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Mie

21

Mar

2012

¿Qué hacemos con San Telmo? PDF Imprimir E-mail
San Telmo

 

Uno recuerda, ahora, los argumentos que los miembros más destacados del mester de progresía siempre han repetido como papagayos. Sostenían que la Junta de Andalucía debía ocupar los mejores edificios de la ciudad para darle dignidad a nuestros representantes públicos. El argumento se repetía por la mañana y por la tarde, a mediodía y a medianoche. Gota malaya, con perdón. Quien se oponía era tachado de enemigo de Andalucía. De ahí a la lista negra sólo había un paso. La Junta compró, alquiló o rehabilitó los mejores inmuebles de la ciudad mientras su director general de Trabajo concedía ayudas a la remanguillé con el yintoni que ahora no le pondrán en el pub Barrote's. ¿Para eso querían los palacios barrocos, los hospitales renacentistas, las casas solariegas y los mejore bloques de oficinas?

La pregunta rebota sobre el silencio en el que se han refugiado los que identificaban esa dignidad con el edificio donde residía la inmensa maquinaria que sólo sabía hacer una cosa: reproducirse a sí misma para emplear a todos los cargos orgánicos del partido. Llegados a este punto es inevitable soltar el misil que derriba la tramoya donde se asienta este Régimen tejido con falacias y eslóganes: la dignidad no está en el continente, sino en el contenido. Y eso es lo que le ha faltado a la Junta de Andalucía durante los últimos años, la dignidad necesaria para ejercer el poder de forma honrada y honesta.

Sería higiénico que San Telmo se convirtiera en el Palacio de la Dignidad, pero de verdad. En un lugar abierto a todos y no en el centro del poder omnímodo que ha querido controlarnos con los tejemanejes de la red clientelar urdida a tal efecto. Un palacio de puertas abiertas, visitable, digno de un pueblo que se rebela ante la corrupción de uno u otro signo, y que es capaz de plantarse ante el primero que se atreva a llevarlo por el carril del caciquismo. Ojalá sucediera eso alguna vez. Y a los que identifican la dignidad con el lugar, que se vayan a los bares de copas donde se adjudicaba el dinero de los parados mientras el yintoni de bifíter no dejaba de rular. A ver si se enteran de una vez, ya que van de enterados por la vida.

 
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