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Los mimbres de Juan Lebrón- Carlos Colón
Nos presentó Pablo Juliá. Por aquel entonces yo escribía en la edición andaluza de El País, de la que Pablo fue uno de los creadores y el editor gráfico. Juan Lebrón, amigo suyo, le daba vueltas a la idea de hacer una película sobre la Semana Santa que formara un díptico con otra sobre la feria para que se proyectaran conjuntamente durante la Expo, ofreciendo a los visitantes una impresión sensorial de las dos mayores fiestas sevillanas. Por eso debían durar entre 45 y 50 minutos, sumando la duración habitual de un largometraje. El proyecto de la proyección conjunta no cuajó y las películas tuvieron vidas independientes.
Para Juan Lebrón lo más importante era ese carácter de impresión, muy alejado de los documentales convencionales. La feria se convirtió en la maravillosa esencialización velazqueña de Sevillanas que dirigió Carlos Saura, fotografió José Luis Alcaine, montó Pepe Salcedo y dirigió musicalmente Manolo Sanlúcar. Juan desbordaba lo hasta entonces conocido en la producción andaluza y sevillana, pensaba a lo grande y no paraba hasta conseguir a los mejores. Desde las sevillanas boleras a Camarón, pasando por Matilde Coral, Pareja Obregón, Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Rocío Jurado o una Lola Flores arrolladora, allí estaban la historia, la esencia, la calidad y la verdad. Por aquel entonces triunfaba el boom de las sevillanas. Juan navegó a contracorriente con una radicalidad que Saura –reciente su trilogía con Gades– supo captar, separando el grano de la autenticidad de la paja del mercado.
¿Cómo esencializar la Semana Santa? Juan, como parte de su trabajo de documentación de la preparación de la Expo y las transformaciones que provocó en la Sevilla de finales de los años 80 y principios de los 90, me invitó a ver, aconsejado por Pablo Juliá, el material que tenía de la Semana Santa. No servía. Me encargó entonces un guion que permitiera crear la impresión sensorial de una Semana Santa esencializada. Y lo hice. No habría locución. No se usarían fuentes artificiales de luz. Silencios, sonidos, saetas y cornetas y tambores serían la realidad, lo que se ve. Las marchas, orquestadas sinfónicamente, serían la ensoñación, lo que se siente. Como el guion señalaba en muchos casos el lugar exacto del tiro de cámara y planteaba problemas de luz y ubicación, recorrimos con José Luis Alcaine las localizaciones. Se sumaron Gutiérrez Aragón como director, Pepe Salcedo como montador y Antón García Abril como orquestador y director de The London Philharmonic. Así nació Semana Santa. Nosotros fuimos los mimbres. El cestero fue Juan Lebrón.
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