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Mie

01

Sep

2010

BEBER LOS FINES DE SEMANA BAJA EL RENDIMIENTO ESCOLAR PDF Imprimir E-mail
Según la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas, alrededor de 300 jóvenes ingresan los fines de semana en hospitales por intoxicaciones etílicas graves. Trinidad Díaz afirma que las intoxicaciones etílicas se producen más «en chavales de 15 a 25 años, que no están acostumbrados a beber y se “pasan” enseguida porque beben al “atracón”: mucho y en muy poco tiempo». Por otra parte, el alcohol sí hace distinción entre sexos, ya que afecta más a las mujeres. «Es más fácil que se intoxiquen las chicas porque pesan menos. La intoxicación etílica va en relación con la edad, la talla y el peso», advierte Trinidad Díaz.
Los jóvenes buscan en el alcohol un medio para relacionarse socialmente, sin medir las consecuencias. «El alcohol produce primero euforia y desinhibición sexual. Si se continúa bebiendo produce depresión y llanto. Con una sobredosis severa queda afectado el sistema nervioso central y se produce depresión respiratoria y circulatoria e inconsciencia, que puede llevar a la muerte», añade.
Daños neuronales
Para muchos jóvenes, beber los fines de semana se ha convertido en un hábito que no entraña peligros, una idea errónea que se ocupa de aclarar esta facultativo. «La ingesta máxima de alcohol en jóvenes afecta a su cerebro y a su sistema nervioso central si lo hace de manera frecuente y de forma masiva los fines de semana, es decir de 6 a 8 días al mes. La ingesta de alcohol trae consigo daños neuronales en los jóvenes, ya que afecta a la memoria, la planificación, la atención y a su rendimiento escolar».
A su juicio, «los jóvenes no miran las consecuencias que sus actos tendrán en su salud, no tienen conciencia del peligro de consumir alcohol de forma masiva los fines de semana porque no ven los efectos a largo plazo del alcohol, que va asociado a la agresividad, problemas familiares y bajo rendimiento académico. El consumo de alcohol a edades tempranas baja la proyección de futuro de esas personas porque el cerebro de los jóvenes está en formación, sobre todo entre los 13 y los 15 años».
Además de posibles daños neuronales, Trinidad Díaz alerta de otras consecuencias nefastas: «La ingesta máxima de alcohol provoca desinhibición sexual, con los problemas que ello conlleva de no usar preservativos, como son embarazos no deseados y Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS). Además, provoca amnesia temporal, lo que fomenta la promiscuidad sexual y el abuso de la píldora del día después porque muchas veces ellas no se acuerdan si han tenido relaciones sexuales ni con quien».
«No podemos olvidar tampoco —dice esta médico— que el alcohol provoca también hepatitis y problemas digestivos, y a más largo plazo cirrosis hepáticas por el abuso crónico de alcohol. El hábito temprano de consumo de alcohol puede provocar futuros alcohólicos porque crea dependencia». Por si fuera poco, «el alcohol —advierte— influye muchas veces en el desarrollo de enfermedades psiquiátricas, ya que desencadena a veces depresiones o brotes psicóticos si se tiene predisposición genética a padecerlos».
«Detrás de estas ingestas máximas de alcohol hay problemas educacionales importantes. El entorno familiar, la educación y la vigilancia son muy importantes. Los padres deben vigilar la conducta de sus hijos y su entorno porque estamos hablando de una edad muy difícil, en la que los jóvenes muestran gran rebeldía, desafían las normas familiares...» explica Díaz, quien afirma que «un estatus económico alto incide negativamente porque mantener lleno el bolsillo de los hijos les facilita el acceso a la bebida. Muchas veces el problema es que los chavales tienen mucho dinero».
 
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