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26

Abr

2019

La Casa de Murillo PDF Imprimir E-mail

VIVA SEVILLA-M.J. FLORENCIO-25.03.2019

E
l éxito de las exposiciones y actos
organizados para conmemorar el
IV centenario del nacimiento del
pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo debería servir para consolidar su legado y su revalorización artística con la ampliación, pendiente desde
hace demasiados años años ya, del Museo de Bellas Artes, aunque por su coste
podría retrasarse aún más, y con algo
que "a priori" parece mucho más factible: la recuperación como museo de la
penúltima casa en la que vivió el artista,
la situada en el número 8 de la calle Santa Teresa, frente al convento de San José
del Carmen (vulgo las Teresas), en el barrio de Santa Cruz.
En este sentido ya se ha pronunciado
dos veces el Pleno del Ayuntamiento de
Sevilla. A finales del año 2015 aprobó por
unanimidad de los cinco grupos políticos una propuesta urgente presentada
por el PP y en la que, entre otros puntos,
figuraba la solicitud a la Junta de Andalucía en cuanto propietaria del inmueble
por transferencia del Gobierno de la nación a que de cara al IV centenario recuperara la casa como centro de investigación y estudio de la escuela de Murillo y
la Sevilla del siglo de oro.
En aquel pleno se acordó también crear una comisión de seguimiento del proyecto, un proyecto que más de tres años
después sigue sin materializarse, ni siquiera pese al impulso que debería haber supuesto la celebración del Año Murillo, hasta el punto de que hemos vuelto
al kilómetro cero, en una de esas trayectorias regresivas tan típicas de esta ciudad. Y es que en el Pleno del
pasado mes de febrero de
2019 los grupos políticos, esta vez a propuesta del PSOE,
aprobaron de nuevo una moción en la que se insta a la
Junta de Andalucía a darle a
la casa de Murillo un uso vinculado a su figura (actualmente es sede de la Agencia
Andaluza del Flamenco).
Politización
Como tristemente era de esperar, ni siquiera el genial
pintor sevillano se ha librado
de la trifulca política. El PP
acusó al gobierno de Espadas
de "ineficaz e inoperante"
por no haber sido capaz de
aplicar el acuerdo adoptado
en 2015 y por promover una
moción similar "a tres meses
del fin del mandato, para pedirle a la Junta que lo haga,
algo que ya ha dicho que hará".
Así pues, los sevillanos
acabarán pensando que en
2015 el PP impulsó aquel
acuerdo no tanto en pro deMurillo y su casa-museo como por crearle un problema con su recuperación a la
Junta de Andalucía, gobernada entonces
por los socialistas, y que ahora el PSOE
repite la jugada porque el Gobierno andaluz está en manos del PP, de ahí el interés de los socialistas en subrayar que
"es fundamental la colaboración del actual titular, la Junta de Andalucía"
La casa de Murillo es otro ejemplo de
la miopía con la que actúa nuestra clase
política, la cual deja perder un activo
que previamente se había conseguido,
con motivo precisamente de otro centenario del pintor: el tercero de su muerte,
conmemorado en el año 1982. Con miras
a aquella efemérides y todavía en la Dictadura franquista, el estado compró (expropió más bien) en 1972 la casa de la calle Santa Teresa, identificada como la penúltima habitada por Murillo gracias a
las investigaciones de Diego Angulo Íñiguez, insigne historiador del arte, académico y también director del museo del
Prado.
Entre unas cosas y otras se tardó un
decenio en habilitar la casa como museo
(se consideró un anexo del de Bellas Artes), hasta el punto de que casi se pasó el
año del aniversario de la muerte del pintor, porque la entonces ministra de Cultura -primera mujer en sentarse en el
Consejo de Ministros en la Democracia-,
Soledad Becerril, no pudo presidir el acto de inauguración hasta el 13 de noviembre de 1982. Estuvo acompañada de
añorados expertos de la época como Javier Tusell, director general de Bellas Artes; Manuel Rodríguez-Buzón, delegado
