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Jue

26

Nov

2015

José Claro: Pepete III PDF Imprimir E-mail

 

José Claro: Pepete III

Una sencilla tumba con la cruz que la preside partida y abandono y suciedad reinando sobre toda ella, nos recuerda una gran tragedia: la muerte del torero Pepete en la Plaza de Toros de Murcia. Algo de su personalidad está en la frase que completa la inscripción "fue modelo de hijo y hermano cariñoso".

José Gallego Mateo, que era su nombre, cambió este por el de José Claro, haciendo honor al mote tanto de su abuelo como de su padre: "Los Claros".

Era vecino de la Puerta de la Carne. Había nacido el 19 de marzo de 1883 y de ahí su nombre. Aunque hizo su aprendizaje de herrero, se inició en el arte de torear en el matadero cercano, como muchos niños y jóvenes de la zona, con las reses que pronto serían sacrificadas. Luego, fue a tientas en las ganaderías y a las capeas de las ferias de los pueblos.

Por fin, en 1904, era invitado a torear en la Plaza de Sevilla en un calurosísimo mes de julio, que no lo sería tanto ya que de las tres corridas que toreó, una la hizo el día 24. Su actuación fue recibida por los sevillanos con enorme interés. Tenía, decían, más valor que el Espartero. En las paredes se escribía “El rey de los toreros es Pepete”, “Ni un torero tiene más….. que Pepete” y hasta coplas hablaban de su valor, afirmando que Pepete al viajar ocupaba dos vagones siendo uno para la generalidad de su cuerpo y otro especial para los distintivos de su masculinidad.

Tras actuar en Madrid, toma la alternativa en Sevilla en 1905. Al día siguiente, vuelve a torear y tuvo tal éxito que la multitud lo cargó en hombros y así lo llevo desde la Plaza de Toros hasta su domicilio en la Puerta de la Carne.

Pero aquel extraordinario valor produjo, como pasa siempre en el mundo de los toros, una división de opiniones; decían unos que Pepete estaba cuajado, que era el torero que toreaba más cerca y más parado y el que mejor entraba a matar y daba estocadas más hondas y completas. Argumentaban los adversarios, que Pepete era un torero valiente, ignorantísimo y torpón y la mayor demostración eran las numerosas cogidas, algunas de extrema gravedad, en distintos momentos de las faenas.

Así llegamos al 7 de septiembre de 1910, en ese día Bombita y Machaquito debían lidiar toros de Parladé. Bombita cae enfermo y pide a Pepete que lo sustituya, por motivos de dinero Pepete se había negado a torear esa corrida, pero acepta la petición del compañero. Alguien hablaría de sino, de fatalidad.

Antes de comenzar la corrida, el diestro ha mandado un telegrama a su familia, en él podía leerse: “Sin novedad”

El primer toro, por nombre “Estudiante”, era negro. Al acudir al caballo sale rebotado. Pepete va a recogerlo para que vuelva a entrar, pero con tan mala suerte que tropieza con el toro que le clava un asta en la ingle. Pepete cayó. Mientras lo llevan a la enfermería grita “me muero, madre mía” y dice a su mozo de espadas “no me dejes Manuel que me muera, que lástima, no duro ni dos minutos. Te quedas sin matador. Toma estos besos para mi mare y mis hermanas”. La última frase que se le escuchó fue “¡Ay mare mía! ¿Qué vas a hacer ahora con esas doce bocas?”

Su cadáver amortajado fue colocado en el centro de la enfermería, entre cuatro cirios y sobre un paño negro.

Como en un drama literario, mientras Pepete agonizaba y moría, Machaquito conseguía un enorme éxito con los seis toros. El público aplaudía a rabiar.

Enterada la plaza de la muerte, hasta las dos de la madrugada el gentío desfilaba ante el cadáver. A Machaquito tuvieron que arrancarlo a viva fuerza de junto al compañero, pues tenía que torear al día siguiente.

Hubo polémica, el mozo de espadas de Pepete acusa de la muerte a los médicos “¡Que infamia! Murió sin curarle y se desangró. Los médicos, enseguida que le vieron, se marcharon a continuar viendo la corrida y me quedé solo en la enfermería”. Parece que el comentario fue más producto del dolor, que de la realidad.

Al día siguiente, tras ser embalsamado, fue trasladado en un furgón de tren a Sevilla, aquí le esperaba, dos días más tarde toda la ciudad y sobre todo su madre y sus hermanos. El cadáver fue llevado hasta el Cementerio de San Fernando a hombros de los muchos pobres que Pepete ayudaba de todo el entorno de San Bernardo y la Puerta de la Carne y tras ellos, como describe el cronista, el pueblo sevillano vestido de luto. Ni en los entierros de Espartero, Reverte o Montes se había visto tanta concurrencia.

