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23

Jul

2008

¡ POBRE CIUDAD, POBRE CIUDAD! PDF Imprimir E-mail
Pobre ciudad, pobre ciudad!»
ROCIO LACAVE. SEVILLA
11-7-2008 08:51:08
Tal día como hoy, de hace 150 años, 82 jóvenes sevillanos fueron fusilados en el muro del antiguo convento de San Laureano. Con un poco de
historia y otro tanto de tradición se ha fraguado la leyenda que actualmente se conoce de la «Piedra Llorosa».

 

Todo se remonta al reinado de Isabel II, concretamente al año 1857, cuando España se esforzaba por recuperarse de las consecuencias de la I Guerra Carlista. Mientras los isabelinos luchaban por afianzar su autoridad, las corrientes republicanas, anarquistas y socialistas emergieron con más fuerza, atrayendo a las clases más desfavorecidas.Se sucedieron entonces una serie de revueltas y guerrillas, dirigidas contra el régimen y con la pretensión de cambiar el país.

Sin embargo, estas rebeliones fracasaron y un grupo de sevillanos liberales, casi todos ellos menores de edad, fueron ejecutados ante la presencia del resto de ciudadanos, entre los que se encontraba el entonces alcalde de la ciudad, García de Vinuesa. Éste hizo todo lo que estaba a su alcance para evitar los fusilamientos, pero el esfuerzo fue inútil y finalmente el ajusticiamiento de los jóvenes tuvo lugar en la confluencia de las calles Marqués de Paradas y Alfonso XII.

Debido a la impotencia que sintió en aquel momento y conmocionado por lo que acababa de presenciar, el alcalde se sentó en una piedra para llorar, mientras clamaba «¡Pobre ciudad, pobre ciudad!». Por esta razón, a esta piedra, que se conserva en el mismo lugar, hoy se le conoce como «Piedra Llorosa».

Contra la pena de muerte

El alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, descubrió ayer una placa que conmemora el 150º aniversario de
esta efeméride. Con ello, se pretende acabar con el halo de indiferencia y desconocimiento por parte de los sevillanos que reina en este rincón.

 

El acto, que contó con la participación de Manuel Grosso, pretendía ser un homenaje a la figura de García de Vinuesa, «un hombre cabal», en palabras del propio Grosso y también para «recalcar la indignidad de la pena de muerte», añadió. Por otra parte, comentó que «la verdadera ciudad está hecha de sentimientos, de cicatrices, de amor y de desencuentros. Querría que este acto sirviera para comprender que en estos pequeños detalles son en los que habita Sevilla. Esta piedra tiene gran valor sentimental para muchos ciudadanos»

 

Posteriormente tomó la palabra el alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, quien con anterioridad había bromeado, dejando claro que él no se sentaría en la Piedra para hacerse la foto, ya que no tenía motivos para llorar.

Monteseirín remarcó la idea de la riqueza cultural, artística, patrimonial e histórica de la ciudad, «literalmente vivimos sobre decenas de estratos bajo nuestros pies, que guardan las historias de las generaciones que nos precedieron. Aquéllas que hicieron posible que Sevilla sea hoy sea universalmente reconocida».

Respecto a la «Piedra Llorosa», que «emerge como la punta de un iceberg», el alcalde quiso lamentar las pérdidas que sufrió Sevilla en aquellos días del lejano 1857 y comentó que «es un elemento fundamental de la ciudad para comprender lo que hoy somos. Queda patente que hay mucha Sevilla que no vemos, debajo y detrás de nosotros. Estamos obligados a legar ese tesoro a nuestros hijos».

Según el alcalde, «podríamos decir que es la propia renovación de la ciudad la que nos está permitiendo descubrir buena parte del pasado. Nos da oportunidades, pequeñas como esta piedra, y grandes como otros muchos hallazgos hechos en la ciudad, de conservar el recuerdo arqueológico y monumental de la ciudad».

Monteseirín aludió al antiguo alcalde, afirmando que «el alcalde García de Vinuesa nos ha convocado aquí, 150 años después para darnos una lección de dignidad personal, pero también de dolor, de indignación ante la injusticia, ante una serie de valores absolutamente superados gracias al consenso de los ciudadanos de la sociedad democrática en la que vivimos.

«Una pequeña piedra, pero una gran lección. Una pequeña historia, pero una gran leyenda. Una pequeña cosa, pero un gran acto», concluyó el primer edil, cerrando un acto que pretendía ser un homenaje a otro alcalde que dio la cara por los sevillanos, García de Vinuesa.

 
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