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Jue

26

Nov

2015

Entre Cuba y Sevilla: Gertrudis Gómez de Avellaneda PDF Imprimir E-mail

Entre Cuba y Sevilla: Gertrudis Gómez de Avellaneda

Como en la habanera de Carlos Cano, aunque cambiando Cádiz por Sevilla, la vida de Gertrudis Gómez de Avellaneda se desarrolla entre Cuba y Sevilla en pleno Romanticismo que inunda no sólo sus escritos sino también su vida.

Una vida que corre pareja a la de su amiga y extraordinaria escritora, Fernán Caballero. Dos amores marcaran su juventud y primera madurez, serán los de Ignacio Cepeda, apellido de recuerdos imagineros, y el de otro poeta sevillano, Gabriel García Tassara, del cual quedará embarazada siendo soltera.

A los siete meses de edad moriría esa niña sin que el padre quiera verla ni siquiera para despedirse de ella. Esta circunstancia hace nacer en Gertrudis un primer feminismo junto a una depresión que le lleva a sentirse envejecida con sólo treinta años de edad. A partir de ahí su vida viene marcada por dos casamientos, el último con un militar Domingo Verdugo, que tendrá que batirse por ella completando así el extraordinario romanticismo de la vida de nuestra biografiada.

Nos queda su extraordinaria novela Sab, la primera novela antiesclavista de la historia o magníficos poemas como los que dedicó a la muerte de su primer esposo, "A él", además de su sepultura en nuestro cementerio junto a su marido y hermano.

En algún momento se ha hablado de trasladar sus restos. Tula, el seudónimo que utilizó en sus últimos escritos, debe descansar en tierra española y los poetas sevillanos rendirle cada 1 de febrero un homenaje a su memoria.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

MEMORIA DE UNOS VALIENTES: PRIM Y LA GUERRA DE ÁFRICA PDF Imprimir E-mail

MEMORIA DE UNOS VALIENTES: PRIM Y LA GUERRA DE ÁFRICA

Corría el año de 1859, cuando el General O'Donell declara la Guerra a Marruecos. Los españoles, a pesar de que a la Guerra sólo irían los que no tenían medios para pagar su sustitución en la milicia, celebraron con enorme alegría esta declaración de guerra. En medio de tantas luchas civiles, tanto Rey felón y tanta “niña” ligera de cascos, España tomaba ínfulas tras un nuevo periodo de depresión. Resurgía el recuerdo de laGuerra de la Independencia y la primera derrota de las tropas napoleónicas. 
Una de las fuerzas que embarcan para Marruecos son los voluntarios catalanes.
El uno de enero de 1860 en Castillejos, pueblo cercano a Ceuta, el General Prim, progresista y masón, arenga a sus voluntarios catalanes con las siguientes palabras: "Soldados, vosotros podéis dejar esas mochilas porque son vuestras, pero esta Bandera es de la Patria. Yo voy a meterme con ella en las filas enemigas. ¿Permitiréis que vuestra Enseña caiga en manos del enemigo? ¿Dejaréis morir solo a vuestro general? Soldados, ¡viva la Reina!, ¡viva España!".

Cubriéndose con la Bandera, Prim se lanzó con fiereza en medio de las tropas marroquíes. Los jóvenes soldados al ver a su jefe en peligro, gritando como fieras, lo siguieron. El triunfo fue arrollador. El gran escritor granadino, presente en la batalla, Pedro Antonio de Alarcón, mandaría rápidamente la crónica a España, luego recogida en su obra Diario de un Testigo de la Guerra de África.

España entera se conmovió con la heroicidad de Prim y sus jóvenes reclutas.

Se abría la puerta a la toma de Tetuán. Las niñas, en sus juegos, recogerían estas coplas:

Del día seis de febrero 
Nos tenemos que acordar
Que entraron los españoles
En la Plaza de Tetuán.

La plaza de Tánger
La van a tomar
También han tomado
La de Tetuán.

En la Plaza de Tetuán
Hay un caballo de caña,
Cuando el caballo relinche
Entrará el moro en España.

La Plaza de Tánger…

Centinela, centinela,
Centinela del Serrallo
Alerta, alerta, que vienen
Los moritos de a caballo.

