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2021

Víctimas del odio y la sinrazón PDF Imprimir E-mail

Diario de Sevilla / 5/3/2021

Juan Parejo

La Hermandad de San Bernardo fue una de las que más sufrió los ataques de odio y la sinrazón que invadió Sevilla en la tarde-noche del 18 de julio de 1936. Un grupo de asaltantes atacó la parroquia del viejo arrabal en respuesta a la sublevación militar y destruyó cuanto encontró a su paso. En este suceso fueron destrozadas las dos imágenes titulares de la corporación: el Cristo de la Salud, una notable talla atribuida al círculo de Pedro Roldán; y la Virgen del Refugio, atribuida indistintamente a Cristóbal Ramos y La Roldana. La corporación supo resurgir y sobreponerse a ese duro golpe y hoy es una de las más boyantes de la Semana Santa, con una nómina de nazarenos de las más elevadas y unas imágenes titulares, sobre todo el Crucificado, de mucho mérito artístico.

"El templo de San Bernardo sufrió un asalto por parte de una turba con visibles intenciones destructoras. Este ataque se produjo sobre las 21:30 del 18 de julio. Poco antes de esa hora, dos individuos llenaban un bidón de gasolina en el cercano garaje Pazos. Con ese combustible fue rociada la puerta lateral del templo, junto a la que, con posterioridad, pudo verse el recipiente que delataba a los autores. Por fortuna, el fuego no se propagó al interior de la iglesia". Así comienza el relato de lo sucedido a esta hermandad Juan Pedro Recio en si libro Las cofradías de Sevilla en la II República, una obra imprescindible para entender estos años convulsos en torno a las hermandades de Sevilla. Recio se hace eco del acta levantada por el secretario segundo de la corporación, Ricardo Salgado, el día 20 de julio.

El objetivo de los asaltantes era claro: destrozar todo lo que pudieran. Como relata Recio, trataron de sacar al Cristo de la Salud de la parroquia y, al no poder hacerlo, le seccionaron con un hacha las piernas y los brazos para arrojarlo al fuego. Tampoco se libró de los asaltantes la Virgen del Refugio, la imagen de San Juan, atribuida a Astorga; y la Magdalena que acompañaba al Crucificado en el paso, obra de José Ordóñez.

 

"A la mañana siguiente todo era desolación en torno a la airosa iglesia parroquial. Entre los restos del incendio podía verse aún al mutilado Cristo de la Salud, que no había sido consumido por las llamas, por lo que dos individuos lo destrozaron a golpe de hacha y volvieron a arrojarlo al fuego", añade Recio en su libro. La hermandad todavía conserva algunos restos de la imagen y la cruz de la que fue arrancado aquella terrible noche se conserva en la escalera de la casa de hermandad.

Además de estas terribles pérdidas materiales y sentimentales, la peor fue el fallecimiento del párroco, José Álvarez Díaz, que sufrió un infarto tras haber estado toda la noche luchando sin descanso para apagar el fuego.

 

El profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla Andrés Luque Teruel reafirma la gran valía artística del Crucificado de la Salud, aunque advierte que la autoría no está lo suficientemente estudiada: "Se ha atribuido tradicionalmente a Roldán, pero es más una atribución popular sin el suficiente estudio detrás. Podemos decir que era una imagen de primer nivel realizada en el segundo tercio del siglo XVII, propio de la escuela roldanesca. Es, sin duda, una de las grandes pérdidas de la Semana Santa de Sevilla".

En el caso de la Virgen del Refugio, formular una hipótesis de autoría es todavía más aventurado para los expertos. "La Dolorosa es también barroca, pero no se ha estudiado y se hace difícil hacerlo a través de las fotografías. Sí podemos apreciar los perfiles más afilados propios de la segunda mitad del XVIII", sostiene Luque Teruel.

Pese a las grandes pérdidas, la Hermandad de San Bernardo supo reponer su patrimonio de manera excepcional. El vacío dejado por el Cristo de la Salud se cubrió con la cesión de otro Crucificado que salió por primera vez el Miércoles Santo de 1938. Hay que recordar que en la Semana Santa de 1937 el fantástico paso de Cristo de San Bernardo se cedió a la Hermandad de la Amargura para que pudiera procesionar en solitario el Señor del Silencio.

 

El nuevo Crucificado, imagen del XVII atribuida a Andrés Cansino y a José de Arce, procedía de la Santa Escuela de Cristo de la Natividad. La corporación, tras tantear otras opciones, obtuvo la cesión en calidad de depósito gracias a un decreto del cardenal Segura. En cuanto a la Dolorosa, primero les fue cedida una imagen que perteneció a la Exaltación. Esta talla fue restaurada y adaptada por Sebastián Santos, aunque el resultado no gustó. Finalmente, el imaginero de Higuera de la Sierra realizaría su primera obra para las hermandades de Sevilla, bendiciéndose el 1 de enero de 1939.

 
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