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21

Mar

2012

Santa Rosaliia, un convento cofradiero PDF Imprimir E-mail

Acaban de cumplirse 250 años del incendio que destruyó el cenobio, que fue reconstruido en tres años

Día 12/03/2012

SEVILLA

Uno de los conventos más cofradieros de Sevilla acaba de cumplir el 250 aniversario de su destrucción a causa de un incendio, que arrasó con la práctica totalidad del que entonces era un riquísimo patrimonio, y de su reconstrucción en el breve plazo de tres años, un periodo de tiempo sorprendente en la época. La efeméride aun siendo infausta, ha propiciado que se piense en celebrar algún culto extraordinario en torno a una de las más deliciosas devociones de la ciudad: a Virgen del Tránsito.

Sin duda, la comunidad de las clarisas capuchinas, cuya iglesia es una auténtica joya, contará con el apoyo de las hermandades que han sido acogidas entre sus muros, porque las capuchinas clarisas han abierto sus puertas en diferentes etapas y a causa de obras en sus sedes canónicas al Gran Poder, la Vera Cruz o la Soledad de San Lorenzo —ésta hace más de cuarenta años—, manteniedo con alguna vínculos de agradecimiento. Sobre todo, en este ámbito de relación, destaca la conexión con la Hermandad de los Humeros, a la que la comunidad otorgó la carta hermandad en el año 2000, y a la que desde hace más de treinta años, por la cercanía física y sentimental, se mantiene unida y que en la actualidad, se ha convertido, más si cabe, en una entregada protectora del cenobio.

Abanderando esta defensa del convento se encuentra el recién elegido hermano mayor de los Humeros e historiador, Antonio Martínez, quien califica la vinculación con la comunidad de «espiritual y física, entre la vida contemplativa y la vida activa». No en vano conoce al dedillo los usos, costumbres, tradiciones y ritos de estas clarisas capuchinas, y está sirviendo de puente entre las viejas hermanas, que, como en otros cenobios sevillanos, van desapareciendo, y las nuevas, que, en este caso, van llegando, fundamentalmente de Kenia, para la transmisión de estos saberes y acervos conventuales que de otra forma acabarían perdiéndose.

Está en el pensamiento de la clarisas capuchinas y de la Hermandad de los Humeros diseñar algún tipo de culto extraordinario dedicado la Virgen del Tránsito, que cada 15 de agosto recibe la visita de cientos de sevillanos devotos, para recordar este aniversario del incendio, que obligó a la construcción del convento y la iglesia prácticamente en los términos que hoy conocemos, aun a falta de algunos espacios de los que tuvo que desprenderse la comunidad a lo largo del tiempo y por distintas circunstancias debidas a la pura necesidad económica.

La fundación

D Todo el recinto en el que Sor Josefa Manuela de Palafox Cardona fundara en 1701 en Sevilla el convento bajo el auspicio de su hermano, el arzobispo Jaime de Palafox, que trajo desde Palermo la devoción a Santa Rosalía, sucumbió en un pavoroso incendio del 13 de agosto de 1761, en el primer día del triduo por el patronato de España y América de la Inmaculada. Una pavesa de la mucha cera que había en el culto o una vela que cayó sobre flores de tela en el altar mayor, prendió el fuego, que se propagó rápidamente y pasó de la iglesia a la clausura. Las crónicas de la época dan cuenta de la magnitud del incendio que amenazaba a las casas aledañas al convento. Todo quedó destruido, pero el Santísimo pudo ser salvado y llevado al Sagrario de San Lorenzo y las mojas fueron rescatadas y trasladadas al convento de San Clemente. En este punto de la historia de aquella tragedia, surge una leyenda que recoge que en el fragor del fuego se escuchó una voz: «Llevadme con mis

hijas», «llevadme con mis hijas». Las palabras salían del sepulcro de Sor Josefa. Al abrirlo, se comprobó que su cuerpo permanecía incorrupto. Así, la fundadora fue llevada con sus hijas y se abrió un proceso de beatificación, que quedó paralizado, precisamente, por haber sido abierta la tumba. Sor Josefa Manuela, no obstante, ya había predicho que nunca sería santa, según narra Antonio Martínez.

D El cardenal Francisco Solís Folch Cardona —sobrino de la fundadora—, a la sazón arzobispo de Sevilla, ordenó que las obras se iniciaran inmediatamente, «con otras tantas más ventajas, quanto huviesse reducido a cenizas la llama», acorde al «Patronato de su Dignidad» y pagando prácticamente de su bolsillo la recuperación del convento. A los tres años volvía a estar levantado el cenobio y recibió en procesión el cuerpo de la fundadora. Es la historia de este recinto de clausura, desconocida para algunos. Con realidades que pasan inadvertidas, como el lujo de presenciar ese momento de la Madrugada en el que las monjas de Santa Rosalía salen al atrio de su iglesia en la estrecha calle Cardenal Spínola para cantarle al Gran Poder desde detrás de la reja. Son los ritos de esa Sevilla íntima y sentimental que guarda la estampa del lugar de honor que ocupan las monjas en la Hermandad de la Vera Cruz, que cada Viernes de Dolores va en via crucis expresamente hasta el monasterio para

llevarles el Cristo, justo antes de subirlo al paso para su salida procesional de Lunes Santo, y que el segundo domingo de septiembre traslada a la Virgen de las Tristezas hasta el cenobio para que presida la Función de los Dolores Gloriosos, según narró el hermano mayor de la Vera Cruz, Francisco Berjano, quién también explicó que las religiosas rezan el Lunes Santo mientras la cofradías realiza su estación de penitencia y que el Jueves Santo, tanto los Humeros como Vera Cruz celebran junto a las clarisas capuchinas los Santos Oficios.

Igualmente, y por derecho propio, la Hermandad de los Humeros, lleva a su Divina Pastora cada 12 de octubre y celebra un Rosario de la Aurora hasta allí con su coro de campanilleros, el único que ha recuperado coplas del siglo XVIII, una tradición que se perdió en Sevilla.

 
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