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Jue

25

Abr

2019

El cura de Los Pajaritos: «A los políticos les digo que vengan y vean esto, pero solo vienen en elecciones» PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA-JESÚS ÁLVAREZ-24.02.2019

Manuel Sánchez Sánchez (Sevilla, 1969) es licenciado en Estudios Eclesiásticos por la Universidad de Granada y licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, por la que obtuvo el doctorado europeo con la calificación de «sobresaliente cum laude». También es profesor en la Facultad de Ciencias de la Educación y autor de numerosas publicaciones y de varios libros sobre teología y filosofía.

A pesar de que sus afanes docentes e investigadores le han acompañado durante toda su vida, Manuel Sánchez nunca ha dejado de ejercer el sacerdocio, su primera vocación, que le ha llevado a ejercer de párroco en Carmona, Alcolea, Villanueva del Río, Cazalla de la Sierra, Camas y Sevilla-Este. Su actual destino es la parroquia sevillana de Los Pajaritos, una de las más difíciles de toda la diócesis de Sevilla y, tal vez, de Andalucía.

Imagino que Los Pajaritos no era el destino más solicitado por los sacerdotes sevillanos.

La parroquia de Los Pajaritos llevaba un año sin cura y la verdad es que era un sitio difícil que nadie elegía, pero creo que todas las parroquias son difíciles. Ahora somos tres. Francisco José Ortiz, con el que coincidí en el seminario y con el que decidí escoger ese destino. Ahora se ha incorporado también Javier Morón, un misionero que viene de África.

Aunque sea uno de los barrios más pobres de España con graves problemas de drogas, desempleo, fracaso escolar e inmigración descontrolada, parece el destino ideal de un misionero. Y de cualquier parroquia católica.

Sin duda, lo es, porque la Iglesia deben estar donde los problemas son mayores. Creo que no es un sitio adecuado para un sacerdote recién ordenado pero yo llevo veinticinco años de cura y, además, me hice cura para esto.

Usted era párroco en Sevilla Este, un destino muy diferente.

Sí. Y Francisco José Ortiz era el canónigo de San Gil, un destino con mucho poderío. El arzobispo se sorprendió cuando se lo dijimos porque los dos éramos canónigos, uno delegado de Catequesis y otro director de la Casa Sacerdotal. Pero nos ayudó en todo.

¿Qué es lo que se encontró allí?

Los Pajaritos era un barrio obrero, humilde, de trabajadores, pero se lo han ido cargando. Toda la presión de las administraciones públicas sobre el Polígono Sur no ha hecho desaparecer la droga sino que la ha movido. ¿Y dónde se ha ido? A Los Pajaritos. Sevilla no se puede permitir tener las Tres Mil Viviendas pero tampoco Los Pajaritos. Hay un núcleo en el barrio que se ha degradado mucho y que se ha «tresmilviviendizado» Se ha llenado de narcopisos y muchos de los clanes se han ido allí. Y si a eso se le suma le llegada de los inmigrantes, aquello se ha convertido en un cóctel molotov.

¿Hay mucha gente viviendo en la calle?

Sí. Y muchos «ocupas». Durante la crisis mucha gente dejó de pagar la comunidad, la luz, el agua, la hipoteca o el alquiler. Y los edificios se van deteriorando y acaban colapsando. Todo esto se contagia. Si a todos los «ocupas» los echaran de todos esos pisos, no habría sitio en todo el barrio para que pudieran vivir. No hay pisos libres y muchos alquileres cuestan entre 500 y 600 euros. Hablo de un tercero sin ascensor de cincuenta metros cuadrados.

¿Son los precios de los «narcopisos»?

Sí, hay muchos. La presión es tremenda.

¿Qué ocurre con los pisos nuevos que hizo el Ayuntamiento?

Están terminados desde hace un año pero siguen cerrados. Me temo que cualquier día les den una patada en la puerta y los ocupen.

