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07

May

2019

Plaza de Armas, pabellón en la Sevilla del 92 PDF Imprimir E-mail
PLAZA DE ARMAS

VIVA SEVILLA-IGNACIO MONTAÑO-26.04.2019

Casi coincidiendo con las fechas del
diario de a bordo de Cristóbal Colón
camino del Descubrimiento de América, es decir desde la primera quincena
de agosto al doce de octubre, tuvo lugar en la
Estación de Plaza de Armas, una de las sedes
del Pabellón de Sevilla en la Exposición Universal conmemorativa del Quinto Centenario
de aquel singular acontecimiento, la mayor
muestra de arte latinoamericano de la historia,
organizada por el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York (MOMA) con el patrocinio
de la Comisaria de la Ciudad de Sevilla, con el
título " Artistas Latinoamericanos del siglo XX.
1900-1992".
La antigua Estación de Córdoba formaba
parte de un Pabellón de Sevilla integrado "por
varios de sus más nobles edificios y ámbitos
urbanos donde mostrar la realidad de la propia
Ciudad cargada de historia, sus tesoros, obras
de arte, documentos de su pasado y su proyección al futuro."
Junto a ella figuraban el Monasterio de san
Clemente, el Convento de Santa Inés, la Basílica de la Macarena, la Real Maestranza de Caballería, la santa y Metropolitana Iglesia catedral,
el Real Monasterio de San Jerónimo de Buenavista y el propio Ayuntamiento de la Ciudad.
Hoy, cuando se anuncian las obras de conservación y reparación de las fachadas principales de la antigua Estación, traemos el recuerdo de aquella extraordinaria Exposición celebrada en su recinto, a cuya preparación dedicó
el MOMA dos décadas y cuya andadura europea se programó en exclusiva para Sevilla y París.
Un centenar de artistas del siglo XX aportaC
asi coincidiendo con las fechas del
diario de a bordo de Cristóbal Colón
camino del Descubrimiento de América, es decir desde la primera quincena
de agosto al doce de octubre, tuvo lugar en la
Estación de Plaza de Armas, una de las sedes
del Pabellón de Sevilla en la Exposición Universal conmemorativa del Quinto Centenario
ron más de cuatrocientas obras, siguiendo la
idea y el desarrollo del comisario de la muestra
Waldo Rasmussen, entonces director del Programa Internacional del museo, quien justificaba así la elección del "Autorretrato con mono
de Frida Kahlo", como cartel anunciador y emblema y símbolo del evento, además de su fama indudable porque "la importancia de las
mujeres en el panorama artístico es mucho
mayor en Latinoamérica que en otros continentes, especialmente a partir la década de los
años veinte".
Reunir las 400 obras supuso la implicación
de cerca de 200 instituciones y personas, entre
galerías de arte, coleccionistas públicos y privados y museos, entre ellos el propio Metropolitan de Nueva York.
Desde el mismo día de su inauguración hasta la clausura, en el ambiente multicultural
presente en Expo 92, esta manifestación cumbre del arte moderno latinoamericano supuso
colocar a Sevilla en este campo en un lugar de
privilegio de cara al futuro.
Conviene destacar el carácter didáctico del
montaje, atendiendo al criterio del comisario
Rasmussen: "Hemos prescindido de la idea de
agrupar a los artistas por países, y las nueve
secciones que forman la muestra se dividen de
acuerdo con las tendencias artísticas que se
han ido sucediendo a lo largo de este siglo en el
continente."
A cerca de trescientos cincuenta millones de
pesetas se elevó el presupuesto, de ellos doscientos con cargo a la Comisaría de la Ciudad y
ciento cincuenta como aportación del MOMA.
Ante la limitación de espacio para las presentes líneas, dentro del completísimo itinerario del catálogo, nos referiremos a las tres primeras secciones de la muestra, que abarcaban
"el modernismo latinoamericano, en la que se
incluye el legado cubista -con obras de la primera etapa de Diego Rivera, Rafael Barradas o
Tarsila do Amaral- y la herencia expresionista
-Xul Solar y Lasar Segall-. A ésta le siguen una
bien nutrida serie de obras enmarcadas en el
realismo social, con otra dedicada a los grandes muralistas mexicanos -David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, María Izquierdo, Frida Kahlo y algunos trabajos de Diego Rivera posteriores a la revolución mexicana".
Plaza de Armas fue una sede a la altura del
resto del Pabellón de la Ciudad y supuso un
complemento brillante y necesario a la formidable "Magna Hispalensis" de nuestra Catedral, verdadera joya en el conjunto general de
la mejor Exposición Universal de toda la historia.

 
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