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Los suelos que perdimos PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA-LUÍS SÁNCHEZ MOLINI-15.11.2018

Nos haremos una pregunta de vuelo raso: "¿Cuándo se convirtió el suelo del centro de Sevilla en una insulsa mancha gris? Porque los cielos de la muy noble, muy leal, muy heroica, invicta y mariana serán de un azul Inmaculada, pero las losetas que pisamos son de un granito plomizo que recuerda más a la mística, hermosa y aburrida Ávila que a la jacarandosa, caótica y pecadora Sevilla. En los últimos tiempos, ay dolor, proliferan sin freno los pavimentos cenizos que sólo sirven para hundir aún más el ánimo de los cabizbajos.

De los mupis (palabra triste, como Tussam o ascensor) que se han colocado en rúas y plazas durante la pasada Semana de la Arquitectura destacamos el que protagoniza Javier Queraltó, uno de los cuatro arquitectos que estuvo en el primer Ayuntamiento democrático, entre 1979 y 1983, con Luis Uruñuela como alcalde. En éste, el alarife reflexiona: "Desde hace unos veinte años, en el Casco Antiguo se está sustituyendo el histórico y coloreado adoquín de Gerena por el gris de Quintana y por asfalto, ¿es ésta una segunda marea negra?" En principio, podríamos sonreírnos ante la hipersensibilidad de Queraltó, pero sólo hay que comparar los adoquines de San Bartolomé, Feria o el Matadero con los de la Avenida de la Constitución o Tetuán para entender exactamente de lo que nos habla. Los primeros son, sobre todo cuando llueve, polícromos (rosados, calderas, amarillos...); los segundos son una grisalla monótona, casi soviética. La diferencia, si se mira con un poco de atención, es significativa. Cualquier acémila percibe como más primoroso el parquet del palacio de Vaux-le-Vicomte -el cual maravilló a Luis XIV- que el espantoso gres de esos pisos-fantasía que proliferan en nuestras urbes. Aplíquese el mismo criterio a la solería urbana. Comparar nuestros suelos callejeros con, por ejemplo, los muy hermosos de Estremoz (una pequeña ciudad del Portugal más pobre) produce rubor. Algo estamos haciendo mal.

Cierto es que el PGOU recomienda el uso del adoquín de granito en los suelos del centro histórico y que las canteras de Gerena -que en su día surtieron a Itálica famosa- dan señales de agotamiento, pero es hora de que se empiece a buscar alternativas para frenar esa "segunda marea negra" de la que habla Queraltó -la primera fue el asfaltado masivo a partir de los sesenta-. No en vano uno de los primeros actos de la Sevilla democrática fue arrancar la capa de chapapote que se había extendido en zonas como las plazas de San Francisco y el Salvador. Con las libertades afloró de nuevo el granito de Gerena, que empezó a usarse en el pavimento público de la ciudad sobre 1850. Su desaparición con esta segunda marea negra puede ser un pajarraco de mal agüero, de esos que vuelan raso, como este artículo.

 
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