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06

Feb

2019

Santa Catalina podrá recibir el alta el 25 de noviembre PDF Imprimir E-mail

VIVA SEVILLA-MOISÉS RUIZ-19.07.2018

Han sido catorce
años, casi tres lustros sin poder acceder a uno de los templos más significativos y singulares de Sevilla. Mucho
tiempo con las puertas cerradas tanto al culto como al turismo cultural, con innumerables trabas y obstáculos
que han ralentizado su total
rehabilitación.
Pero ahora sí, la Iglesia de
Santa Catalina comienza a
ver la luz al final del túnel.
Los obreros, restauradores y
arqueólogos perfilan los últimos detalles para reabrir sus
puertas, a priori, el próximo
25 de noviembre, coincidiendo con la festividad de la santa a la que se dedica el templo
gótico-mudéjar del siglo XIV.
Este miércoles, los medios
de comunicación han podido
acceder al interior del templo
para comprobar el estado de
unas obras que se encuentran
al 70% a falta de cuatro meses
para su reapertura, según ha
confirmado el arquitecto responsable, Francisco Jurado.
Ha sido el canciller de la diócesis, Isacio Siguero, quien
ha confirmado la ansiada fecha: el 25 de noviembre Santa
Catalina volverá a estar abierta al público.
Será al término de esta tercera y última fase, que ha
contado con una inversión de
1,5 millones de euros, cuando
los sevillanos redescubran
este preciado legado del mudéjar, tras cuatro años de intensas obras con un coste de
unos 4 millones de euros en
su totalidad, y todo ello sin
contar, por ahora, con la colaboración financiera esperada
por parte de las administraciones públicas. Entre ellas,
el Ayuntamiento, que hasta el
momento no ha destinado
ninguna partida de lo pactado y firmado en el año 2014.
Abrirá en noviembre, aunque no se descarta que las tareas de conservación se sigan
ejecutando en el exterior de la
iglesia, ya que según avanza
Francisco Jurado, es intención de la constructora afrontar las obras de instalación de
una cámara bufa en el perímetro de la fachada y aún siguen a la espera del visto bueno por parte de Urbanismo.
das, islámicas y romanas, con
vestigios de la época en forma
de elementos y pequeñas
construcciones que quedarán
expuestas al público en general a través de la creación de
una "ventana arqueológica".
Por último, Domingo Martínez ha matizado que este lugar siempre ha tenido un uso
espiritual y que se levantó sobre una antigua necrópolis visigoda.
Recuperación decorativa
A falta de la pavimentación
del suelo, ya se intuye una solería blanquecina que permitirá el reflejo de las características arcadas. Y tras pronunciadas telas manchadas, los
altares recuperan su esplendor y ya aguardan a ser destapados para de nuevo acoger a
tantas imágenes exiliadas
desde hace catorce años y hoy
aún repartidas por distintos
templos de la feligresía.
Las tareas de restauración
que se están llevando a cabo
van a respetar en todo momento el estilo mudéjar del
interior de la iglesia. Las arcadas comienzan a retomar su
tono original y, además, según ha mostrado el arquitecto, se ha recuperado un interesante fresco de San Pedro
del siglo XV junto a la puerta
grande de Santa Catalina.
Este arco de herradura habría sido destruido para posibilitar la salida de los pasos
procesionales por este enclave. Pasos de hermandades,
como los dos de La Exaltación
en Semana Santa o los de
Santa Lucía, el Carmen y el
Rosario en el tiempo de Glorias, que volverán a cruzar este dintel en 2019.
Más datos y galería gráfica en
www.vivasevilla.es
Destaca de esta última fase,
entre otros, el descubrimiento de nuevos elementos arqueológicos correspondientes a eras visigodas, islámicas
y romanas, confirmando además el arqueólogo de la obra,
Domingo Martínez, que en
ningún caso el templo formó
parte del trazado de la antigua muralla de Sevilla y, además, ha descartado que el
campanario de Santa Catalina fuera antiguamente el alminar de una mezquita, si
bien pertenece a la primitiva
iglesia mudéjar, la cual decayó tras un terremoto sufrido
en el siglo de su creación. Fue
en ese momento cuando se
reconstruyó el templo tal como hoy lo conocemos.
También los medios han tenido la oportunidad de conocer de primera mano todos los
restos arqueológicos encontrados en la planta baja.
Restos arqueológicos
Los arqueólogos han descubierto en el subsuelo de la
iglesia cómo era el urbanismo
de esta zona en épocas visigodas, islámicas y romanas, con
vestigios de la época en forma
de elementos y pequeñas
construcciones que quedarán
expuestas al público en general a través de la creación de
una "ventana arqueológica".
Por último, Domingo Martínez ha matizado que este lugar siempre ha tenido un uso
espiritual y que se levantó sobre una antigua necrópolis visigoda.
Recuperación decorativa
A falta de la pavimentación
del suelo, ya se intuye una solería blanquecina que permitirá el reflejo de las características arcadas. Y tras pronunciadas telas manchadas, los
altares recuperan su esplendor y ya aguardan a ser destapados para de nuevo acoger a
tantas imágenes exiliadas
desde hace catorce años y hoy
aún repartidas por distintos
templos de la feligresía.
Las tareas de restauración
que se están llevando a cabo
van a respetar en todo momento el estilo mudéjar del
interior de la iglesia. Las arcadas comienzan a retomar su
tono original y, además, según ha mostrado el arquitecto, se ha recuperado un interesante fresco de San Pedro
del siglo XV junto a la puerta
grande de Santa Catalina.
Este arco de herradura habría sido destruido para posibilitar la salida de los pasos
procesionales por este enclave. Pasos de hermandades,
como los dos de La Exaltación
en Semana Santa o los de
Santa Lucía, el Carmen y el
Rosario en el tiempo de Glorias, que volverán a cruzar este dintel en 2019.

 
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