La Plaza de Tánger…

La llegada de los heridos a Sevilla, produjo, además de grandes manifestaciones, el apoyo popular con vendas, mantas, comida… El pueblo se volcó en aquellos pobres soldados. Algunos de ellos morirían en la ciudad.
El Alcalde García de Vinuesa quiso dedicar un monumento a estos héroes y encabezó una suscripción popular,. El mármol que, además de los nombres, contiene los símbolos de la Victoria y la fuerza, fue realizado por José Frapolli. Todos los años una corona de laurel recuerda a los héroes de Castillejo.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

SANGRE Y ARENA: EL ESPARTERO PDF Imprimir E-mail

SANGRE Y ARENA: EL ESPARTERO

Con este título, el republicano y extraordinario escritor Vicente Blasco Ibáñez, toma como protagonista al héroe de nuestro relato del día: Manuel García Cuesta, “El Espartero”.
Nacido en Sevilla, toma su seudónimo de la profesión de su padre que tenía una espartería en la Plaza de la Alfalfa.
Niño aun, en los ratos que le deja libre la tienda, se introduce en el mundo del toreo, lo que le lleva hasta la cárcel al ser pillado en “corridas” nocturnas por las fincas cercanas a Sevilla. Será una leyenda de la ganadería, Antonio Miura, el que lo sacará de prisión. Actúa como banderillero y a los dieciséis años torea por primera vez en la Plaza de Toros de Guillena.
Por fin, tras cuatro años de novilladas, en 1885, en Sevilla, toma la alternativa que revalidaría en Zalamea la Real con toros de Miura que, como veremos, marcan su vida. El primer año es terrible para “El Espartero”, pisa en varias ocasiones las enfermerías de las plazas, atribuyéndosele la frase “Más Cornadas da el hambre”.
Su valor, la quietud de los pies y la proximidad con que pasaba el toro lo convierten en una figura, compartiendo cartel con Guerrita, Lagartijo o Mazzantini. 
La fama no cambia la personalidad generosa de “El Espartero”, de la que disfrutaban muchos pobres sevillanos. Pero esa generosidad no es su única característica fuera de las plazas de toros, “El Espartero” es el primer torero que se acerca a los intelectuales, que vislumbra el arte más allá del riesgo, pero su extraordinario valor le llevaría a la muerte.
Corría el año de 1894, era un veintisiete de mayo en la Plaza de Toros de Madrid. Allí le aguardaba “Perdigón” de la ganadería de Miura, era colorao y corto de cuernos. Tras una buena faena “El Espartero” lo cuadra para matarlo en el tendido 10 y le entra por segunda vez a matar a volapié. El toro empitona a “El Espartero” por el vientre tras recibir una estocada hasta la bola. Toro y torero quedaran tendidos en el albero, a las cinco y cinco minutos de la tarde “El Espartero” fallecía. 
Tanto en Madrid como en Sevilla el traslado y el entierro movilizaron a miles de personas. “El Espartero” había inscrito su nombre entre los héroes populares.
Las niñas cantaban en las calles de Sevilla:
“Al hijo del Espartero 
lo quieren meter a fraile
pero su madre le dice
torero como su padre”

Dos mujeres vestidas de negro acompañan, entre la multitud, al cadáver, su esposa y su amante. Así lo describe el poeta Fernando Villalón, su amigo, en estos versos:

“Mocitas las de la Alfalfa
mocitos los pintureros;
negros pañuelos de talle
y una cinta en el sombrero.

Dos viudas, con claveles
negros en el negro pelo.

Negra falda y corbatín 
negro, con un lazo negro
sobre el oro de la manga
La chupa de los toreros.

Ocho caballos llevaba 
el coche del Espartero.”

Su sepultura, una corona de laurel, la que lucían en la frente los héroes griegos y una columna partida cubierta por un velo, la muerte del arte. Y un grito, el de su madre, ¡Hijo del alma!

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

EL CONDE DEL ÁGUILA: Una mentira novelesca se convierte en bandera de la progresía. PDF Imprimir E-mail

EL CONDE DEL ÁGUILA: Una mentira novelesca se convierte en bandera de la progresía.

A mediados del S.XIX, el arquitecto guipuzcuano Joaquín Fernández Ayarragaray, el mismo que construye la Casa de las Sirenas para el Marqués de Esquivel y el palacio de los Duques de Montpensier en Sanlúcar de Barrameda, levanta el Panteón del Conde del Águila en el Cementerio San Fernando de Sevilla. A este son trasladados desde la Iglesia de la Magdalena los restos del III Conde del Águila, Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, que fue muerto el 27 de mayo de 1808.
La muerte del III Conde del Águila está rodeada de mitos, confeccionados algunos con un fin político, coincidiendo en ello los invasores franceses, los afrancesados de entonces y los “progres” de hoy.
Según esa visión, la Sevilla inquisitorial, la que se refleja también en la represión franquista, la Sevilla del pueblo que grita “vivan las caenas y abajo el pensamiento” asesinó a un hombre ilustrado “que dió su vida por la libertad frente al oscurantismo dominante” y que detiene acusándolo de afrancesado y lo mata a golpes en “aras de un patriotismo de pandereta”.
Como se ve, al “progre” solo le interesa el pueblo para que le vote, en caso contrario lo convierte en populacho despreciable, igual que cambia la historia y la decora a su gusto. Sería conveniente que en las escuelas españolas se leyera la carta que Jovellanos, hombre, el más ilustrado de los ilustrados, escribe a su amigo Cabarrús negándose a ocupar puesto alguno en la corte del rey José I y defendiendo que la Patria esta en el pueblo.
Don Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, III Conde del Águila y VIII Marqués de Paradas, no murió a manos del “populacho”, ni por afrancesado; murió a manos de soldados y por traidor a su cargo y su país.

