobús en una especie
de discoteca poniendo la radio a todo
volumen tras sintonizar alguna emisora
musical. A toda pastilla. Hace años me
dijo un gerente de la empresa que lo hacían
porque se aburrían y necesitaban
entretenerse en los trayectos. Eso jamás
lo he visto en ninguna otra ciudad, ni española
ni del extranjero, ni siquiera en
los autobuses turísticos, donde hay más
relajación. ¿Serán esas ciudades más divertidas
que la nuestra?
Y ya que sale a colación el turismo. Pese
al boom turístico que vive la ciudad y
los 2,5 millones de turistas que recibimos,
por la megafonía interna de los autobuses
que anuncia la próxima parada
nunca se ofrece información en inglés
para los turistas, al contrario que en muchas
urbes europeas, prueba de la distancia
que todavía nos separa de las mismas.
La aplicación
La aplicación o app de Tussam la cambiaron
digamos de formato hace meses.
Según mi experiencia ha sido para peor,
sobre todo los fines de semana, cuando
con demasiada frecuencia sólo aparece
un círculo dando vueltas sin fin o simplemente
un mensaje de que no hay información
disponible. El sábado la volví
a consultar en el Prado para ver cuánto
tiempo tardaría el autobús en llegar. Siete
minutos, según la información en la
pantalla. Sorprendentemente, apareció
en medio minuto. Cronometré entonces
el tiempo pensando en que quizás se refería
al lapso no de llegada, sino para la
partida. El autobús arrancó pasados
unos 3,5 minutos, no 7. Una persona que
hubiera confiado en la aplicación probablemente
lo habría perdido.
Me duele decirlo pero creo que nuestra
app está a bastante distancia de otras como,
por ejemplo, la de la compañía de
Estocolmo (Storstockholm Lokaltrafic o
SL), que tiene una interfaz mucho más
sencilla y práctica a pesar de que ofrece
información no sólo de los autobuses como
aquí, sino de todos los sistemas de
transporte metropolitanos de la capital
sueca, desde los trenes de cercanías hasta
los ferries, y además de forma combinada
y simultánea.
Como usuario habitual deseo, al igual
que todos los ciudadanos, que Tussam
alcance los máximos estándares de calidad.
A la luz de los informes citados y de
mi experiencia me pregunto si no sería
más útil y necesario invertir en mejorar
sus medios y su servicio (más conductores,
puesta al día de los vehículos, más
paneles informativos, megafonía bilingüe,
una "app" mucho más avanzada...)
en vez de dedicar 40 millones a ampliar
de forma redundante el tranvía.

 
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