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2019

Sevilla, una sola ciudad pero mil suelos para caminar PDF Imprimir E-mail
Pavimentos

ABC SEVILLA-JAVIER MACIAS-02.11.2019

Las grandes ciudades europeas como Barcelona, París o Londres han logrado una conjunción armónica en el urbanismo claramente reconocible. En Sevilla, la pretendida modernidad en su conjunto histórico ha fracasado y ha evidenciado la carencia de un modelo homogéneo. No existe un libro de estilo que marque cuál debe ser el pavimento que se instale en una calle ni cómo debe ser su mobiliario. La transformación del Casco Antiguo nunca ha tenido un patrón regulado ya que no existe ningún organismo superior competente en esta materia. Y así, el Centro de Sevilla es ecléctico: desde el pavimento de color albero salpicado de azulejos de la Alameda, a la la Piel Sensible del entorno de la Alfalfa, pasando por la pizarra de las plazas Virgen de los Reyes y del Triunfo, las aceras de mármol de la Judería hasta llegar al granito multicolor de la calle Baños, que ha levantado la última polémica.

Quienes denuncian esta falta de uniformidad se basan en el hecho de que el conjunto histórico de la ciudad debería estar protegido en muchas más áreas como Bien de Interés Cultural y que, como tal, las actuaciones que se realicen sobre el pavimento, que afectan a su concepción, deberían estar visadas por la Comisión Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía. Actualmente, se da la paradoja de que obras como la de la calle Mateos Gago, que sí están dentro de esa protección como BIC del conjunto histórico, deben pasar por Cultura. El resto de las zonas, como es el caso por ejemplo de la calle Baños, pasan directamente por la Comisión Local de Patrimonio, dependiente de la propia Gerencia de Urbanismo.

Esto ha dado pie a que, en cada época, cada gobierno municipal haya tenido un criterio diferente a la hora de afrontar las distintas reurbanizaciones. Dados los criterios actuales de accesibilidad, fuentes del Ayuntamiento aseguran que el adoquín tradicional de Gerena no está aceptado por su rugosidad y vetas, que lo hacen resbaladizo y ruidoso para el tráfico rodado y que los vecinos no lo quieren. Por eso, en unos sitios ha apotado por el adoquín de Quintana de la Serena, que es más liso y uniforme y en otros, como el caso de la calle Trastamara, directamente por el asfalto. Estas mismas fuentes explican que, pese a las peticiones que reciben de reutilización del clásico pavimento sevillano alisándolo, de hacerlo, el coste de la obra se duplicaría y que el de Gerena se está instalando en la corriente y los bordillos de algunas calles.

Sin embargo, el que exdelegado de Urbanismo Francisco Barrionuevo indicó en una tribuna en ABC que en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Sevilla seha demostrado que se puede seguir utilizándolo con un plano de pavimentación sin curvatura, siendo «más sostenible y económico que seguir esquilmando el territorio para traer nuevo material de canteras lejanas». Por otro lado, indicaba que «duele que se puedan oír argumentos tan mal traídos como que se actúa así tras consultar a los vecinos» y que «sonroja pensar que, en base a una interpretación así de la democracia, alguien se sienta justificado a actuar de una forma que empobrece al bien común».

Distintos estilos
La solería de granito en tiras multicolor que se está instalando en Baños pasó por la Comisión Local de Patrimonio por la vía de urgencia y salió adelante tras un proceso participativo. Sin embargo, nada tiene que ver la estética de esta vía con la que, en paralelo, se está desarrollando en la calle San Vicente. Lo mismo ocurre con los trabajos de reurbanización del barrio de San Julián, que están a punto de terminar, donde el adoquinado es hidráulico combinado con solería rosa y «podotáctiles», además de césped artificial. Este mismo gobierno municipal afrontó también hace dos años la transformación de la calle Trastamara, con un resultado claramente diferente, o las obras del Paseo de Marqués de Contadero y las de la plaza junto a la basílica de la Macarena.

Se trata de distintas soluciones de autor que no siguen un patrón determinado. Lo mismo ocurrió con el gobierno del socialista Alfredo Sánchez Monteseirín cuando se llevaron a cabo las reurbanizaciones de la Alameda, el entorno de la Alfalfa, la Encarnación (y los grandes montículos), la avenida de la Constitución, Puerta de Jerez y San Fernando; que nada tenían que ver las unas con las otras. Criterios arbitrarios que ocasionaron que, con la llegada del popular Juan Ignacio Zoido, aplicara también su patrón urbanístico, retirando parte del mobiliario instalado en la época anterior para recuperar farolas fernandinas y bancos tradicionales, alterando el proyecto original que hiciera el arquitecto de turno.

Si se mira con más perspectiva, los gobiernos de Soledad Becerril o Rojas Marcos también afrontaron polémicas reurbanizaciones, como la del entorno de la Catedral (plaza Virgen de los Reyes y del Triunfo) o, incluso, en anteriores ejecutivos, transformaciones como la del barrio de San Bartolomé. Son distintas soluciones que han provocado (y siguen haciéndolo) que haya mil suelos distintos para caminar.

 
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