Muchos años más tarde, en 1927, Juan Manuel Rodríguez Ojeda reformó un traje del torero para saya de la Virgen del Refugio de San Bernardo, Hermandad a la que había pertenecido José Claro “Pepete”, como antes Costillares o Curro Cúchares.

Una historia dramática que nos habla de los jóvenes sevillanos que habitaban los insalubres corrales de vecinos de la zona y que no veían otra luz para su vida, que la del toreo. El dinero, la fama, pero también la ayuda a los vecinos, sacar a los padres y hermanos de la miseria, eran sus objetivos. “Más cornás da el hambre” ¿Qué diferencia había entre morir en Cuba, Filipinas o Marruecos o morir en una plaza de toros en los cuernos de una bestia? La muerte la misma, la fortuna absolutamente distinta.

Pepete arriesgaba la vida hasta la temeridad, porque la vida de los pobres valía muy poco en esa Sevilla que necesitaba regenerarse, pero que todavía no había encontrado la clase dirigente que supiera hacerlo.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

UNA BELLA HISTORIA DE DON PEDRO DELGADO, CREADOR DE LA TRADICIÓN DE DON JUAN TENORIO. PDF Imprimir E-mail

HOY TRAEMOS UNA BELLA HISTORIA DE DON PEDRO DELGADO, CREADOR DE LA TRADICIÓN DE DON JUAN TENORIO.

La madrugada del 2 de noviembre de 1903, alguien llegó al Teatro del Duque, hoy Comisiones Obreras, antes Iglesia de San Miguel destruida por los "progres" de la Gloriosa, traía una mala noticia, el gran actor Pedro Delgado había muerto en el Hospital de las Cinco Llagas. La representación fue suspendida, actores y público se dirigieron al Hospital, velaron el cadáver toda la noche y con una suscripción pública, apoyada por los periódicos de la mañana, lograron evitar que el cadáver fuera a la fosa común y ponerle en su recuerdo la cruz de la fotografía.
"Vivió días de gloria y tiempos de adversidad", dice su epitafio. 
Nació en Linares y pronto destacó como un extraordinario actor. En la década de los 40 del S.XIX compra un teatro en Madrid y en él va a reestrenar el Don Juan Tenorio de Zorrilla que, tras el éxito inicial, cayó en el olvido. Fue tal el éxito, que de todas las ciudades de España reclamaban a Don Pedro para la representación de Don Juan; otras compañías con menor o mayor éxito siguieron la estela. Don Pedro con la actriz Lamadrid llena esta época del teatro.
Aquí en Sevilla inauguraron el Teatro, hoy cine, Cervantes con una obra de José de Velilla (sí, el del adobo) y Luis Montoto, sus amigos. 
Luego vinieron días de adversidad, el vino fue la causa. Terminó trabajando en circos de mala muerte para burla del público y un día lo encontró Luis Montoto, cerca de la muralla de la Macarena, tendido en el suelo. Don Luis un buen escritor y extraordinaria persona, de su propio peculio lo ingresó en el Hospital de las Cinco Llagas. 
Poco tiempo más tarde moriría ¿casualmente? el mismo día de sus éxitos con Don Juan Tenorio, la noche de los difuntos. El pueblo, la gente sencilla de la calle que algún ilustrado "progre" tildó de populacho dió vida tras la muerte a este romántico personaje.

 

 

Jue

26

Nov

2015

Una lápida en el Cementerio de San Fernando: García Ramos PDF Imprimir E-mail

Una lápida en el Cementerio de San Fernando: García Ramos

El día 2 de abril de 1912 moría el pintor José García y Ramos, interprete fidelísimo de nuestras costumbres populares según reza en la lápida que le dedicó la Real Academia de Bellas Artes y que está situada encima de la ventana de su casa que se asoma a la calle Fernán Caballero.
Tras esa ventana y por encima de la tapia, está el magnolio que otra artista, la escritora Fernán Caballero, plantó en el pequeño jardín que sirvió de marco a las reuniones de la escritora anciana con sus pobres, de los que recogió coplas y cuentos populares que trasladó a sus escritos.
José García Ramos quiso habitar la casa donde la escritora murió poniendo una bellísima lápida en su recuerdo y convirtiendo en luz y color lo que ella había escrito.
El alma popular que Fernán Caballero había desentrañado cobró forma en la pintura de Garcia Ramos.
A su muerte los artistas sevillanos, encabezados por los hermanos Álvarez Quintero, levantaron una preciosa glorieta en los Jardines de Murillo, los últimos años arreglada y nuevamente atacada por los "bárbaros". 
Hoy los restos de José García Ramos yacen en el cementerio de San Fernando cerca de los de su hijo José García Aguilar. Su epitafio es un memorial de su amor por nuestra ciudad "quién en peregrinos lienzos perpetuó con diestros pinceles la luz y la gracia de su tierra natal. La Sevilla de sus amores"
La cancela que cierra su tumba, aparece oxidada y falta de mucho de los elementos. ¿Así paga Sevilla a los que la amaron? ¿Así cumplen las Instituciones sevillanas con el recuerdo de uno de los suyos?
Los que esto escriben,nos comprometemos a acabar con esta vergüenza.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

