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Ago

2012

LOS DOS ERRORES DE SANTA CLARA PDF Imprimir E-mail

Los dos errores de Santa Clara

 

Carlos Colón | Diario de Sevilla. Actualizado 20.08.2012 - 01:00
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LO de Santa Clara fue un error desde el principio. Un error del Arzobispado que, en vez de construir el nuevo seminario en la Palmera, debió habérselo llevado al convento. Se habría ahorrado dinero y rehabilitado uno de los conjuntos históricos más antiguos e importantes de Sevilla; y, lo que es mucho más importante, se habría mantenido su uso religioso como el gran centro formativo e investigador de la Iglesia de Sevilla abierto a seminaristas, sacerdotes, laicos y asociaciones religiosas. La comunidad de religiosas, por reducida que fuera, habría podido seguir residiendo en él. Y su bellísima iglesia estaría abierta al culto (cuando negoció la cesión del conjunto el Arzobispado, que retuvo su posesión junto a una parte considerable del convento, pensaba abrirla al culto: ha pasado una década y sigue cerrada). Mantener en su uso un tan importante y hermoso conjunto fundado por Fernando III en 1289 valía la pena.

Desgraciadamente la Iglesia, que tanto ha aportado a la historia del arte durante tantos siglos, pareció renunciar desde el siglo XIX, y sobre todo a partir de la segunda mitad del XX, tanto a gran parte de su legado musical y artístico como a su carácter de espléndido mecenas que en cada época utilizó para la propaganda fide los lenguajes artísticos más excelsos y avanzados. Obsérvese la vulgaridad de la actual música litúrgica o el mal gusto sansulpiciano (expresión que alude a la pobreza artística de las imágenes religiosas que se vendían en las tiendas que rodeaban la parisina iglesia de Saint Sulpice) -en España definido por la imaginería seriada de Olot- que afecta al arte religioso desde el XIX. Conforme los artistas abandonaban los temas religiosos, escribió el historiador Elie Faure, las multitudes se rendían a las imágenes sansulpicianas.

El otro error fue el del Ayuntamiento de Monteseirín al negociar en 2001 unas condiciones de cesión que ahora, como ayer informaba la compañera Ana S. Ameneiro, están pasando factura al Ayuntamiento de Zoido. Lo de las herencias no es excusa, sino realidad. Según el informe de Urbanismo la situación del convento es la siguiente: una parte es propiedad del Ayuntamiento; otra es propiedad del Arzobispado, pero tiene su uso cedido al Ayuntamiento; la iglesia, propiedad del Arzobispado, y el compás esperan ser restauradas por un coste mínimo de cinco millones; el Ayuntamiento debe negociar con el Arzobispado el traspaso de la titularidad de las zonas rehabilitadas con fondos municipales. Bravo. Ahora, con tantas necesidades urgentes y tan pocos medios para afrontarlas, los dos errores, el eclesiástico y el municipal, pasan factura.
 
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