 

Procurador Mayor de Sevilla y Director de la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País, tan vinculada a la masonería, recibe noticia del levantamiento del Dos de Mayo en Madrid y del fusilamiento de los patriotas, además de la proclama del Alcalde de Móstoles llamando a la guerra contra los franceses. A pesar de ello y de la formación de una Junta en Extremadura, el 14 de mayo, el Conde del Águila, acepta acatar las órdenes de Madrid y reconoce por escrito a Murat como lugarteniente del Rey José I.
Instigado el pueblo y los militares, como el cuerpo de artillería, por un personaje conocido con el seudónimo del “Incognito”, de nombre Nicolás Tap o Tapia Núñez, y cansado de ver como no reaccionan las autoridades sevillanas ante la invasión francesa, se dirigen al Hospital de la Sangre, hoy Parlamento de Andalucía, donde está el Conde del Águila con algunas tropas que le apoyan. Capturado, es conducido al Ayuntamiento y de allí vivo es llevado hasta la Puerta de Triana donde estaba la cárcel de los Nobles, allí, sin juicio alguno será muerto por los disparos de los soldados que lo han conducido hasta prisión. Lo cuenta el Historiador Francisco Aguilar Piñal recogiendo diversas fuentes presentes en aquellos instantes. 
A partir de ahí, se ha montado una burda historia del hombre bueno, el populacho sanguinario y las “caenas”. Falsedad tan burda como la de un Conde del Águila cuyo fantasma pasó de la Magdalena al Cementerio y aun sigue como alma en pena asustando a incautos.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

UN PANTEÓN SIN PROPIETARIO PDF Imprimir E-mail

UN PANTEÓN SIN PROPIETARIO

En 1913, llegaba al taller de un todavía joven arquitecto, José Espiau y Muñoz, un señor que se dio a conocer como el Conde de Pradere, venía a encargarle un mausoleo en la zona más noble del Cementerio de San Fernando, para el descanso eterno de su familia y de él.

Dos años más tarde el Panteón está finalizado. Espiau que forma con Anibal González y Juan Talavera el grupo más importante de arquitectos del Regionalismo ha hecho un mausoleo que, según el arquitecto Javier Rodriguez Barberán, es la mejor pieza del Cementerio de estética modernista, siguiendo la corriente creada por un grupo de artista vieneses.

Espiau será el autor de edificios tan notables como el de la adriática en la Avenida de la Constitución, el Hotel Alfonso XIII o los derribados edificios de la calle Santander donde se levanta hoy el botellero de González Cordón.

El autor del encargo, Conde de Pradere, de nombre José Daniel de Carballo y de Prat había nacido en 1885, hijo de Luisa de Prat, Condesa de Pradere y de Daniel de Carballo y Codesilo, miembro de la alta burguesía española, que había participado en la creación del ferrocarril Huelva-Zafra. Una de las tres grandes fuentes de riqueza (la minera, la aceituna y el ferrocarril) en la segunda mitad del S.XIX.

Pocos datos nos quedan del Conde de Pradere, su carrera diplomática, en 1926 lo encontramos en La Haya, la existencia de una hermana Luisa, a la que se siente muy vinculado y su muerte el 21 de abril de 1933, en Madrid, recogida en una necrológica donde se habla de la asistencia de su inmediato pariente Sr. Sánchez Gómez y de Antonio Cabeza de Vaca, Marqués de Portago.

Una vez celebrado el funeral, el féretro fue colocado en la estación , que se incorporó al expreso de Sevilla. En el Cementerio de San Fernando, en el Panteón de la familia, recibió sepultura.

Gracias al Museo del Prado, que con suma diligencia nos pasó los datos, sabemos que en 1934 fruto del testamento de José Daniel, el Conde Jiménez de Molina cedía al Prado una serie de cuadros que estaban en la casa del Conde de Pradere en París, entre ellos un cuadro de Goya, unas copias de Velázquez o el de su madre niña, pintado por Vicente López Portaña.

Hoy, el Ayuntamiento, al no aparecer ningún familiar del Conde y haberse extinguido el título con él, quiere derribar el Panteón por irrecuperable.

¿Quiénes están enterrados junto al Conde de Pradere? En el Cementerio no nos aportan ningún dato. Sus padres y hermana habían vivido y están enterrados en Madird. ¿Qué vincula a este diplomático con nuestra ciudad? ¿Qué historia esconde este enterramiento? ¿Quizás una dama, una historia de amor en París? 
Mañana intentaremos desvelarlo

 

 

 
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