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Portugal, un pabellón «casi desconocido» por los sevillanos PDF Imprimir E-mail
EXPO 29

ABC SEVILLA-PEDRO YBARRA BORES-15.10.2019

Aunque el Pabellón de Portugal es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, pocos sevillanos saben que el edificio que podemos ver hoy en el número 1 de la avenida del Cid, «apenas es un tercio de lo que fue la representación del país vecino para la Exposición Iberoamericana de 1929». De ello quedó constancia ayer en la conferencia que impartieron los profesores y especialistas en la historia del Pabellón de Portugal en Sevilla para la exposición de 1929, el portugués João Paulo Martins y la española Amparo Graciani, quienes disertaron de «90 años del pabellón de Portugal» ante más de 200 personas, en un acto que presidió el cónsul general de Portugal, João Queirós.

Durante la conferencia se analizó la evolución de ambos países, hasta el punto de «que atraen hoy a 105 millones de turistas al año. También se destacó el hecho de que fuera «Iberoamericana», lo que abrió las puertas a Portugal y Brasil, concepto que además une dos lenguas, hoy habladas por más de 700 millones de personas en el mundo. Según Graciani, «el motor del Congreso Internacional sobre la Exposición Iberoamericana de 1929» que se celebrará en mayo, y está especializada en «este rincón de nuestro país en Sevilla», afirmó Queirós durante su intervención, y recordó que el Pabellón Nacional (el que hoy permanece), y el Pabellón de Macao, a modo de pagoda china (hoy desaparecido) fueron dos de las principales construcciones de la presencia portuguesa.

«El primero estaba caracterizado por la «brillantez e inmediatez en su construcción», tanto por su envergadura como por el coste (3,5 millones de escudos de los diez que costó la presencia lusa)», dijo. La ubicación inicial era otra y la prensa de la época apenas hizo referencia porque «quizás había intención de que Portugal no brillase tanto en la Exposición», dijo el profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Lisboa, João Martins, quien analizó la situación política de la época.

Se repasó la presencia de Portugal en exposiciones anteriores (París en 1900 y Río de Janeiro en 1922), esta última contó también con un pabellón barroco de estilo Neo-Juan V, similar al que caracterizaría a la representación de Sevilla. «La Exposición de Sevilla era un nuevo punto de partida, una oportunidad para dar una nueva imagen y una presencia fuerte del país», añadió. Fue diseñado por los hermanos Carlos y Guillermo Rebelo de Andrade, ganadores del concurso, en cuyas bases se incluía que debían utilizarse materiales portugueses como granito de Viana, piedra calcárea de Pero Pinheiro y mármol de Estremoz.

A excepción del Pabellón Nacional, el resto de la construcción era provisional. Se trataba de un edificio de 110 metros de longitud y 60 metros de ancho en la que participaron 24 artistas. Diferentes salas (dedicadas a las colonias, arte, agricultura, comercio, industria y el salón de fiestas) y patios que se organizaban en torno a un amplio patio porticado y decorado con zócalos cerámicos, en cuyo centro se disponía la Fuente de la Juventud, de João da Silva, autor también de la medalla conmemorativa.

Dos patios dedicados a los Navegantes, con acceso desde la avenida de Portugal, que mostraban ocho bustos, actualmente entre los fondos del Museo de la Ciudad (Lisboa). Importante también fueron las esculturas, los relieves y las pinturas de las zonas altas de cada sala, obras de Barradas, Manta, Lopes, Aldemira, Gomes da Fonseca, Abel Martins o Benvindo Ceia, que junto con los escultores, yeseros, ceramistas y demás artistas consiguieron hacer un gran pabellón, cuyo mejor símbolo en su parte permanente es hoy su cúpula de 26 metros rematada en teja vidriada.

Tras la exposición muchas piezas se dispersaron, pero gran parte volvieron al Museo de Lisboa, al de la Marina y algunas pinturas fueron a Oporto. Desde el principio iba a ser temporal casi todo el pabellón. En 2004 finalizó el plazo de 75 años y fueron ampliado otros 75 años, ya que el edificio es propiedad del Ayuntamiento de Sevilla.

Tras la muestra, las piezas se dispersaron. Las esculturas fueron a museos y las pinturas a particulatres. Graciani localizó una maqueta del pabellón en 1990 y está en proyecto su restauración.

Terminó el acto con la proyección de una película sobre el pabellón y una cata de dulces y caldos portugueses.

 
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