Los vecinos a los que les correspondían tras la demolición de los bloques ruinosos no quieren volver al barrio, según el Ayuntamiento.

No, no quieren. Pero eso no es un razón para tenerlos cerrados habiendo gente en la calle o que vive en tan malas condiciones. El Ayuntamiento lleva un tiempo prometiendo que van a tirar el resto de los pisos que están en pésimo estado y los propietarios están esperando a que los hagan para poder irse a los nuevos. Y por ese motivo no invierten nada en ellos y la situación es cada vez peor.

Resignación
¿Los políticos se han resignado con Los Pajaritos, como parece que pasa con Las Tres Mil Viviendas? El delegado de Bienestar Social, Juan Manuel Flores, acaba de reconocer que no le ve arreglo a corto plazo.

La desidia administrativa es general en muchos barrios de Sevilla pero en los Pajaritos resulta insoportable. Tú pides una cita en los servicios sociales y te la dan para tres meses. En otros sitios podrá ser pero aquí no. Aquí todo es urgente. Los políticos deberían pasearse más por aquí para ver las cosas a pie de calle pero no lo hacen. Los que mandan y los que no mandan. Ahora quieren venir por la campaña electoral y me dicen que quieren que yo organice un encuentro pero les he dicho que ahora no, que cuando pasen las elecciones. Entonces los recibiremos con los brazos abiertos.

¿Ha sentido muchas veces impotencia?

Sí. Acabamos de solucionar el problema de un matrimonio que duerme en la calle pero luego surge otro igual y otro más. Es que es mucho, mucho y mucho. Cuando vas a las reuniones de Cáritas, te pones nervioso. El último caso fue una familia de cuatro personas: ella con esclerosis múltiple, uno de los hijos con Crohn, el padre se dedicaba a la venta ambulante y se había quedado sin furgoneta. Pudimos llamar a la hermandad del Silencio y consiguieron una furgoneta para que esa familia pudiera recibir algúningreso. No podemos salvarlo todo pero nos centramos en casos concretos.

¿Qué haría usted para cambiar esto?

Diversificar. Igual que antes la solución para la pobreza era ir de los pueblos a la ciudad, ahora habría que hacer al revés. En el campo hay trabajo, cosa que no hay en la ciudad para muchas personas. La gente normal de Los Pajaritos y otros barrios de Sevilla necesita un trabajo y hacen falta jornaleros. Muchos vienen de Marruecos a hacerlo. Y los pueblos son más solidarios que las ciudades y en ellos no se deja a nadie viviendo en la calle. Se le ayuda más.

¿No hay tanta solidaridad en su barrio?

Sí que la hay, pero es más de la gente de fuera que de la de dentro. Hay poca gente del barrio hacia dentro que haga esta labor de solidaridad pero sí hay mucha gente de fuera. En Los Pajaritos hay mucha pobreza pero también hay gente solidaria que hace mucho por el barrio y que incluso se ha ido a vivir allí para ayudar a la gente que lo pasa mal. Hay muchas personas con muchas ganas de servir. Conozco a padres en paro o con trabajos precarios que hacen lo posible por ahorrar para pagarle un colegio a su hijo y tratar de darle una buena educación.

Se acaba de conocer que los abogados de Guadaliuris, que agrupa a veintisiete bufetes sevillanos, ha ofrecido una beca para que un chico de los Pajaritos pueda estudiar la carrera de Derecho.

Sí, vinieron a hablar conmigo y a ofrecerse, cosa que le agradecemos muchísimo. Al final la vocación verdadera de un abogado es la Justicia.

El fracaso escolar es muy elevado aquí.

Sí. Y los maestros están muy quemados. No es fácil revertir la situación pero nos ayudaría mucho que hubiera aquí colegios religiosos con gente viviendo allí en el barrio. Sólo está el de SAFA Blanca Paloma, pero no viven aquí. Siempre he dicho que el colegio de las Irlandesas de Bami debería venirse a Los Pajaritos.