de Cultura; los arquitectos Rafael Manzano y Fernando Mendoza y el diseñador
e interiorista Antonio Pérez Escolano,
entre otros.
Recreación
La intervención costó 15 millones de pesetas, una cantidad considerable para
aquella época, y se dotó de contenido al
inmueble basándose en el inventario de
los bienes que poseía Murillo al momento de su muerte, realizado por su hijo
Gaspar y localizado por Diego Angulo.
Según las crónicas periodísticas de
aquel acto inaugural, el objetivo había
sido la recreación del ambiente de la
época de Murillo y de su entorno doméstico y familiar. Mendoza y Pérez Escolano explicaron que "frente a la frialdad
del museo, en que los cuadros se alinean, en la casa los objetos, pinturas y tapices forman ambientes complejos, escenarios poéticos que rememoran otros
tiempos de nuestra historia".
Junto a detalles domésticos e íntimos,
los arquitectos y diseñadores procuraron recrear el ambiente andaluz del siglo
XVII, con gran influencia de la tradición
mudéjar. En esa línea se habilitó hasta
una cocina en la planta baja, con utensilios de barro vidriado similares a los
existentes en aquel entonces y para los
que los cuadros de Murillo y de otros artistas coetáneos suyos sirvieron de fuente de inspiración. Por su parte, el Museo
de Bellas Artes cedió mobiliario y obras
del genio para enriquecer el contenido
de su casa-museo.
Pese a todo aquel esfuerzo, incomprensiblemente la casa dejó de funcionar como museo dedicada estrictamente
a Murillo hacia 1988, tras su transferencia y las de las políticas culturales a la
Junta de Andalucía por el Gobierno de la
nación, es decir tan sólo unos años antes
de la Exposición Universal de Sevilla
1992, en otro ejemplo de miopía cultural,
porque el gran acontecimiento se podría
haber aprovechado para reivindicar mucho antes la figura de Murillo y proyectarla con nueva luz internacionalmente,
máxime teniendo como vecina la muestra "Magna Hispalensis", que se organizó en la catedral. En lugar del museo, en
la casa de Murillo se instalaron unas oficinas de la Consejería de Cultura de la
Junta.
Flamenco, prioridad
Posteriormente, en 1999, la casa del pintor incluso fue clausurada con motivo de
las humedades que se detectaron, prueba de su escaso mantenimiento. Se colgó
en la fachada un cartelón que decía: "Casa-museo Murillo. Cerrado por reformas". Incluso se redactó un nuevo proyecto de restauración y musealización
con un coste estimado (año 2007) de un
millón de euros. Las obras en el edificio
no se terminaron hasta 2009 y cuando
parecía que se iba por fin a recuperar de
nuevo la casa como museo dedicado a
Murillo, el nuevo consejero de Cultura,
Paulino Plata, que procedía de la cartera
de Turismo, Comercio y Deporte, anunció en julio de 2010 que el "edificio emblemático y cargado de historia" de la casa de Murillo albergaría dependencias
administrativas de la Agencia Andaluza
para el Desarrollo del Flamenco.
Las razones que dio para tratar de justificar su decisión fueron dos: el flamenco era ahora una prioridad para él y para
la Consejería y había que potenciar su
desarrollo y proyección internacional; y
con la instalación de la Agencia Andaluza del Flamenco en la casa de Murillo se
aprovecharía "la gran actividad turística existente en
su entorno" (barrio de Santa Cruz), porque además su
Departamento pretendía
hacer negocio con los turistas habilitando una tienda
en la planta baja del inmueble.
Efectivamente, Murillo ya
no tenía ningún interés para la Junta porque su apuesta era el flamenco, y Paulino
Plata pudo apuntarse el
tanto político de su declaración por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la
Humanidad tan sólo cuatro
meses más tarde, el 16 de
noviembre de 2010.
El pequeño detalle que no
tuvo en cuenta el consejero
era que para sede de la
Agencia Andaluza del Flamenco podían y pueden valer muchos edificios pero
que casa de Murillo sólo hay
una.

 
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