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Jue

21

Oct

2010

LA EXPO PERDIDA PDF Imprimir E-mail

¿Qué queda de la Muestra Universal que mostró al mundo lo mejor de Sevilla? Los jaramagos del canal, el solar vacío del Palenque y la falta de uso del Pabellón del Futuro hablan por sí solos

Aquella Expo que exhibió una arquitectura desbordante en su centenar de pabellones y los últimos avances tecnológicos tanto en materia de transporte —monorraíl, telecabina— como audiovisual —en su recinto se vieron las primeras películas en 3 dimensiones que hoy llegan a las pantallas— vio primero como pabellones tan singulares como el de Japón, declarado provisional, dejaba la isla por decisión de sus propietarios, cómo iban desapareciendo elementos singulares como el cine Omnimax y los trenes del monorraíl quedaban arrumbados hasta que terminaron vendiéndose o como dejaba de tener uso la torre mirador de los jardines del Guadalquivir, hundidos por el abandono, o la torre Schindler.
La decadencia fue a más con el paso de los años y pabellones que en un principio se salvaron por su singularidad fueron desapareciendo bajo la piqueta a pesar de las protestas, como el caso del pabellón de la Santa Sede. Muchos se transformaron, es cierto, para acoger a empresas dentro del parque tecnológico y a otros —el de Andalucía, España, Finlandia, Francia, Hungría y Navegación— la Junta los incluyó en el catálogo de patrimonio histórico para protegerlos, pero al resto le salieron telarañas de olvido ante la falta de decisión sobre su futuro. Entre estos últimos se encuentra el pabellón del siglo XV, junto al actual Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, a la espera aún de acoger el Centro Andaluz de Danza, o el de la Navegación. Este, un pabellón permanente que había sido uno de los más visitados de la Expo, se mantuvo abierto durante un tiempo pero a finales de los años noventa cerró y sólo se abrió para eventos puntales; hoy está en obras para darle contenido museístico, en el que se integrará la torre mirador; y se espera ponerlo en servicio el año que viene. También el simbólico pabellón de la UE, tras bandazos diversos sobre su uso, se recupera ahora tras conseguir Cartuja 93 su cesión por el Ayuntamiento.
Estos pabellones se han «salvado», pero en la isla quedan otros muchos cuya falta de uso llama la atención. Es el caso del Pabellón del Futuro, una instalación imponente, a la que no acaba de sacársele rentabilidad. El edificio formó parte, junto con el canal de la avenida de los Descubrimientos, de los activos de Isla Mágica, que planteó incluso hacerlo hotel, pero los problemas de viabilidad del parque temático provocaron su pase a Agesa, sociedad gestora de los activos de la Expo. Esta entidad, inmersa ahora en el proceso de integración en la Junta, aún no se ha decidido sobre la propuesta de hacerlo museo del aire y debe desarrollar el espacio del canal, en la Expo lámina de agua, hoy campo de yerbas, donde está previsto que se desarrolle una de las áreas de expansión del parque tecnológico Cartuja 93.
En esa misma avenida de los Descubrimientos, que fue eje principal de la muestra, se dan otros ejemplos patentes del abandono: las instalaciones del antiguo telecabina son un nido de suciedad y refugio de vagabundos; el solar del Palenque, uno de los espacios más simbólicos de la Expo está vacío a la espera que se ejecute en él el centro de negocios previsto y junto a él hay parterres que, con sus plantas, contribuían a uno de los elementos más característicos de la muestra, su «microclima», y que hoy son depósito de malas hierbas. Parte de esas estructuras se están recuperando por parte de Cartuja 93 y otras se han reutilizado en puntos de la ciudad como el frente a la estación de Santa Justa o el recién rehabilitado muelle de Nueva York, pero gran parte de las especies vegetales que dieron sombra y color a la muestra queda sólo en la memoria.
El propio pabellón de la Naturaleza, que acogía multitud de especies exóticas estuvo abandonado durante años y sólo hace unos meses consiguió abrirse junto al recuperado Jardín Americano. Lo mismo ha pasado con la cabalgata de la Expo, algunas de sus carrozas, abandonadas durante años, se recuperaron y mostraron en la Plaza de España; la idea era reutilizarlas en el rehabilitado Muelle de Nueva York.
Y la ristra de elementos de aquella Expo desaprovechados continúa. Hoy aquel recinto casi ha olvidado la muestra e intenta reinventarse con iniciativas como la idea de convertirlo en área reservada para el coche eléctrico, como lo fue durante aquellos seis meses cuando por ella sólo podían circular esos vehículos, también hoy desaparecidos.

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