¿Qué es lo que más le llamó la atención cuando llegó?

La cantidad de candelas que hace la gente en la calle y el número de idiomas diferentes que se escuchaban. También la música a toda pastilla en las plazas y la gran suciedad que hay en las calles. Lipasam va todos los días pero ni aún así es capaz de limpiar el barrio.

¿La pobreza de Los Pajaritos no es sólo económica?

Es una pobreza, sobre todo, cultural. No hay cultura de la limpieza, de la organización familiar, del progreso, del hábito de la lectura, del cuidado del barrio, de la solidaridad entre ellos. No hay conciencia de barrio.

Dice Emilio Calderón, que es cura en las Tres Mil Viviendas, que allí hace falta autoridad. ¿Y aquí?

Aquí también. Sevilla no debería tener un barrio así y debemos denunciarlo. La Policía debería estar paseándose todos los días pero eso no ocurre. Y hace falta también que la Justicia funcione mejor. Hace poco detuvieron a un clan de veinte personas y se notó en el barrio inmediatamente. Había veinte personas menos en la calle vendiendo drogas. Pero a la semana los soltaron y todo volvió a ser igual. Contándole este problema a un político me dijo: «Mira, Manolo, tienes toda la razón, pero la droga tiene que estar en algún lado».

¿Y qué le dijo usted?

Que podía comprender, en parte, eso, pero que tenía que haber vigilancia para que esto no se extendiera. El círculo de la pobreza del cuarto mundo va estrangulando la ciudad. Empezó por las Tres Mil Viviendas y se ha extendido a los Pajaritos y empieza a hacerlo por el Polígono Norte. Y te puedes encontrar una ciudad insufrible en la que, como en las películas de zombies, un día van al centro y asaltan la ciudad. Los Pajaritos está a una hora a pie de la Catedral y a veinte minutos en metro.

Miedo
¿Ha sentido miedo muchas veces?

Es más seguro para un sacerdote con clériman pasearse por Los Pajaritos que por la Alameda. Allí me han insultado muchas veces pero aquí es raro que me encuentre con alguien que no haya ido a pedir algo a la parroquia o a Cáritas. O que no tenga un familiar que haya ido, da igual que sea gitano, musulmán o budista.

¿Hay muchos católicos en los Pajaritos?

-No. La población inmigrante es muy alta y la mayoría son musulmanes. Una vez al año los invitamos a la parroquia y se llena. El imam se llama Yihad y es un tipo muy simpático. Ahora estamos buscando una chirigota; no es muy religioso, pero es la época y hay que adaptarse.

Supongo que su labor será también hacer católicos...

Por supuesto. Nuestra tarea es evangelizar. Es más: creo que uno de los grandes problemas de Los Pajaritos y de otros barrios de este tipo en Sevilla es que no hay muchos creyentes.

¿Por qué?

Porque cuando la gente cree en Jesucristo cambian las relaciones en el matrimonio, es también más limpia porque se tiene que arreglar para ir a la iglesia, vela por la prosperidad de sus hijos, se relaciona con otro tipo de gente. El cristianismo provoca la lucha y el cambio social y no se conforma con la injusticia.

¿Dios se hace visible aquí en algún otro lugar, aparte de su parroquia?

Dios está visible en los pobres. Tú vas a llevar la comunión a los enfermos y ves la fe de la gente sencilla. Y también en los laicos que vienen aquí a ayudar a las personas del barrio y muchos se han venido a vivir con nosotros. Organizan campañas de solidaridad para ayudar a estudiar a los niños albinos de Africa que son perseguidos en sus países. Es la solidaridad de los pobres con los más pobres y para mí son héroes de la fe. A veces los niños de los Pajaritos sacan 600 euros al año para conseguir una o dos becas para los niños albinos.

 
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