"DONDE HABITA EL OLVIDO": JIMÉNEZ ARANDA PDF Imprimir E-mail

"DONDE HABITA EL OLVIDO": JIMÉNEZ ARANDA

Esta sencilla lápida guarda los restos de uno de nuestros más grandes pintores: José Jiménez Aranda. Nació en Sevilla en 1837, en plena minoría de edad de Isabel II, cuando comienza a triunfar el Romanticismo. Seis días más tarde de su nacimiento, Larra se pegaría un tiro, fruto del despecho, del desaliento o de una depresión y un joven poeta, Zorrilla, iniciará el camino poético de la gloria recitando unos versos ante la tumba de Larra. Por aquella misma fecha el gaditano Antonio García Gutiérrez triunfaba con su obra de teatro "El Trovador", luego convertida en una de las más grandes óperas de Verdi.

José Jiménez Aranda se iniciaría en la pintura influido por Murillo, pero un viaje a Madrid le permitirá recibir la luz de Goya y Velázquez y posteriormente en Roma la del catalán Fortuny.

Entre Roma y París, coincide con otros dos grandes pintores sevillanos José García Ramos (al que mencionábamos ayer) y Villegas y recibe la influencia del Impresionismo francés que en Jiménez Aranda como en Sorolla se convierte en Iluminismo.

Cuando mayor éxito está alcanzando, mueren su mujer y su hija. Don José regresa a su ciudad natal colaborando con revistas como Blanco y Negro en Madrid en su faceta de dibujante e ilustrador.

La intelectualidad española de fines del S. XIX descubre el Quijote y en él, el alma de España y lo español, Jiménez Aranda dedicará 689 dibujos para ilustrar la obra, mientas el sabio Rodríguez Marín llena nuestras plazas y calles de lápidas que recuerdan a las verdaderas dos Españas: la idealista y la realista.

Hoy, José Jiménez Aranda descansa en una tumba al lado de un amigo del que mañana hablaremos y como decía Cernuda, desgraciadamente, "donde habita el olvido"

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

LOS OLVIDOS DE SEVILLA: JOSÉ DE VELILLA PDF Imprimir E-mail

LOS OLVIDOS DE SEVILLA: JOSÉ DE VELILLA

Junto a la tumba del pintor Jiménez Aranda, una sepultura sin nombre encierra los restos de un poeta que, además de amar a Sevilla profundamente, fue un miembro destacado de la Real Academia de Buenas Letras, del Ateneo de Sevilla y de la Real Sociedad Económica de Amigos del País.

Algunas Instituciones en decadencia es lógico que lo hayan olvidado, pero el Ateneo y sobre todo la Real Academia no deberían mostrar tal ingratitud con un miembro prominente de los suyos. Hace años, iniciamos una campaña para que los restos olvidados del poeta pasaran a la cripta del Panteón de Sevillanos Ilustres, pero no conseguimos recabar los apoyos necesarios. Volveremos a la carga.

José de Velilla, que es el poeta que descansa en la tumba sin nombre, forma parte de una generación extraordinaria de escritores, pintores y músicos que llenan todo el periodo de la Restauración. A sus tertulias asistieron escritores como Luis Montoto, Cano y Cueto, Concepción Estebarena, Adelardo López de Ayala o su hermana Mercedes.

Esta última, que muere en Camas, con el sólo apoyo de otra hermana, y que será objeto de otras de nuestras crónicas, le escribe a la muerte de su hermano el poema que figura al final de estas líneas.

Con una obra suya y de Luis Montoto y teniendo como actor a Pedro Delgado, se inauguró en 1873 el Teatro Cervantes. La revista Blanco y Negro publicó numerosos de sus poemas y cuentos. Sus amigos lo tuvieron, además de cómo un gran escritor, como hombre bueno y desgraciado que no supo superar la muerte de su madre.

Todos los amantes de la Cultura tenemos una deuda con él y un compromiso: dar sepultura digna a sus restos

A LA MEMORIA DE MI HERMANO

Como la amante yedra al mundo asida,
como dos aves juntas en su vuelo,
como lago tranquilo copia el cielo,
mi vida fue reflejo de tu vida.
¿Y has podido partir, alma querida,
dejando sola en infecundo suelo,
la pobre yedra, que en su amargo duelo,
no será por tus brazos sostenida?
¡Ya el muro de mi hogar se ha derrumbado;
ya consiguió la muerte su victoria:
pero es más grande lo que tú has logrado:
que de la muerte triunfa tu memoria,
y es algo de tu ser, que me has dejado,
el destello bendito de tu gloria!
Y este, donde recuerda con gran tristeza, a su amiga

(Mercedes De Velilla)

 

 

 

 
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