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Mie

01

Sep

2010

BOTELLON EN LA CIUDAD SIN LEY PDF Imprimir E-mail
Un poeta alemán dijo una vez que «la noche es la mitad de la vida, y la mejor mitad». Al menos así es como lo ven los cientos de jóvenes sevillanos que cada noche ocupan las calles de la ciudad aprovechando el vacío de autoridad de los últimos meses. ABC lleva varios días haciéndose eco de la escasez de agentes que patrullan las noches de los fines de semana, debido a la falta de compromiso por parte del Ayuntamiento para abonar las horas extra. Ahora se muestran las consecuencias: el botellón, que había estado controlado desde su prohibición hace cuatro años, vuelve a las calles para el deleite de los jóvenes y la incomodidad de los vecinos. Los chavales, que se ven libres del temor a ser multados con más de cien euros, se reparten tanto por zonas prohibidas por el Ayuntamiento para el consumo de alcohol en la vía pública —Zonas Acústicamente Saturadas o del Casco Histórico— como en aquellos lugares en los que no se prohíbe el botellón pero tampoco se permite, unos «limbos» legales en los que la policía actúa con manga ancha mientras que se busca una solución definitiva que no llega. Todo vale, desde un aparcamiento de coches cercano a la discoteca hasta la acera de la calle donde se encuentra el bar de copas al que se entra después. Pero sigue habiendo lugares emblemáticos de la movida sevillana, y son los siguientes.
Alameda de Hércules
El botellón en esta zona está expresamente prohibido. Antes de ponerse en marcha el decreto «antibotellón» era una de las zonas más concurridas por los jóvenes que se reunían para beber en la calle, pero la fuerte presencia policial había mermado esta práctica hasta hacerla casi desaparecer. Ahora que la vigilancia ha disminuido, los botellones han vuelto a poblar la zona poco a poco, aunque sin llegar a los macrobotellones que se formaban hace unos años, haciendo resurgir la polémica. Por una parte está la asociación de vecinos Alameda de Hércules, que ya se movilizó por el fin del botellón en 2006. «Entre los grupitos que se forman en las callejuelas bebiendo debajo de las casas, y los veladores de los bares que abren hasta las dos o las tres de la mañana cuando están obligados a cerrar a la una, arman un escándalo que no hay quien descanse» comenta indignada una vecina. Por otra parte, muchos jóvenes aseguran que este ambiente es precisamente el encanto de la Alameda. «Este es un sitio único en Sevilla, y se lo están cargando a base de policía. La Alameda siempre ha sido una zona de marcha, quien venga a vivir aquí debería saberlo y aceptarlo» cuenta Jero, un enamorado de la Alameda que señala además que «precisamente el botellón, los bares y el ambiente de gente joven hicieron que éste dejase de ser el barrio de las prostitutas y los drogatas».
Casco histórico
El botellón también está prohibido expresamente en esta zona. A los clientes de los bares del Salvador se unen jóvenes que traen su bebida de casa desde última hora de la tarde. Más entrada la noche, se desplazan a la Plaza de la Alfalfa o a la Cuesta del Rosario para entrar en los pubs de la zona. Dolores Dávila, presidenta de la Plataforma por el Derecho al Descanso, denuncia que esta zona ha sido castigada tanto en invierno como en verano por el botellón, que «impide dormir a los vecinos hasta altas horas de la madrugada, teniendo que trabajar al día siguiente», sino que además se trata de un foco de «inseguridad» ya que «se concentran más de mil quinientos jóvenes en una zona muy pequeña». En ocasiones, estos botellones se saldan con altercados como la quema de contenedores en la Plaza Duque de Veragua, denunciada por Manuel Ruíz, presidente de la Asociación de Vecinos del Museo. «El fuego alcanzó los árboles de la plaza poniendo en peligro las casas» afirma. Otra de las principales quejas de los vecinos del centro es que «los jóvenes, ebrios, orinan en las calles y esquinas, dejando un olor repugnante». J. Félix, un asiduo del botellón en el centro, opina que no se puede generalizar. «No todos los que hacemos botellón somos unos gamberros y unos borrachos. Yo lo hago porque soy estudiante y no puedo permitirme el precio de las copas de bares y discotecas»
Capote
Las inmediaciones de la calle Radio Sevilla, a orillas del Guadalquivir, es otro de los lugares en los que está expresamente prohibido hacer botellón y que concentra los fines de semana a una importante cantidad de jóvenes. A diferencia de otros lugares, muchos de estos chicos no se dirigen luego a ningún bar o discoteca. «Venimos aquí a estar con los amigos, charlar, beber, y conocer a más gente» cuenta Julia, una joven de diecisiete años. Esto provoca que el botellón se alargue, «ya no hablamos de las tres, sino las cuatro o las cinco de la mañana. Los vecinos no pueden más», denuncia la presidenta de la Plataforma por el Derecho al Descanso. «Una vecina me ha llamado desesperada, porque tiene a su madre mala en cama y tiene que dormir todas las noches con el aire acondicionado y ventanas cerradas hasta arriba, lo que la hace empeorar, y aun así el ruido es insoportable» relata Dávila.
Chile - Paseo de las Delicias
Esta zona, una de las más frecuentadas en verano, también cuenta con una prohibición expresa de no beber en la calle. Aquí no hay vecinos a los que molestar, pero la Policía siempre ha velado por mantener a raya los botellones. No obstante, y según afirman muchos jóvenes, se ha notado una diferencia de comportamiento con respecto a principios de verano. Antonio estaba haciendo botellón con unos amigos en junio cuando «un coche de la Policía Nacional se paró frente a nosotros, se bajaron del coche y nos quitaron las bebidas, se llevaron hasta el hielo» comenta, mientras que ahora «la Policía pasa, mira, pero no dice nada». Las opciones que hay después de terminar el botellón aquí son varias: el bar Chile para una copa en un ambiente más tranquilo o las discotecas Bandalai, Casino, Alfonso y Bilindo para bailar. Aún así, son muchos los jóvenes cuyo plan es el propio botellón. «No a todos nos gusta el rollo de las discotecas y la música comercial, o tener que vestirnos de una forma determinada para entrar. Algunos preferimos beber con los amigos y nuestra propia música»
 
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