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Mar

27

Mar

2012

LA MILLA OKUPADA PDF Imprimir E-mail

Okupas y chabolistas comparten con pisos de lujo y edificios oficiales avenidas principales de Nervión

Día 27/03/2012

Justo detrás de la llamada «milla de oro» de Nervión que transcurre desde la avenida de la Buhaira hasta el Porvenir y junto al principal nudo intermodal de la ciudad se ha consolidado un núcleo okupa en un edificio de titularidad municipal y levantando chabolas a su alrededor. En condiciones insalubres residen al menos cuatro parejas e incluso un menor y aunque procuran no molestar a los residentes del barrio de San Bernardo, ni a los de los carísimos pisos de la Enramadilla que tienen enfrente, en el Ayuntamiento reconocen que han recibido varias denuncias de vecinos. A pocos metros de las chabolas, en el corazón del arrabal de San Bernardo el movimiento okupa utiliza un edificio de Aníbal González como centro de actividades, sin que el Ayuntamiento haya hecho nada en lustros por recuperar tan valiosa finca para la ciudad.

 

Los okupas hicieron suyo también durante años el edificio que albergó el mercado de abastos de la Puerta de la Carne, una de las primeras obras de arquitectura racionalista de Sevilla. En verano del año pasado ese edificio se desalojó por última vez después de que en los doce años que lleva abandonado haya sido ocupado periódicamente por indigentes.

Los proyectos municipales para el edificio de la Puerta de la Carne se han sucedido con los distintos gobiernos municipales, pero ninguno ha salido adelante y mientras que la delegada de Cultura, María del Mar Sánchez Estrella, anunció el año pasado la rehabilitación del edificio y su adecuación para convertirlo en un centro de arte y nuevas tecnologías, lo cierto es que el Ayuntamiento aún no ha conseguido resolver el contrato que tuvo con Sando para la restauración de esta finca y de la antigua Estación de Cádiz, cuya planta superior se encuentra en estado de semiabandono. La despreocupación de los Gobiernos locales por los citados edificios municipales, pese a su valía arquitectónica o a estar situados en enclaves estratégicos del desarrollo urbanístico de la ciudad, donde el metro cuadrado sigue alcanzando cifras astronómicas pese a la crisis, ha sido aprovechado por okupas e indigentes para asentarse discretamente.

Los okupas que residen en San Bernardo aseguran que llevan ya más de cuatro años viviendo en un pabellón que Renfe cedió al Ayuntamiento en 2005 colindante con un colegio. Se trata de una nave de grandes dimensiones y dos plantas, aunque la mayoría de las parejas viven en la de abajo, que era utilizada para labores relacionadas con el mantenimiento de los trenes cuando las vías no estaban soterradas como ahora.

Francisco y Carmen forman una de las parejas que viven allí gracias a que disponen de luz «enganchada» de la red, aunque para coger agua van a las fuentes del vecino parque de la Buhaira y junto a la chabola tienen un pequeño huerto en el que siembran patatas y tomates. Ellos explican que están «de pleitos» con el Ayuntamiento y aseguran que están empadronados en «calle Campamento s/n, Chabolas de San Bernardo», reclamando que se les deje vivir en este edificio. El Gobierno local explica que tras varios registros en la zona, en febrero la Policía Local envió expediente de la situación a la Delegación de Urbanismo que es la encargada de abrir el procedimiento de desalojo, una vez que disponga de la orden judicial pertinente.

Aunque el Ayuntamiento realiza periódicamente levantamiento de asentamientos chabolistas, en el caso de San Bernardo ha dicho que esperará a que se pueda acometer el deshaucio del edificio para aunar la intervención en el entorno de las naves de Renfe. El solar anexo ha sido recientemente vallado, pues antes se utilizaba como aparcamiento en superficie y en él se ganaba algún dinero Francisco trabajando de aparcacoches, pero ahora se ha quedado sin ese «trabajo». Delante de la nave okupada y frente a los exclusivos pisos de la Enramadilla se levanta junto a un parque infantil una chabola, curiosa por lo aseada y preparada que parece desde fuera, pues con su antena, su valla y sus macetitas recuerda a un pequeño chalecito. Asegura el Ayuntamiento que tiene los días contados.

 
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